Si América Latina fue alguna vez el faro de la izquierda bajo el liderazgo de Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva, 20 años más tarde se ha transformado en la punta de lanza de la renovación de una nueva derecha que encontró un correlato desde lo económico y lo cultural. Sin embargo, a este giro, que tiene a Javier Milei y Nayib Bukele a la cabeza, le falta una potencia que lo acompañe. Lugar que podría ocupar Brasil a partir de este domingo.
Si bien la región siempre penduló entre progresismos y conservadurismos, la nueva política, criada y militada al calor de la digitalidad, se extendió en la última década a lo largo de la región de forma sostenida de la mano de discursos hiperbólicos que apelan a consentir los reclamos más enérgicos de sus sociedades. Bukele fue a fondo contra la inseguridad. Milei, contra la inflación. Bolsonaro aplica un mix: antagoniza en lo económico y endurece su línea en seguridad. Sin embargo, en el país vecino aseguran que le falta la excentricidad que tenía su padre y que tienen sus aliados. Y las encuestas lo reflejan: hasta ahora, están cabeza a cabeza.
El constructo cuenta con 20 países desde Norteamérica hasta América del Sur. Desde México hasta Argentina, la tendencia está a la vista: 12 naciones son conducidas por gobiernos de derecha, aunque con diferentes tonalidades. No es lo mismo el liberalismo de Argentina que el pragmatismo de Luis Abinader en República Dominicana, quien llegó al poder por un partido de centroizquierda en plena pandemia de Covid-19, pero que coquetea con políticas que se ajustan a la centroderecha en temas de migración, seguridad y economía.
El drama de ser oficialismo en América Latina
Solo en cinco países de 20, es decir, apenas un cuarto del continente extendido, se apostó por la continuidad presidencial, aunque los casos son al menos particulares. Nayib Bukele, por ejemplo, fue reelecto en 2024 tras una polémica campaña que terminó en una impugnación del comicio y que recién se ratificó meses más tarde, en 2025, tras una reforma constitucional. Daniel Noboa ganó las elecciones de 2025, pero no venía de un mandato completo: había reemplazado a Guillermo Lasso en 2023, quien fue destituido junto con la disolución de la Asamblea Nacional en medio de un juicio político que lo investigaba por vínculos con la mafia albanesa, en una causa conocida como "Caso Encuentro".
En Nicaragua, Daniel Ortega fue reelegido en 2022, en una elección que fue proclamada como una "farsa" por veedores de la Unión Europea, la Organización de los Estados Americanos (OEA), Estados Unidos y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. En Cuba, en tanto, Raúl Castro fue ratificado en 2023 por la Asamblea Nacional. El caso más institucional fue el de Luis Abinader, quien se quedó con el cargo sin mayores sobresaltos en República Dominicana en 2024.
Sí hubo continuidad de la fuerza gobernante en otros tres países: Claudia Sheinbuam, de MORENA, sucedió a Andrés Manuel López Obrador; el candidato de Abdo Benítez, Santiago Peña, ganó y sostuvo al Partido Colorado en Paraguay; y Laura Fernández, quien era ministra de su antecesor Rodrigo Chaves, se impuso en Costa Rica.
Continuidad o cambio: quiénes pueden extender o quebrar la hegemonía
A pesar del dominio de la derecha en la región, son pocos los líderes actuales que pueden reelegir. Milei intentará hacerlo en 2027 por un período más, al igual que Paz en Bolivia y Noboa en Ecuador. Bukele, por su parte, puede hacerlo de manera indefinida luego de la reforma constitucional.
En la vereda de enfrente, Lula es el principal faro de la izquierda: intentará vencer a Flávio Bolsonaro para cumplir un cuarto mandato. También podría hacerlo Ortega en Nicaragua.
José Antonio Kast, Yamandú Orsi, Keiko Fujimori, José Raúl Mulino, Laura Fernández, Abelardo de la Espriella, Claudia Sheinbaum, Bernardo Arévalo, Nasry Asfura, Santiago Peña, Luis Abinader y Miguel Díaz-Canel no pueden presentarse en los próximos comicios.
La injerencia de Estados Unidos y la influencia de Donald Trump
El ascenso de la derecha no sucede en un vacío: tiene una gran ascendencia del movimiento MAGA y los triunfos de Trump en 2016 y en 2024. Bajo la actualización de la Doctrina Monroe, "América para los americanos", el líder republicano conduce desde el norte la guerra comercial con China que derrama en la región con su política arancelaria (también conocida por su palabra en inglés, tariffs) y su continuo enfrentamiento con la cultura woke, sector que en América Latina está representado dentro del progresismo y suele mezclarse con la izquierda.
Las subas de los aranceles afectaron principalmente a Claudia Sheinbaum y a Lula, aunque tanto Brasil como México lograron llegar a diferentes acuerdos con EEUU. Como contrapunto, benefició ampliamente al Gobierno argentino a través del Tesoro con un préstamo clave en 2025 previo a las elecciones. Otro que recibió el beneplácito electoral de Washington fue Abelardo De La Espriella, a quien le prometió u$s1.000 millones destinados a reforzar la seguridad de Colombia.