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¿Sabías que en el medio del Sahara hay algo muy particular escondido entre cañones y relieves rocosos?

Aunque es el desierto más grande e inhóspito del planeta, alberga ecosistemas ocultos y oasis llenos de vida gracias a antiguos sistemas de agua subterránea.

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  • Cuando se piensa en el desierto del Sahara, lo habitual es imaginar una inmensa extensión de arena y roca. Sin embargo, esta región alberga ecosistemas sorprendentes que desafían las condiciones más extremas del planeta. En medio de los cañones y depresiones rocosas, se esconden bosques y oasis naturales que funcionan como auténticos refugios de vida.

    Estos lugares se mantienen gracias a sistemas hídricos subterráneos y a microclimas únicos que regulan la temperatura y la humedad del suelo. Las poblaciones nómadas del desierto conocen y cuidan estos espacios desde hace siglos, manteniendo un equilibrio entre la vida humana y el ambiente natural.

    Lejos de ser simples acumulaciones de vegetación, los oasis del Sahara son estructuras ecológicas complejas donde conviven flora y fauna adaptadas. Palmerales, huertos frutales y pequeñas comunidades se extienden a lo largo de antiguos cauces de ríos prehistóricos, hoy transformados en corredores verdes que se abren paso entre el paisaje árido.

    Cómo crecen estos bosques en el Sahara

    Hace unos 10.000 años, durante el período húmedo postglacial, el Sahara albergaba ríos, lagos y bosques frondosos, como lo demuestran las pinturas rupestres de Tassili n’Ajjer, en Argelia. Con la desecación progresiva del clima, gran parte del agua superficial se evaporó, pero una porción permaneció bajo tierra, formando vastos acuíferos fósiles que hoy alimentan los oasis.

    Los cañones del desierto, tallados por antiguos ríos conocidos como uadis, actúan como corredores naturales donde se concentran humedad y vida. Algunos, como los uadis Dades, Draa y Ziz en Marruecos, conservan flujos subterráneos de agua que sostienen palmerales y pequeñas aldeas a lo largo de su recorrido.

    En estos lugares, las comunidades locales emplean sistemas tradicionales de irrigación, como los qanats o túneles de drenaje, que canalizan el agua desde los acuíferos hacia los cultivos. Además, la condensación nocturna aporta humedad adicional, crucial para mantener la vegetación en pie.

    Las palmeras datileras, junto con olivos, higueras y albaricoqueros, forman un ecosistema estratificado y resiliente. Gracias a la protección que ofrecen los cañones y al equilibrio hídrico subterráneo, estos bosques ocultos del Sahara se mantienen como verdaderos oasis de vida en medio de uno de los entornos más áridos del planeta.

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