La intrincada historia del sable corvo de José de San Martín: legados, robos y traslados
El Gobierno dispuso la mudanza del arma, comprada por el Libertador en Londres en 1811, desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo, y añadió un nuevo eslabón a una larga cadena de disputas.
El sable corvo de José de San Martín quedó en medio de la batalla cultural.
El sable corvo de José de San Martín, principal legado material del Libertador, vuelve a estar en el centro de la polémica luego de que el presidente Javier Milei dispusiera su traslado del Museo Histórico Nacional (MHN), donde se expuso durante casi 80 años en distintos períodos, al Regimiento de Granaderos a Caballo, su anterior ubicación.
El Decreto 81/2026, publicado este lunes en el Boletín Oficial, asegura que la custodia del arma en la sede del regimiento creado por San Martín en 1812 "constituye una solución coherente con el legado del Libertador, restituye su contexto histórico propio y garantiza condiciones adecuadas de preservación, custodia y jerarquía institucional".
La medida, que se enmarca en una revitalización del poder simbólico militar de parte del Gobierno, fue criticada por historiadores y cuestionada por descendientes de la familia Terrero, que donó el sable al MHN, quienes pidieron a la Justicia Nacional en lo Contencioso Administrativo Federal que se implemente una medida cautelar para evitar el traslado.
El acero sanmartiniano, uno de los elementos más queridos del general en su exilio, cuenta con una larga historia de cambios de manos, al calor de los vaivenes políticos del país. Tras un largo período en el exterior, entre Francia e Inglaterra, volvió al país y, como una especie de talismán, se convirtió en objeto de disputas políticas.
La historia del sable corvo de San Martín: legados, robos y traslados
San Martín compró el arma en Inglaterra, en 1811. Se trata de un sable morisco de hoja alfanjada (es decir, corto, curvo y de un solo filo), que destaca por su austeridad al carecer de ornamentos costosos, típicos de los militares de la época.
"La hoja es de templado acero, curva, alfanjada con lomo redondo, la empuñadura de cruz, con rectos gavilanes de bronce, y las cachas negras de asta de búfalo. Por una perforación practicada al extremo final de la misma, pasa el cordón granate de la dragona, que remata en una pequeña borla plateada", describió en 1950 Eduardo María Suárez Danero en Así llegó a Buenos Aires el sable del Libertador, publicado en la Revista Argentina.
"La vaina, que mide 87 centímetros, es de cuero negro, granulado, con brocal liso y contera adornada de dibujos hechos a cincel, siendo ambas partes de bronce. La boquilla corre sobre el lomo del brocal; y al finalizar la contera, por medio de una espiga, está pendiente una pequeña ruedita de acero. Dos abrazaderas de bronce en relieve, con anillas proporcionalmente superpuestas, complementan la guarnición de la histórica pieza que en total mide 95 centímetros completo", añade.
El arma era de fabricación inglesa. Napoleón, a su regreso de la campaña de Egipto en 1801, había impuesto a sus generales el uso del sable oriental, que comenzó a ser producido por armeros europeos.
san martin
El sable corvo acompañó a San Martín en su campaña libertadora.
El sable acompañaría al Padre de la Patria en su larga empresa libertadora. Hay discrepancias sobre su utilización en el combate de San Lorenzo del 3 de febrero de 1813, única victoria sanmartiniana en suelo argentino. Más allá de ese detalle específico, el arma cruzó los Andes, sufrió en Chile hasta derrotar a los realistas, liberó a Lima y se reunió con Simón Bolívar en Guayaquil. No sabemos cuánta sangre derramó su filo ni cuántos huesos sucumbieron a sus planazos.
Pero en 1824 los caminos del Libertador y su sable se separaron. Don José partió a su ostracismo autoimpuesto en Europa, y su ya legendaria arma se quedó en Mendoza, probablemente en poder de doña Josefa Ruiz Huidobro "a quien confió su equipaje y sus papeles, como se desprende de algunos encargos que dejó por escrito", según recoge Jorge María Ramallo en su Historia del sable de San Martín.
En 1837, su yerno, Mariano Balcarce, se lo llevó a Francia, y estuvo junto al correntino más famoso en sus últimos años. En 1844, seis años antes de su muerte, decidió legarlo a Rosas. "El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla", reza su testamento.
Juan Manuel de Rosas restaurador leyes
José de San Martín legó su sable corvo a Juan Manuel de Rosas en su testamento.
Poco después, el Restaurador recibió el acero, lo que generó críticas de sus enemigos unitarios hacia San Martín. Tras la derrota en Caseros en 1852, el sable volvió a Inglaterra, y acompañó a Rosas en su exilio en Southampton. En su testamento, dispuso: "A mi primer amigo el Señor Don Juan Nepomuceno Terrero, se entregará la espada que me dejó el Excelentísimo Señor Capitán General Don José de San Martín ("y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia") por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria (...) Muerto mi dicho amigo, pasará a su Esposa la Señora Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad".
Máximo Nepomuceno Terrero, hijo de Juan, se casó con Manuelita Rosas, hija de Juan Manuel, en 1852. En 1896, ambos decidieron donar el sable, luego de un pedido de Adolfo Carranza, primer director del MHN, con el deseo manifiesto de que formara parte de la colección de la institución. La llegada del arma se concretó a fines de febrero de 1897, cuando arribó al puerto de La Plata a bordo del vapor Danube.
Pocos meses más tarde, fue trasladada desde el actual jardín Botánico, donde el museo se encontraba desde 1894, a su nuevo emplazamiento en el Parque Lezama. Allí permaneció durante décadas junto al mobiliario del cuarto de Boulogne-sur-Mer, donado por Mercedes Balcarce, nieta de San Martín.
Museo Histórico Nacional MHN
En 1897, el Museo Histórico Nacional se mudó a su actual ubicación en el Parque Lezama.
Soledad Amarilla
En 1963, el país ya era muy distinto al que había dejado el Libertador, pero conservaba profundas divisiones, con el peronismo proscripto y una sucesión de golpes de Estado. El 12 de agosto, un grupo de integrantes de la Juventud Peronista liderado por Osvaldo Agosto sustrajo el sable del museo como acto simbólico de reivindicación militante, con el objetivo de llevárselo a Juan Domingo Perón en su exilio en Madrid y hacer exigencias al Gobierno, como la restitución del cadáver de Eva Perón. Tras algunas negociaciones, fue devuelto poco después.
El segundo robo ocurrió dos años más tarde, en 1965, por otro grupo de la Juventud Peronista. En esta ocasión, la recuperación tardó más de un año, con largas y arduas negociaciones entre militantes y miembros del Ejército. Ambos episodios sirvieron de argumento a los militares para definir su traslado al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, en Palermo, en un templete blindado, ya bajo el mandato del dictador Juan Carlos Onganía en 1967.
Casi cuatro décadas después, en 2015, Cristina Kirchner dispuso por decreto "el traslado del Sable Corvo al Museo Histórico Nacional, para su exhibición permanente, quedando bajo la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, unidad creada por el Libertador, protegiendo y difundiendo la memoria nacional, la identidad y la representación para todos sus habitantes".
Sable corvo José San Martín
El sable corvo de San Martín es custodiado por granaderos en su exhibición en el Museo Histórico Nacional.
En 2025, tras ser removido de su cargo como director del MHN, Gabriel Di Meglio había planteado que, además de "haber molestado" con expresiones públicas sobre "falta de presupuesto", había habido un conflicto sobre la ubicación del sable corvo con la funcionaria que terminó siendo su reemplazo, María Isabel Rodríguez Aguilar, entonces directora nacional de Museos, quien renunció este martes en plena polémica por el arma.
Ahora, de cumplirse la voluntad presidencial, el histórico sable sufrirá un nuevo traslado, como parte de la tan mentada batalla cultural, con la disputa por los símbolos patrios y las distintas maneras de utilizar la historia para el presente político.