Cuáles eran las tradiciones romanas para las bodas que siguen en la actualidad

En la antigua Roma se realizaba una serie de costumbres que, a pesar del paso del tiempo, se siguen respetando. Conocé cuáles son.

En Roma, el matrimonio era una ceremonia pública, aunque, se realizaba en un ámbito privado y en el seno familiar. Este acto tenía una serie de protocolos que se realizaban antes de la boda, durante y una vez que se terminaba que, a pesar del paso del tiempo, se siguen respetando.

El acto ceremonial se desarrollaba en dos escenarios: la casa de la novia y el hogar del nuevo matrimonio en casa del esposo. Los invitados, que no necesitaban trabajar, podían destinar todo su tiempo a la boda y el desarrollo de diversos tipos ceremoniales como los anillos, las bodas y las llegadas al nuevo hogar de la novia.

Qué tradiciones hacían se hacían en la antigua Roma para el casamiento

Cómo eran las alianzas

Las alianzas se sellaban mediante las aras, sin embargo, con el paso del tiempo fue apareciendo la costumbre del anillo de compromiso, el cual podía ser de hierro, oro o hasta piedras preciosas. El novio colocaba el anillo en el dedo anular de su futura esposa sin conocerla. La realidad es que no había amor, no obstante, se elegía ese dedo porque posee un nervio que conecta con el corazón. Para darle un cierre, se llevaba a cabo un banquete que le daba fuera al compromiso.

Estos anillos podían entregarse muchos años antes de la boda y representaban un pacto de alianza entre las familias que podía atar a una niña de seis o siete años a su destino de madre de familia, apenas se la considerara núbil. En el caso de los varones, la transición de la adolescencia a la edad adulta se hacía mediante la investidura de la toga viril, subrayada por la aparición de la primera barba. En el caso de las adolescentes romanas, el tránsito a la condición adulta se reconocía en el seno del hogar, en la víspera de su boda, como indicio de su naturaleza núbil, de que era apta para ser fecundada y, por tanto, para casarse.

La despedida de la novia de su casa

Esto se daba cuando consideraban que era conveniente casa a la joven. Generalmente, se daba a partir de los 12 años. El matrimonio entre las clases sociales altas de Roma no era el cierre de un vínculo amoroso, sino una alianza.

La joven, que se despedía de su casa, ofrendaba juguetes de su infancia a lo dioses del hogar en el altar doméstico. Era considerado un acto de veneración, de reclamo, de protección y de voluntad, de afrontar una nueva etapa en su vida, dejando atrás la niñez. La doncella se sacaba su ropa para ponerse, por primera vez, la túnica recta (una vestimenta lisa y talar de color blanco). Además, antes de acostarse tenía que cubrirse el cabello con una redecilla roja porque este tono sugería candidez virginal de la doncella.

Antes de la boda se hacía una lectura de auspicios al amanecer. Se examinaban las entrañas de un animal sacrificado por el dueño de la casa en honor a los dioses. Los invitados llegaban a la casa y la novia, una vez que se colocaba la túnica, se la ceñía con un cinturón en memoria del héroe Hércules. Este elemento era un símbolo que sugería custodia y protección, la castidad que preludiaba una descendencia legítima, pues solo el marido podría desatarlo en la noche de bodas.

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Las costumbres que se hacen durante el matrimonio romano.

Las costumbres que se hacen durante el matrimonio romano.

Cómo era la boda y el banquete nupcial

En la boda se unían los acuerdos de la alianza con los gestos personales de los contrayentes: se leían las capitulaciones matrimoniales pactadas ante diez testigos y se consignaban en unas tablillas, las tabulae nupciales. Los novios las aceptaban y se procedía a la unión. La oficiaba una mujer que acompañaba a la novia en todo el ritual de iniciación que constituía la boda y que debía cumplir un requisito: haberse casado una sola vez. Esta mujer de un solo hombre –univira– procedía entonces a unir las manos derechas de los novios tras su consentimiento, con lo que quedaba instituido el matrimonio.

Luego, el mismo sacerdote que había leído las entrañas del animal sacrificado, realizaba una plegaria en donde invocaba la protección divina para los esposos. Éstos procedían luego a llevar a cabo su primer acto matrimonial: el sacrificio de un buey y un cerdo. Así concluía la ceremonia y los presentes los felicitaban, mientras se preparaba el banquete nupcial.

Sobre la noche, el banquete llegaba a su fin y los esposos marchaban juntos a su nuevo hogar, la casa del marido. La tradición exigía remedar el ancestral rapto de las sabinas perpetrado por los hombres de Rómulo en los inicios de Roma. La novia se resistía a abandonar su hogar arrojándose en brazos de su madre, mientras el marido fingía arrebatarla a la fuerza.

La llegada al nuevo hogar de los novios

Los recién casados abandonaban la casa en el medio de un cortejo con antorchas, se cantaba y había bromas obscenas para ahuyentar los malos augurios y se propiciaba la fertilidad de la nueva unión. Cuando llegaban al nuevo hogar, se hacían ritos de agregación y fecundidad. La recién casada ungía con manteca los goznes de la puerta, recabando una unión fértil y fecunda, tras lo cual la desposada mostraba la rueca y el huso que portaba, y el marido le hacía entrega de un copo de lana. Después ella colocaba un velo o un hilo de lana sobre la puerta como promesa de trabajo y dedicación al hogar. Finalmente pronunciaba "Donde tú eres Cayo, yo seré Caya", una frase de unión, fidelidad y también de obediencia.

Desde ese momento, ya podía entrar en su nueva casa. Sin embargo, tenía que hacerlo entre los brazos de los invitados y ser recogida por el esposo. Éste le entregaba los poderes como señora del hogar entregándole el agua y el fuego, elementos que simbolizaban los principios opuestos, el del marido y el de la mujer. Éste se materializaba finalmente cuando los esposos compartían por primera vez el lecho conyugal en la noche de bodas y la cortina se corría.

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