Le decían "el arropiero" y fue el asesino en serie más atroz de España: de quien se trata
Con el paso del tiempo, el caso se transformó en un referente del análisis criminológico y sigue siendo objeto de estudio por investigadores y periodistas.
El caso de la persona que sesinaba con “el golpe del legionario”
Cadena SER
Manuel Delgado Villegas fue un asesino en serie español activo entre los años 60 y 70. Confesó más de 40 asesinatos cometidos en España y otros países europeos.
Su apodo “el Arropiero” proviene de su trabajo informal como vendedor ambulante.
Fue diagnosticado con graves trastornos mentales y declarado inimputable en varios casos. Muchos de los crímenes no pudieron probarse por falta de evidencias y registros.
Pasó gran parte de su vida internado en hospitales psiquiátricos y murió en 1998 sin haber sido condenado por la mayoría de los homicidios que confesó.
Durante décadas, una serie de crímenes estremeció a distintas regiones de España y dejó una marca profunda en la crónica policial del país. Las muertes se sucedían sin un patrón claro y el responsable parecía moverse con total impunidad, mientras el miedo se expandía entre la población y las fuerzas de seguridad intentaban reconstruir un rompecabezas complejo.
Detrás del apodo “el arropiero” se escondía una figura que pasaría a ser considerada uno de los asesinos en serie más violentos y prolíficos de la historia española. Su historia expone no solo la brutalidad de sus actos, sino también las falencias institucionales y judiciales de la época, que permitieron que sus crímenes se extendieran durante años.
Cuál es la historia de Manuel Delgado Villegas, el mayor asesino en serie de la historia española
El Arropiero 3
Cadena SER
El caso de Manuel Delgado Villegas, conocido como “el Arropiero”, es uno de los más estremecedores y singulares de la crónica criminal española. Activo principalmente durante las décadas de 1960 y 1970, Delgado Villegas confesó haber cometido más de 40 asesinatos en distintos puntos de España y otros países de Europa.
Su apodo surgió de su oficio ocasional como vendedor ambulante de arrope y miel, una fachada precaria detrás de la cual se escondía una vida marcada por la violencia extrema, la marginalidad y el nomadismo constante.
La investigación sobre sus crímenes estuvo atravesada por graves limitaciones judiciales y psiquiátricas de la época. Aunque el propio Arropiero detalló numerosos homicidios con precisión en interrogatorios, muchos de ellos nunca pudieron ser comprobados por la falta de pruebas materiales o por la imposibilidad de reconstruir hechos ocurridos años atrás. Además, fue diagnosticado con trastornos mentales severos, lo que derivó en que fuera declarado inimputable en varios procesos y derivado a instituciones psiquiátricas en lugar de enfrentar condenas penales convencionales.
El caso generó un fuerte impacto público al revelar cómo uno de los asesinos más prolíficos del país pudo moverse durante años sin ser detenido, aprovechando su condición de indigente y la ausencia de registros unificados entre fuerzas de seguridad.
Manuel Delgado Villegas murió en 1998, sin haber sido juzgado por la mayoría de los crímenes que confesó, dejando tras de sí una estela de víctimas, causas inconclusas y un debate abierto sobre las fallas del sistema penal y sanitario frente a perfiles criminales extremos.