La que pasó fue una semana horrible para el Gobierno, en la que acumuló conflictos, retrocesos y señales de desgaste en distintos frentes. La agenda oficial chocó con senadores, sectores productivos, trabajadores, gobernadores y hasta profundizó problemas inventados, como el conflicto con Brasil. En varios de los episodios, la estrategia inicial terminó obligando al Gobierno a negociar, recular o cambiar de interlocutor. No es la primera vez que el oficialismo tiene tropiezos, pero es la primera vez que se ve a su discurso tan disociado del sentir popular.
El propio Javier Milei aseguró, en una entrevista con el periodista ultra M Esteban Trebucq, que él no se detiene en sentimientos sino en datos. Ya veremos que ni los unos ni los otros favorecen hoy a su administración. La situación es llamativa. El advenimiento de Milei es producto de una sintonía con la opinión pública que nadie tenía como él hace dos años. Más allá de lo que las encuestas de opinión indiquen, los últimos días dieron muestra de que esa sintonía se perdió. Y eso se traduce en errores políticos.
El caso más evidente fue la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Después de tres meses de negociaciones y más de 17 borradores, el proyecto que Federico Sturzenegger había diseñado con 7 capítulos y 53 artículos llega a Diputados reducido a 4 capítulos y 39 artículos. En el camino quedaron la modificación de la Ley de Tierras, el RENABAP y el Manejo del Fuego. Patricia Bullrich tuvo que negociar durante semanas con el PRO, la UCR y los bloques provinciales para conseguir los votos. El proyecto terminó cercenado y aprobado en el Senado con apenas 37 votos, el número justo para alcanzar el quorum.
La Ley sigue siendo muy mala, pero el dato político que arroja su debate en el Senado es todavía más importante. Varios de los que retiraron su apoyo a los capítulos de Tierras y Manejo del Fuego pertenecían al llamado "grupo de los 44", la alianza de LLA, PRO, UCR y fuerzas provinciales que Bullrich decía tener garantizada. Una movilización popular muy transversal, que comenzó con un trapo mostrado por los jugadores de la Selección nacional luego de su partido contra Inglaterra y se extendió a la certeza de una proporción inmensa de los argentinos de que la ley serviría para vender soberanía, terminó por sepultar la pretensión del Gobierno de aprobar una ley gracias al toma y daca de la política.
De hecho, el otro dato negativo de cara al futuro es que la disputa activó a la oposición de un modo que no se daba, al menos, desde el cambio de composición de la cámara. Sergio Massa se atribuye el cambio de postura de gobernadores como Rolando Figueroa, Hugo Passalacqua, Gustavo Saénz y otros. Wado de Pedro recorrió despachos hasta última hora del día de la sesión para intentar que se caiga el capítulo de la Ley de Fuego. Juliana Di Tullio y José Mayans negociaron durante toda la jornada y denunciaron incompatibilidades flagrantes como la de Joaquín Benegas Lynch, dueño de una empresa dedicada a vender tierras a extranjeros. El propio Axel Kicilloff estuvo en la Plaza.
La oposición impulsará a partir de ahora una agenda que intente dar cuenta de todas las demandas insatisfechas. Si lo logrará o no está por verse, porque su propia representación está también en interdicción, pero la derrota del Gobierno es tan potente que lo deja inseguro frente a desafíos muy sensibles como impulsar la reforma electoral. Milei ya resignó eliminar definitivamente las PASO y pretende suspenderlas, pero todavía no tiene los votos asegurados. La mayoría que hasta hace poco parecía garantizada ahora necesita ser reconstruida proyecto por proyecto. Y ya ni el antikirchnerismo es seguro para aglutinar.
Pero lo que pasó entraña también el peligro de que es una manifestación política de la situación económica. La sociedad parece haber pasado de una noción poco despegada de la realidad más palpable -"no llego a fin de mes"- a atribuir responsabilidades por eso. Como si se hubiera terminado el crédito. El Gobierno celebra la baja de la inflación, pero las familias enfrentan ingresos deteriorados, tarifas mucho más altas y un crédito cada vez más caro. Según el CEPA, la desregulación de las tasas para las fintechs y un spread bancario en máximos históricos se combinan con paritarias que el Gobierno busca limitar al 1% y tarifazos de 602% en vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles y de 383% en transporte.
El problema no es que los argentinos estén particularmente endeudados. La deuda de los hogares equivale a apenas 5,7% del PBI, muy por debajo de Brasil y Chile y muchísimo más lejos todavía de Estados Unidos. El problema es la capacidad de pago. El crédito pasó a funcionar como un salvavidas para compensar la caída de los ingresos y ahora ese mecanismo comienza a romperse. Según el mismo estudio del CEPA, la morosidad bancaria de los hogares pasó del 2,5% en octubre de 2024 al 12,3% en mayo de 2026. En préstamos personales llegó al 14,9% y en tarjetas al 12,5%. En las billeteras virtuales trepó al 29,6%, incluso por encima de los niveles de la pandemia.
Detrás de la mora aparece un mercado laboral cada vez más frágil. Un estudio de C-P Consultores es útil para mostrar la profundidad de la crisis. Según ese trabajo, publicado en los últimos días, el empleo formal se comporta como si el país atravesara una crisis macroeconómica aguda, con una fuerte licuación de ingresos. Entre 2023 y 2026 se perdieron más de 230.000 puestos registrados, una caída acumulada similar a la de la crisis de 2018-2019. Y el problema no es solamente la destrucción de empleo: la creación de empresas cayó a niveles similares a los de 2002, lo que muestra que la economía no está generando suficientes reemplazos para los puestos y compañías que desaparecen.
El resultado es un círculo vicioso difícil de romper que implica menos empleo formal, menores ingresos, más necesidad de crédito y finalmente más mora. Eso redunda en menos consumo, destrucción de empresas y vuelta a empezar. La desinflación, ese logro a medias de Milei, no se convirtió en una recuperación sostenida del poder adquisitivo. El ajuste continúa operando sobre los ingresos mientras el mayor peso de tarifas y servicios públicos comprime todavía más el presupuesto familiar.
Durante la misa de San Cayetano, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, se hizo cargo de todo esto y afirmó que "el pueblo está cansado de promesas incumplidas y dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades". Reivindicó el trabajo como dignidad y advirtió que "la solución concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que a veces parece mirar para otro lado, poner toda su energía en descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie".
En ese contexto, ni siquiera una noticia tan buena como la próxima visita del papa León XIV, del 8 al 11 de noviembre, parece ser simple. El Gobierno celebró la confirmación del viaje, que incluirá Buenos Aires, Córdoba y Luján. Pero la presencia del sucesor de Francisco también puede convertirse en un desafío político para Milei. La doctrina social de la Iglesia pone en el centro la dignidad del trabajo, la protección de los más vulnerables, la solidaridad y el bien común, principios opuestos a una política económica basada en un fuerte ajuste fiscal, reducción del Estado y una confianza central en los mecanismos de mercado como único ordenador. Aquí podríamos coincidir con el Presidente que no se trata de sentimientos sino de datos. Y los datos del Gobierno son malísimos en términos socioeconómicos.
Si de errores por desconexión con la realidad hablamos, allí está el conflicto portuario. El Decreto 690/2026, impulsado y defendido por Sturzenegger como una herramienta que supuestamente aumentaría la competencia y reduciría costos por la desregulación de los prácticos de navegación, terminó provocando un conflicto que afectó el movimiento de buques y alcanzó a más de 140 embarcaciones. Los prácticos resistieron la reforma y el Gobierno terminó negociando suspender el decreto.
El revés tuvo además un costo interno porque un golpeadísimo Sturzenegger quedó fuera de la negociación decisiva y la conducción pasó a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. El área que había diseñado la desregulación terminó desplazada de la mesa que debía resolver el conflicto generado por esa misma reforma. Una política presentada como símbolo de eficiencia y libertad de mercado terminó necesitando una negociación de emergencia para volver a funcionar. Ahora, el que está en capilla es el "Coloso" Sturzenegger. Hace una semana era Monteoliva, por sus dichos antes del partido con Inglaterra. Dos elefantes en un bazar.
La pregunta es si Milei elige funcionarios incapaces para llevar adelante sus políticas o si éstas son tan malas que no hay otra posibilidad que el error. La impronta de dirigentes muchos más avezados como Diego Santilli y Patricia Bullrich ya parece dar signos de agotamiento también.
Esta semana fue tan larga y mala que hasta se podría olvidar que también hubo un costo en política exterior. Las reiteradas críticas de Javier Milei a Lula da Silva terminaron provocando una decisión inédita en décadas cuando Brasil retiró a su embajador Julio Bitelli y redujo el nivel de la relación bilateral al de encargado de negocios. El episodio es particularmente grave porque Brasil es el principal socio comercial histórico de la Argentina y porque la estrategia de alineamiento con Estados Unidos tampoco parece coincidir con las preferencias de la sociedad.
Según una encuesta del CEOP, el 44,4% quiere una Argentina más cercana a Brasil y América Latina, contra apenas 25,8% que prefiere acercarse a Estados Unidos. Si se suman quienes prefieren no alinearse con ninguna potencia, el 69,8% no respalda el eje proestadounidense, que Milei consagró como su única política consistente en relaciones exteriores. El rechazo también aparece frente al FMI: 64,4% tiene una imagen negativa del organismo y 60,7% está en desacuerdo con la cercanía del Gobierno. Milei profundiza el alineamiento con Trump y Georgieva mientras una mayoría social parece condenarlos. En el mismo estudio, el 66% cree que Javier Milei no es patriota. Una conclusión lapidaria.
Además, la cuestión de fondo es que la evaluación ciudadana, en casi todos los ámbitos, ya está más vinculada a los resultados que a las expectativas. Y ya no es solamente si Milei puede imponer su agenda, sino cuánto costo político y social acumula cada vez que intenta hacerlo.