‘El alegre Demócrito’, por Charles-Antoine Coypel (1746).
'El alegre Demócrito' de Charles-Antoine Coypel (1746).
Procrastinar se tornó uno de los mayores pesares en esta época: los humanos, agotados por el ritmo de vida, tendemos a dejar para después.
Lejos de ser un problema moderno, este rasgo de la inteligencia humana ya era analizado por los pensadores de la Antigüedad clásica.
Demócrito de Abdera, además de ser el matemático que se adelantó a la teoría atómica, se dedicó a la ética.
Una de sus enseñanzas más relevantes gira en torno a la capacidad de resolución de las tareas pendientes para conseguir una vida apacible.
El pensamiento que se produjo durante la Antigüedad clásica es la base de la filosofía occidental. Uno de los exponentes más relevantes fue Demócritode Abdera. Nacido, según se estima, hacia el 460 a.C., este pensador clásico fue filósofo y matemático, con especial énfasis en reflexiones sobre ética y arte. Su figura encarna al sabio griego, prolífico, dedicado al debate en la polis (las ciudades de la Grecia antigua) y viajero.
Demócrito fue discípulo de Leucipo y desarrolló una teoría matemática que siglos más tarde cobraría una vigencia inesperada: el atomismo. Más de 1.400 años antes de que naciera John Dalton, este clásico ya sostenía que todo lo existente estaba compuesto por partículas indivisibles e indestructibles, los átomos, que se movían en el vacío y cuya combinación daba lugar a la multiplicidad del cosmos. Una intuición audaz que anticipó, en clave filosófica, debates científicos modernos.
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Demócrito de Abdera (Abdera, Tracia, c. 460 a. C.-c. 370 a. C.)
Demócrito de Abdera (Abdera, Tracia, c. 460 a. C.-c. 370 a. C.). Agencia Shutterstock
Quién fue el filósofo Demócrito
Demócrito, además de su producción matemática, también reflexionó sobre la vida y el equilibrio interior. Propuso como ideal la eutimia, es decir, un estado de ánimo sereno y estable. Para él, la felicidad no consistía en la búsqueda desordenada de placeres mundanos, sino en alcanzar un espíritu calmo y sosegado, libre de perturbaciones innecesarias.
En ese marco se inscribe una frase que, atribuida a su pluma, suena sorprendentemente actual: "El que todo lo aplaza, no dejará nada concluido ni perfecto". Leída en 2026, esta oración muestra una preocupación antigua: la tendencia humana a postergar lo importante y a dispersar la energía vital.
Demócrito no fue el único en advertir ese riesgo en la antigua Grecia. Ya el poeta Hesíodo, a quien algunos académicos consideran el primer filósofo griego, había reflexionado en el año 700 a.C sobre el valor del trabajo oportuno y bien resuelto. Siglos más tarde, el romano Marco Aurelio, en sus Meditaciones, insistiría en la necesidad de actuar con diligencia y moderación. También Séneca advirtió sobre el desperdicio del tiempo como una de las grandes tragedias humanas.
En 2026, a esta tendencia a postergar las tareas pendientes le decimos procrastinación, pero los pensadores clásicos ya la reconocían como un obstáculo para la armonía. No hay equilibrio posible si la vida se diluye en aplazamientos.