Quién fue el primer asesino serial en Argentina y cuál era la particularidad que lo hizo famoso

En una época marcada por el crecimiento urbano y los desafíos sociales, sus crímenes generaron un clima de desconcierto y alarma.

  • Cayetano Santos Godino, “el Petiso Orejudo”, es considerado el primer asesino serial argentino.
  • Sus víctimas eran niños de entre cuatro y seis años, a quienes atraía con caramelos antes de asesinarlos.
  • También tenía conductas piromaníacas y llegó a intentar incendiar varios edificios en Buenos Aires.
  • Murió en 1944 en un hospital psiquiátrico, dejando un legado oscuro en la criminología del país.

La figura del primer asesino serial en la historia argentina sigue despertando interés más de un siglo después, no solo por la gravedad de sus crímenes, sino también por el impacto que tuvo en la sociedad de su tiempo. Su nombre quedó grabado en la memoria colectiva y su caso se convirtió en uno de los más estudiados por la criminología local.

Las autoridades de entonces se enfrentaron a un perfil criminal que rompía con los patrones conocidos. Las investigaciones, en un contexto de recursos limitados y conocimiento incipiente en materia de psicología criminal, revelaron comportamientos que sorprendieron tanto a la policía como a la prensa. Los diarios, que ya tenían un rol central en la vida pública, siguieron cada detalle del caso por el impacto que generaba en la población.

Cuál es la historia de El Petiso Orejudo, el primer asesino en serie de Argentina

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Cayetano Santos Godino, más conocido como el “Petiso Orejudo”, nació en 1896 y se convirtió en el primer asesino serial reconocido en Argentina.

Su nombre quedó marcado en la memoria social no solo por la violencia de sus actos, sino también por la corta edad de sus víctimas: niños de entre cuatro y seis años, a quienes engañaba con caramelos para luego asesinarlos de manera lenta y cruel.

Además de quitar vidas, Godino intentó incendiar numerosos edificios y exhibió conductas piromaníacas que incrementaron el miedo que despertaba. En la Buenos Aires de 1912, las madres escondían a sus hijos, aterradas por su presencia. Se relata que utilizaba un clavo grande como arma, provocando el sufrimiento de sus víctimas con una frialdad comparable a la del marqués de Sade.

Aunque fue arrestado y encerrado, su historia no terminó ahí: Godino falleció en 1944 dentro de un hospital psiquiátrico, dejando una marca perdurable en la historia criminal argentina y recordando que la maldad puede manifestarse incluso en una edad temprana.