"Apunte bien, va a matar a un hombre": cómo fueron las últimas horas del Che Guevara en Bolivia

Se cumplen 58 años del fusilamiento del líder guerrillero argentino en La Higuera. Su captura, sus últimas palabras, la exhibición del cadáver y la decisión de enterrarlo en un lugar secreto.

El asesinato de Ernesto ‘Che’ Guevara, el 9 de octubre de 1967 en La Higuera, Bolivia, fue algo más que la muerte de un líder guerrillero. Significó el nacimiento de un mito. Figura clave de la Revolución Cubana, su nombre se elevó a la estatura de ícono universal de la lucha antiimperialista y el idealismo inquebrantable. Un símbolo de la rebeldía global del siglo 20.

El rostro del ‘Che’ se convirtió en bandera, mural y remera en todo el mundo. Se lo puede ver en recitales, universidades, estadios de fútbol, manifestaciones populares… También en llaveros, encendedores, tazas, postales, stickers y demás chucherías made in China. Porque, a la hora de vender, el capitalismo no discrimina.

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Un puesto callejero de venta de remeras del 'Che' Guevara en Kenya (SIMON MAINA/AFP/Getty Images).

Un puesto callejero de venta de remeras del 'Che' Guevara en Kenya (SIMON MAINA/AFP/Getty Images).

Tras su gesta en Cuba, Ernesto Guevara de la Serna intentó exportar la revolución a otros continentes, convencido de que la lucha armada era el único camino hacia la liberación de los pueblos oprimidos. La última aventura lo llevó al inhóspito y áspero terreno boliviano, un capítulo épico y trágico que lo encontraría solo, exhausto y herido, lejos de la gloria de Sierra Maestra.

Al cabo de once meses de acciones guerrilleras en la selva de Bolivia, el ‘Che’ fue acorralado, capturado y fusilado. Al día siguiente de la ejecución, su cuerpo fue exhibido y enterrado en un lugar secreto, lo que no hizo más que contribuir a inmortalizar la figura y acrecentar la leyenda.

La captura, el encierro en la escuela de La Higuera, sus últimas palabras y el fusilamiento

El domingo 8 de octubre de 1967, un pequeño pelotón de 17 guerrilleros comandados por el 'Che' fue cercado en el sector de la Quebrada del Yuro por un batallón del ejército boliviano asistido por agentes de la CIA. Guevara, debilitado por el asma, herido en una pierna por un disparo y con su fusil inutilizado, fue capturado. El que le había disparado era el sargento Bernardino Huanca. El general Gary Prado fue quien lo atrapó. “No disparen. Soy el Che Guevara y valgo más vivo que muerto”, les dijo al rendirse.

che guevara capturado

Tras su captura, el 'Che' fue trasladado a la humilde y solitaria escuela del pueblo de La Higuera, una pequeña edificación de adobe que se convertiría en su última morada. Allí le quitaron sus pertenencias: el diario de campaña, sus documentos, una pistola alemana calibre 9mm. marca PPK Walker, dos pipas, dos relojes, un altímetro, un cuchillo de acero marca Solingen, u$s2.500 y $20.000 bolivianos. Se las repartieron entre sus captores.

Dentro de un aula, fue atado de pies y manos, y sometido a un interrogatorio que duró más de una hora por parte de Félix Ismael Rodríguez, un agente cubanoamericano de la CIA. El 'Che' se mostró desafiante, lo escupió en la cara y se negó a darle información.

Desde las altas esferas del gobierno boliviano, con la presión de Washington, había llegado la orden de ejecutar al ‘Che’. El presidente René Barrientos, temiendo que un juicio internacional pudiera convertir a Guevara en un mártir político, decidió su ejecución sumaria junto al general Alfredo Ovando Candía. La mañana del 9 de octubre, el coronel Joaquín Zenteno Anaya comunicó la sentencia. En la pequeña escuela se designó al sargento Mario Terán para llevar a cabo la tarea.

che guevara Marc Hutten

“Dudé 40 minutos antes de ejecutar la orden. Me fui a ver al coronel Pérez con la esperanza de que la hubiera anulado. Pero el coronel se puso furioso. Así es que fui. Ese fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme dijo: ‘Usted ha venido a matarme’. Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. Entonces me preguntó: ‘¿Qué han dicho los otros?’. Le respondí que no habían dicho nada y él contestó: ‘¡Eran unos valientes!’. Yo no me atreví a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme”, contó Terán, verdugo del ‘Che’, a la revista Paris Match en 1977.

“Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma. ‘¡Póngase sereno —me dijo— y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!’. Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un brazo, en el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto”, relató Terán. Eran las 13.15. Al momento de su muerte, Guevara tenía 39 años.

La exhibición del cuerpo, el entierro secreto, el hallazgo y el regreso a Cuba

Para demostrar al mundo que la amenaza guerrillera había terminado y evitar cualquier duda sobre la identidad del abatido, el cadáver del 'Che' fue atado a las patas de un helicóptero y trasladado al Hospital Nuestro Señor de Malta en Vallegrande. Allí, en el lavadero de la morgue, su cuerpo fue expuesto al público y a la prensa internacional.

La imagen del ‘Che’ con el torso desnudo y los ojos abiertos en una expresión serena recorrió el mundo, alimentando la comparación de su figura con la de un Cristo yacente.

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Antes de ser enterrado en una fosa común clandestina cerca de la pista de aterrizaje de Vallegrande, un dato que durante 30 años se mantuvo en secreto, las manos del ‘Che’ fueron amputadas por órdenes de los oficiales, como prueba irrefutable de su identidad. Un macabro certificado de defunción. La razón del misterio que rodeó la sepultura del 'Che' durante tres décadas era clara: borrar la tumba para evitar que se convirtiera en un lugar de peregrinación revolucionaria.

La verdad emergería en 1997. Gracias a una exhaustiva investigación del gobierno cubano, un equipo de forenses logró ubicar los restos del 'Che' y de varios de sus compañeros bajo la pista de Vallegrande. Sus huesos, cargados de simbolismo, fueron repatriados a Cuba, donde fueron recibidos con honores de héroe nacional y enterrados en el Mausoleo de Santa Clara, la ciudad que fue escenario de la batalla que puso fin al régimen de Fulgencio Batista y significó el triunfo de la Revolución Cubana en diciembre de 1958.