Cual es la terrorífica historia de Raúl Aníbal González Higonet, el asesino en serie argentino que mataba cuando sus víctimas dormían
Más allá del impacto judicial, el caso dejó una marca profunda en la memoria colectiva y sigue siendo citado cada vez que se repasan los crímenes más inquietantes.
Esta es la historia de uno de los asesinos en serie más recordados de nuestro país
@MatySwag23
El asesino identificado como Roberto Eduardo Martínez es más conocido por un apodo que, al día de hoy, resuena en varias personas.
Actuó a fines de la década de 1990 en la ciudad de Buenos Aires. Utilizaba un martillo como arma para atacar a sus víctimas de manera sorpresiva.
Se le atribuyen al menos dos asesinatos y varios ataques graves. Sus víctimas eran personas sin un vínculo previo claro con él.
Los crímenes generaron un fuerte pánico social y una intensa cobertura mediática. Fue detenido gracias a testimonios de sobrevivientes y testigos. Los peritajes indicaron que padecía trastornos mentales severos y fue declarado inimputable.
El nombre de Raúl Aníbal González Higonet vuelve a aparecer entre los casos criminales más perturbadores de la historia argentina, asociado a una modalidad de asesinato que todavía hoy genera escalofríos. Su figura está rodeada de un aura siniestra, no solo por la violencia de sus crímenes, sino también por la forma en que logró moverse durante un tiempo sin despertar sospechas.
Las historias de asesinos en serie suelen combinar elementos de misterio, horror y preguntas sin respuesta, y este caso no es la excepción. Con el paso de los años, el expediente se transformó en material de análisis para investigadores, periodistas y especialistas en criminología, que intentaron reconstruir cómo fue posible que alguien actuara de ese modo y qué señales se pasaron por alto antes de que todo saliera a la luz.
Quién es Raúl Aníbal González Higonet, el asesino en serie que aterrorizó Argentina
El loco del martillo
@MatySwag23
El caso del asesino argentino conocido como “el Loco del Martillo” es uno de los más perturbadores y recordados de la crónica policial nacional por la violencia extrema de sus ataques y por el pánico social que generó.
Se trata de Roberto Eduardo Martínez, quien a fines de la década de 1990 cometió una serie de homicidios y agresiones brutales en la ciudad de Buenos Aires. Su apodo surgió del arma que utilizaba: un martillo, con el que atacaba a sus víctimas de manera sorpresiva, casi siempre en situaciones cotidianas y sin un vínculo previo claro.
Martínez asesinó al menos a dos mujeres y dejó a otras víctimas gravemente heridas. Su modo de operar era particularmente inquietante: se acercaba a personas desprevenidas y las golpeaba en la cabeza con extrema violencia, en algunos casos hasta causarles la muerte en el acto.
Los ataques generaron una ola de miedo y una fuerte cobertura mediática, ya que parecían responder a un impulso imprevisible y podían ocurrir en plena vía pública o en contextos comunes, lo que aumentaba la sensación de inseguridad generalizada.
La investigación logró identificarlo y detenerlo tras uno de los ataques, cuando sobrevivientes y testigos aportaron datos clave. Una vez capturado, los peritajes psiquiátricos determinaron que padecía graves trastornos mentales, por lo que fue declarado inimputable.
En lugar de ser condenado a una pena de prisión común, fue internado en un hospital psiquiátrico bajo custodia judicial. El caso volvió a abrir en su momento un fuerte debate en la Argentina sobre la responsabilidad penal y el seguimiento de personas con patologías psiquiátricas severas que pueden convertirse en un riesgo para terceros.