Creyó que era apendicitis pero terminó con una gran sorpresa
Megan Isherwood, una joven británica de 26 años, ingresó al hospital por un dolor abdominal que fue diagnosticado inicialmente como apendicitis.
Su cuadro se agravó con sangrados, lo que derivó en estudios más complejos y su traslado a terapia intensiva. Una tomografía y una ecografía revelaron que estaba embarazada.
Durante el traslado, entró en trabajo de parto y dio a luz a su hijo Jackson, nacido de manera prematura con 33 semanas.
Tanto la madre como el bebé fueron diagnosticados con sepsis, aunque lograron estabilizarse tras la intervención médica.
Una consulta de urgencia que parecía rutinaria terminó convirtiéndose en un giro inesperado para una paciente que llegó a la guardia con un fuerte dolor abdominal. Los síntomas iniciales coincidían con un cuadro clásico de apendicitis, una de las causas más frecuentes de intervención quirúrgica de urgencia, por lo que todo indicaba que el diagnóstico sería rápido y previsible.
Sin embargo, a medida que avanzaron los estudios médicos y las evaluaciones clínicas, los profesionales detectaron señales que no encajaban del todo con ese primer diagnóstico. Análisis complementarios comenzaron a revelar un escenario distinto, que obligó al equipo de salud a replantear el cuadro inicial y actuar con rapidez: estaba embarazada.
Qué tenía la joven que creía sufrir de apendicitis y pasó por alto un increíble detalle
Megan Isherwood
Una joven inglesa de 26 años, llamada Megan Isherwood, atravesó una situación tan inesperada como impactante que sorprendió tanto al equipo médico como a ella misma.
Megan, quien trabajaba como encargada de un bar en Burnley, en el condado de Lancashire, fue ingresada de urgencia al Hospital de Blackpool tras sufrir intensos dolores abdominales y náuseas. En una primera evaluación, los profesionales concluyeron que se trataba de un cuadro de apendicitis. Sin embargo, su estado se agravó rápidamente al presentar sangrados abundantes, lo que motivó su traslado a terapia intensiva, donde fue atendida por un amplio equipo de especialistas.
Ante la complejidad del cuadro, los médicos decidieron realizarle estudios por imágenes, como una tomografía y una ecografía, con el objetivo de descartar un posible embarazo. Contra toda expectativa, fue precisamente eso lo que detectaron. “Vieron una cabecita y un pie y se dieron cuenta de que estaba embarazada”, relató Megan.
De inmediato, fue derivada al Hospital de Burnley, que cuenta con un área especializada en maternidad. El impacto fue total: días antes se había hecho un test de embarazo que dio negativo y, según contó, no presentaba abdomen prominente ni síntomas compatibles con una gestación.
Durante el traslado, un paramédico le indicó que comenzara a pujar. “En cuanto me lo dijo, fue como si algo hiciera clic y simplemente tuve que empujar”, recordó. Minutos después, escuchó la frase que lo cambió todo: “Felicitaciones, es un niño”.
Así nació Jackson, el 9 de septiembre, con 33 semanas de gestación. El bebé sufrió complicaciones al nacer: dejó de respirar por algunos minutos y presentó una coloración azulada, pero logró ser reanimado por los médicos. Tanto Megan como su hijo fueron diagnosticados con sepsis a raíz de una infección y debieron ser internados en sectores separados. Horas más tarde, la joven pudo ver a su bebé por primera vez. “Todavía no me parecía real”, confesó.