Javier Milei lo volvió a hacer el 9 de julio. Al igual que en su discurso del Día de la Bandera, en el que convirtió a Manuel Belgrano en un héroe neoliberal avant la lettre, el Presidente orientó su discurso del Día de la Independencia a subvertir evidencias históricas palmarias para esconder un presente de entrega, opuesto a los ideales más básicos de la mayoría de los revolucionarios de hace 210 años.
En efecto, el libertario aseguró que: “Hoy el continente está girando en dirección a la libertad, y contamos con socios estratégicos que velan por el éxito de nuestra Nación, porque saben que el proyecto argentino puede liderar un cambio de paradigma no sólo para nuestra gente, sino también a nivel global. Así, contamos con apoyos inéditos por parte de Estados Unidos, y así hemos logrado firmar —en tiempo récord— acuerdos de libre comercio que llevaban décadas trabados. Pero, por sobre todo, hoy contamos con un Gabinete de patriotas a los que —al igual que los librepensadores de 1816— no les importó poner su propia vida en juego con tal de volver a convertir a la Argentina en un país próspero, pujante y libre; un país protagonista que no teme volver a reclamar su lugar en el concierto de las naciones. No desperdiciaremos esta ocasión de hacer a la Argentina grande nuevamente”.
Especialista en la inmediatez de las redes sociales, el mandatario busca dejar atrás a toda velocidad el escándalo de Manuel Adorni y retomar la agenda política, tanto en lo legislativo como en la previa de la campaña por su reelección. En relación con lo primero, rodeado de trece gobernadores, Milei repasó las prioridades del “Congreso más reformista de la historia”.
“Nuestras tres prioridades ahora mismo son: la modificación del Régimen de Zona Fría, para terminar con el subsidio indiscriminado y poder concentrar la asistencia en los sectores que realmente lo necesitan, en lugar de hacer que los más vulnerables sigan financiando la energía de quienes sí pueden pagarla; la modificación de la Ley de Inocencia Fiscal, para volverla universal y más previsible; y la Reforma Política, para que la política vuelva a estar al servicio de la gente, en lugar de volver a la gente un instrumento de la política. Propondremos, además, la modificación de la carta orgánica del Banco Central, para que su principal función vuelva a ser la de preservar el valor de la moneda, en lugar de financiar los proyectos del político de turno. Con esto vamos a terminar con 91 años de estafas de la política a los argentinos de bien. Otro de los proyectos actualmente en tratamiento es el de la inviolabilidad de la propiedad privada, para garantizar la protección de un derecho natural y constitucional sistemáticamente vulnerado por la política. Proyectos como el Súper RIGI, por otra parte, ya cuentan con media sanción y, tal cual fue anunciado por nuestro ministro de Economía, Luis Caputo, y por nuestro vocero, Adrián Ravier, ya tiene su primer candidato: una iniciativa privada que contempla la inversión de más de 1.200 millones de dólares para la construcción de un nuevo reactor nuclear en Argentina. Ni más ni menos que la noticia más importante del sector nuclear en veinte años”.
La enumeración de proyectos es un buen resumen de los esfuerzos liberatorios del Gobierno, y el contexto importa. Los gobernadores allí presentes son el tributo que Diego Santilli le ofreció a Karina Milei por su designación como jefe de Gabinete, un puesto preferencial a la hora de pensar en candidaturas, sea para la provincia o para la Ciudad. Pero, además, Santilli venía trabajando con los mandatarios colaboracionistas para conseguir apoyos entre varios de ellos. ¿Lo logrará en todos los casos?
La Ley de Glaciares tiene resistencias en provincias como Mendoza y Neuquén. La eliminación de las PASO enfrenta a aliados como los senadores del PRO o el anfitrión del 9 de julio, Osvaldo Jaldo, con sus propias contradicciones. Jaldo, de buen diálogo con Sergio Massa por estos días, expresó su oposición de modo explícito.
La mención al líder del Frente Renovador no es ociosa. Mientras alrededor de Axel Kicillof creen que los votos para la reforma política ya fueron conseguidos por el oficialismo, Massa relativiza ese dato ante sus interlocutores. El tigrense repite, dejando de lado la interna de la provincia de Buenos Aires, que lo único importante es lograr la unidad que derrote al proyecto de Javier Milei, porque ocho años de desindustrialización y destrucción del aparato productivo de la Argentina pueden generar estragos irreversibles.
Cambio de rumbo
El proyecto nuclear anunciado por Milei en Tucumán es un buen ejemplo del cariz que toman los emprendimientos de inversión en nuestro país.
Mientras el Gobierno paraliza y desmantela el programa nuclear argentino, comienza a tomar protagonismo la inversión de Meitner Energy, una empresa radicada en el paraíso fiscal de Delaware, integrada en un 60 % por capital estadounidense y un 40% por INVAP, que presentó el reactor ACR-300.
En paralelo, el periodista Sebastián Premici publicó que, durante la primera semana de mayo, siete funcionarios del Departamento de Estado, del Departamento de Energía y de organismos reguladores nucleares de Estados Unidos recorrieron los centros atómicos de Constituyentes, Ezeiza y Bariloche, además de la sede de la CNEA, en un contexto de creciente involucramiento de Washington en un área estratégica para el país.
Lo que el gobierno de Milei desmantela es un desarrollo estatal propio construido durante más de siete décadas. El reactor modular CAREM, diseñado íntegramente en el país y con su obra civil cercana al 80 % de avance, permanece paralizado desde 2024; Atucha III fue cancelada y Nucleoeléctrica Argentina avanza hacia su privatización, mientras el sector pierde profesionales por despidos y salarios deteriorados.
La secuencia expone un cambio de rumbo: en lugar de consolidar una industria nuclear nacional basada en conocimiento y tecnología propios, se debilitan sus principales proyectos mientras gana espacio una iniciativa bajo estructura societaria estadounidense que se nutre de capacidades desarrolladas por el propio Estado argentino.
El acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, la Pax Sílica —relacionada con el desarrollo de la IA—, el RIGI y el Súper RIGI siguen esta misma lógica de entrega: asegurarle a Donald Trump, el socio electoral de Javier Milei, su cadena de suministros para intentar recuperar su disputado lugar de hegemón mundial.
La industria, en caída libre
En materia de industria la cosa no marcha mejor. El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dio a conocer el Índice de Producción Industrial Manufacturero correspondiente a mayo de este año y concluye con una alerta a raíz de su variación negativa del 5,7 % respecto del mismo mes del año anterior.
Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos, afirmó que el sector atraviesa “nueve meses consecutivos de caída y retracción permanente, consecuencia de las políticas” del Gobierno nacional, “ignorando la industria y lo que genera el 70 % de la mano de obra del país”. En este aspecto, anticipó que “el país va a terminar el gobierno de Milei con entre 500 y 600 mil empleos menos que en 2023”. También advirtió que “no se dan a conocer la cantidad de empresas y empleos que se pierden” y afirmó que ya son 23 mil las empresas perdidas, según datos de la CNRT.
En una entrevista en la que buscó defender la apertura indiscriminada de importaciones y la reprimarización de nuestra economía, Milei no tuvo mejor idea que hacer una comparación mundialista, en referencia al rival de cuartos de final de la selección argentina.
“Cuando usted entra en un supermercado en Suiza, todo es importado. Si yo me guío por esa estupidez de que esa política es o no, digamos, argenta… bueno, si los suizos harían eso (sic), se morirían de hambre o estarían en un estado de obesidad flagrante, porque solamente comerían chocolate”, sostuvo en una entrevista radial. Y continuó: “Bueno, nosotros solo comeríamos dulce de leche, tendríamos problemas de sobrepeso tremendos, porque solo comeríamos eso, y andaríamos con biromes y en colectivos. Nada más, no tenemos más cosas”.
La comparación es malintencionada y ramplona, además de falaz. Suiza importa buena parte de los bienes que consume porque exporta insumos de alto valor agregado, como medicamentos, maquinaria de precisión, relojes e instrumental médico. Pero tampoco describe a nuestro país, al menos hasta ahora.
La Argentina ha desarrollado una industria siderúrgica y automotriz poco vista en la región; tiene un mercado biotecnológico y farmacéutico importante y hasta ha lanzado satélites al espacio, además de sus mencionados avances en el sector nuclear. También es líder en producción de maquinaria agrícola y en vitivinicultura, actividades de gran valor agregado.
El comentario, unido al contexto mencionado y a lo dicho por Milei en las fechas patrias, no debe confundirse con ignorancia. Milei no describe el país que recibió, sino el que planea dejar.
En su alabanza a Manuel Belgrano, se olvidó de mencionar que fue uno de los primeros industrialistas. En su adhesión al proyecto de Julio Argentino Roca, elide el rol fundamental que se le asignaba al Estado. En su reivindicación de Juan Bautista Alberdi, parece olvidar su preocupación por la creciente incidencia de las potencias centrales en la región.
En su reivindicación de los héroes de julio de 1816 fue aún más allá, homologando su gesta independentista con un esquema de sumisión como el actual.
Si de revisiones se trata, quizás haya que preguntarse por qué nuestro país sigue cayendo en la misma trampa una y otra vez y por qué, doscientos años después, siguen teniendo lugar discursos y proyectos que discuten la necesidad de un desarrollo industrial autónomo y nacional.