Quién era Manuel Delgado Villegas, el asesino en serie más importante de España: tenía un apodo particular
Con un recorrido que atravesó distintas ciudades y épocas, su caso se convirtió en un punto de referencia para entender cómo operaban ciertos criminales en el país.
La historia del asesino en serie que conmocionó a una nación entera
Cadena SER
Fue un asesino en serie español activo principalmente entre finales de los años 60 y la década de 1970.
Su apodo proviene de su trabajo ocasional como vendedor ambulante de arrope y miel.
Confesó más de 40 asesinatos cometidos en España y otros países de Europa. Sus víctimas eran de perfiles variados, a menudo personas en contextos marginales.
Solo una parte de esos crímenes pudo probarse judicialmente; muchos quedaron sin resolución por falta de pruebas. Fue diagnosticado con graves trastornos mentales y declarado inimputable en varios procesos.
Manuel Delgado Villegas ocupa un lugar singular y perturbador dentro de la historia criminal de España. Su nombre está asociado a uno de los expedientes más complejos y extensos que haya enfrentado la Justicia, y su figura sigue despertando interés décadas después por la dimensión de los hechos y por las particularidades de su perfil.
Más allá de los datos duros, la historia de Delgado Villegas también llama la atención por el apodo con el que pasó a la posteridad, un sobrenombre que ayudó a construir su leyenda oscura y que todavía hoy es recordado en libros, documentales y artículos periodísticos. Con el paso del tiempo, su figura se transformó en objeto de análisis para investigadores, criminólogos y periodistas.
Cuál es la historia de "el arropiero", el mayor asesino en serie de la historia española
El Arropiero 2
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El caso de Manuel Delgado Villegas, conocido como “el Arropiero”, es uno de los más oscuros y enigmáticos de la historia criminal de España.
Nacido en 1943, llevó desde joven una vida marcada por la marginalidad, el nomadismo y la violencia. Recorrió durante años distintas regiones de España y también otros países de Europa, sobreviviendo con trabajos ocasionales y pequeños delitos. Su apodo proviene de uno de esos oficios precarios: la venta ambulante de arrope y miel. Detrás de esa apariencia inofensiva, se escondía un hombre que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los asesinos en serie más prolíficos del país.
Entre finales de los años 60 y la década de 1970, Delgado Villegas fue detenido en varias oportunidades por delitos violentos. Durante los interrogatorios comenzó a confesar asesinatos en serie cometidos en distintos puntos de España, Francia e Italia. Llegó a atribuirse más de 40 homicidios, aunque las cifras exactas nunca pudieron establecerse con certeza: oficialmente solo se pudieron probar una decena de casos, mientras que el resto quedó en un limbo judicial por falta de pruebas materiales, testigos o restos identificables.
Sus víctimas eran hombres y mujeres de perfiles muy diversos, muchas veces personas marginales o con vínculos circunstanciales con él, lo que dificultó todavía más la reconstrucción de los hechos.
El impacto mediático fue enorme: la prensa lo presentó como “el mayor asesino en serie de la historia de España”, pero su caso chocó rápidamente con una realidad incómoda para el sistema judicial. Los peritajes psiquiátricos concluyeron que padecía graves trastornos mentales, lo que llevó a que fuera declarado inimputable en varias causas. En lugar de cumplir largas condenas en prisión, pasó buena parte de su vida en hospitales psiquiátricos, entrando y saliendo del sistema sin que la mayoría de los crímenes confesados llegaran a juicio.
Murió en 1998, prácticamente olvidado y sin haber sido condenado por la inmensa mayoría de los asesinatos que decía haber cometido, dejando tras de sí uno de los mayores debates en la historia judicial española sobre los límites entre enfermedad mental, peligrosidad y responsabilidad penal.