La investigación de la muerte de la policía porteña Leila Salomé Sosa, quien se quitó la vida con su arma reglamentaria frente a la Comisaría San Carlos en La Matanza, pegó un giro luego de que se reunieran pruebas que permitieron a la Fiscalía acreditar que la agente de 37 años y Lucas Nahuel López, de 27 años, mantenían una relación atravesada por violencia de género.
En las primeras horas, el caso había quedado en manos del fiscal de Homicidios Adrián Arribas, quien ordenó las pericias correspondientes y secuestró el arma utilizada por la víctima. La autopsia del cuerpo y el análisis de dispositivos electrónicos permitieron cambiar el enfoque del caso.
De esta forma, la investigación quedó en manos de la fiscal Lorena Pecorelli, titular de la Fiscalía de Violencia Familiar y de Género. Entre los elementos más decisivos para el giro de la causa se encuentra el informe preliminar de la autopsia, que explicó que el cuerpo de la joven presentaba “equimosis” (moretones) en distintas partes.
La Justicia ordenó la detención de López y lo imputó por "lesiones agravadas por el vínculo en un contexto de violencia de género", pero el joven se negó a declarar durante la indagatoria ante la fiscal Pecorelli.
Cómo fueron las últimas horas de vida de Leila Salomé Sosa
El hombre había acudido a la dependencia junto a sus padres y había denunciado que la mujer que se desempeñaba como Policía de la Ciudad de Buenos Aires había ido hasta su casa y había roto los vidrios de su auto y del vehículo de su padre, según informaron fuentes policiales a TN.
Mientras el denunciante era entrevistado por el personal policial, la oficial primera llegó a la comisaría en un estado de visible alteración y permaneció durante algunos minutos en la vereda, a la espera de dar su versión de los hechos. Sin embargo, cuando la oficial de servicio retomó la entrevista con el denunciante, se escuchó una detonación.
Leila Salomé Sosa trabajaba como policía de la Ciudad de Buenos Aires. Foto ilustrativa.
Los policías salieron de inmediato y encontraron a Sosa con un disparo en la cabeza, que se había efectuado con su arma reglamentaria. Una ambulancia la trasladó de urgencia al Hospital Paroissien, donde entró sin vida. Luego de confirmarse su muerte sus seres queridos se acercaron a la comisaría y al ver al denunciante todavía en su interior arrojaron piedras al edificio y rompieron algunos vidrios.