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¿Con hielo, desde la heladera o al natural? Cuál es la mejor temperatura para cada tipo de vino

La temperatura potencia las virtudes de cada estilo. Conocer el rango correcto permite disfrutar de la mejor manera sus aromas y sabores.

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  • Durante años se repitió la frase “el vino se toma a temperatura ambiente”, generando confusión y errores a la hora de servir una copa. Esta creencia, que todavía circula, resulta engañosa, ya que si se siguiera al pie de la letra, en verano se tomarían vinos calientes y en invierno demasiado fríos, perdiendo así gran parte de su atractivo.

    La realidad es que la temperatura a la que se sirve el vino es determinante para poder apreciar en su plenitud aromas, sabores y texturas. Un servicio correcto aumenta sus cualidades y permite disfrutar cada estilo en su máxima expresión, mientras que un error en este punto puede opacar incluso a un vino de alta calidad. Conservar la botella en condiciones adecuadas es solo el primer paso.

    Al comprender cómo influye la temperatura en la percepción del vino, es posible potenciar la experiencia sensorial y sacar lo mejor de cada etiqueta. La frescura, la intensidad aromática, el cuerpo o la complejidad se manifiestan de forma distinta según los grados centígrados, y conocerlos es la manera más sencilla de asegurarse una degustación satisfactoria.

    Vino

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    Qué temperatura es la ideal para cada tipo de vino

    Cada estilo de vino requiere un rango específico para desplegar todo su carácter. En el caso de los blancos, se busca frescura y ligereza. Los más jóvenes, pensados para consumo inmediato, se disfrutan entre 8° y 10°. Los de cuerpo medio, con mayor complejidad, alcanzan su mejor versión entre 9° y 11°. Finalmente, los blancos con crianza, sacan a la luz toda su riqueza entre 10° y 12°.

    Los rosados, elaborados con uvas tintas pero con corta maceración, se distinguen por su versatilidad. En Argentina se elaboran al estilo provenzal, con tonos delicados y baja carga tánica. Su rango ideal es de 8° a 10°, temperatura que resalta su vivacidad sin opacar la fruta ni el frescor.

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    Los tintos exigen mayor precisión. Servirlo muy frío hace que se sienta más áspero y amargo, mientras que demasiado cálidos, expone el alcohol en exceso. Los jóvenes deben presentarse entre 12° y 14°, los de cuerpo medio en torno a 14° a 16°, y los más robustos y con crianza entre 16° y 18°, donde expresan profundidad, estructura y complejidad aromática.

    En cuanto a los espumosos, es un error creer que deben tomarse casi helados. Para disfrutarlos plenamente, lo aconsejable es servirlos entre 5° y 7°. Si la temperatura es menor, se pierden aromas y matices. Por otro lado, si es mayor, predominan las notas de panificación por encima de la fruta.

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