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Repetía que por momentos veía borroso y el diagnóstico fue inesperado: qué descubrieron

La historia volvió a poner en foco cómo un síntoma cotidiano puede esconder algo mucho más profundo y que la detección a tiempo puede marcar una diferencia clave.

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  • El relato comenzó con una frase aparentemente simple, repetida varias veces por Tay Kurtul, un nene de 6 años: “veo borroso”. Al principio, pudo haber parecido un problema pasajero, algo vinculado al cansancio o a pasar muchas horas frente a una pantalla. Sin embargo, con el correr de los días, esa queja empezó a encender señales de alerta en su familia, que decidió buscar una respuesta médica para entender qué estaba pasando realmente.

    Lo que siguió fue una serie de consultas, estudios y momentos de incertidumbre, en los que cada resultado abría nuevas preguntas. La visión borrosa, un síntoma que muchas veces se subestima, terminó siendo la puerta de entrada a un cuadro mucho más complejo de lo que cualquiera hubiera imaginado al comienzo.

    Qué tenía el niño que veía borroso y su mamá pensaba que era por cansancio

    Tay Kurtul, un niño de seis años que vivía en Leicestershire, Inglaterra, falleció nueve meses después de que los médicos le detectaran un tumor cerebral maligno. Al comienzo, su mamá creyó que el cansancio de su hijo tenía que ver con las actividades que hacía fuera del horario escolar, pero una consulta médica terminó revelando lo que ella misma describió como “la peor pesadilla para cualquier padre”.

    Las primeras señales aparecieron en mayo de 2023. Laura, su madre, recordó que el 12 de ese mes, cuando volvían de la escuela, Taylan le comentó que a veces veía todo borroso. Al día siguiente lo llevó al oculista, pero no encontraron ningún problema. Sin embargo, con el correr de los días los síntomas empezaron a empeorar: el 22 de mayo, durante un entrenamiento de fútbol, se quejó de un fuerte dolor de cabeza, algo que no era habitual en él. Después comenzaron las náuseas matinales, el dolor de estómago, el cansancio constante y cambios en su estado de ánimo.

    El 30 de mayo, Laura decidió llevarlo al médico de cabecera y le mostró un video para que viera cómo caminaba su hijo. El profesional, al notar la gravedad del cuadro, lo derivó de urgencia al Leicester Royal Infirmary, donde le hicieron una tomografía.

    Esa misma noche, los médicos les dieron a los padres la noticia más dura: habían encontrado una masa en el cerebro del nene. Una resonancia magnética confirmó que se trataba de un meduloblastoma, uno de los tumores cerebrales más agresivos, y que además el cáncer ya se había diseminado al líquido cefalorraquídeo, lo que lo ubicaba en una categoría de alto riesgo.

    El 6 de junio, Taylan fue sometido a una operación de siete horas en la que lograron extirpar casi todo el tumor. Sin embargo, después de la cirugía sufrió el síndrome de fosa posterior, una complicación neurológica que puede aparecer en estos casos. Aunque tuvo un breve período de recuperación en su casa, los síntomas volvieron. En octubre, una nueva resonancia confirmó el peor escenario: el cáncer se había extendido aún más por el cerebro y la columna.

    Ante ese avance, los médicos fueron claros con la familia: ya no había posibilidades de curación y solo podían ofrecer cuidados paliativos, ya que la radioterapia apenas había logrado frenar el crecimiento del tumor. Finalmente, el 9 de febrero de 2024, Taylan murió acompañado por sus padres.

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