A 44 años de la Guerra de Malvinas, las palabras de Vallejos, excombatiente chaqueño que tenía apenas 22 años cuando fue destinado al conflicto, volvieron a poner en primer plano el costado más humano y desgarrador de aquella experiencia. En diálogo con C5N, y desde el acto que se realizó en Tierra del Fuego, reconstruyó no solo su paso por las islas, sino también una historia íntima que aún hoy lo conmueve.
Cabo primero de la Armada, en una época en la que la Prefectura dependía de esa fuerza, Vallejos pidió voluntariamente ser enviado al frente. Estuvo en Puerto Argentino y participó de patrullajes marítimos alrededor de las islas, con la misión de impedir el avance británico. Pero la guerra, dice, pronto dejó de ser lo que muchos imaginaban.
“A partir del primero de mayo todo cambió. Tomamos conciencia de que no era como se decía, que no íbamos a llegar a un acuerdo. Se venía la mano pesada”, recordó. Y agregó, con crudeza: “Matar o ver morir a alguien al lado de uno no es algo que se supere ni con el tiempo”.
En ese contexto, relató uno de los episodios más duros que le tocó atravesar: el ataque a una embarcación en la que trasladaban efectivos y armamento hacia Darwin. “Tuvimos la mala suerte de que en mayo, cuando llevábamos gente del Ejército, fuimos atacados. Ahí se perdió el último guardacostas de los dos que teníamos”, contó.
Sin embargo, entre los recuerdos de combate y la tensión permanente, emergen también las historias personales que la guerra dejó marcadas a fuego. Una de ellas es la de Carlos Trepo, su amigo de la infancia en La Leonesa, Chaco.
“En Malvinas me encontré con varios amigos del pueblo. Éramos cuatro o cinco chaqueños. Uno de ellos me dijo que que Trepo también estaba, que era gendarme”, relató. Pero ese encuentro nunca ocurrió.
Carlos Trepo murió en cercanías del monte Kent, cuando el helicóptero en el que viajaba fue derribado. En ese ataque fallecieron siete gendarmes. “Fue el único con el que no me pude encontrar. De todos los que nos vimos en Malvinas, fue el único que no volvió”, dijo Vallejos, con la voz atravesada por los años y la memoria.
Desde entonces, su figura quedó ligada para siempre a la experiencia de la guerra. “Cuando hablo de Malvinas, siempre lo tengo presente. Fuimos juntos al colegio. Me quedó su recuerdo porque no lo pude ver”, expresó.
El regreso al continente tampoco trajo alivio. Vallejos recordó el momento en que visitó a la familia de su amigo. “Fui a ver a su madre. No podía hablar del llanto y la emoción. Su hijo no volvió, pero sí muchos de sus amigos. Era imposible explicarle la situación”, evocó.
Esa imagen quedó grabada para siempre. “Con el paso de los años sigo recordando el sentimiento desgarrador de esa madre. Ni el cuerpo le entregaron. Fue algo terrible. Cuando recuerdo Malvinas, recuerdo la imagen de Carlos Trepo”, concluyó.