Débora Décima es licenciada en Ciencias de la Comunicación, doctora en Ciencias Sociales y trabajaba en proyectos de mejoramiento del hábitat en barrios populares de Tucumán. El 31 de julio se convirtió en una de las 379 becarias del Conicet que quedaron sin trabajo por la decisión del gobierno de Javier Milei. Tras la desvinculación, Décima publicó una carta abierta dirigida al Presidente, en la que denunció un “cientificidio” y afirmó que la gestión libertaria solo crea desempleo.
Habló la becaria despedida del Conicet que le escribió una carta a Javier Milei
Débora Décima trabajaba en proyectos de mejoramiento del hábitat en barrios populares de Tucumán. Fue una de las 379 becarias del organismo que el 31 de julio quedaron sin trabajo. Tras la desvinculación, publicó una carta abierta dirigida al Presidente.
"Angustia, tristeza y bronca me da saber que por decisión de este gobierno me quedo sin carrera, me quedo sin proyecto de vida, me quedo sin una parte de mi identidad. Fueron más de ocho años invertidos en estudios y perfeccionamiento constante, superando un sin fin de evaluaciones, para que hoy, por decisión política, yo no sepa qué hacer con mi vida", contó en su carta.
Décima fue una de las 379 becarias que quedaron fuera del organismo científico desde el viernes pasado. Su desvinculación se produjo en el marco de un proceso de ajuste que, durante los dos años y medio de la presidencia de Milei, acumula una pérdida de alrededor de 2.400 puestos de trabajo en el sistema científico. El recorte también se tradujo en una mayor precarización laboral, una reducción de concursos avanzados y una pérdida del poder adquisitivo de los salarios superior al 40%.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Décima concursó en 2017 para ingresar al Conicet. Completó su formación con un posgrado en Ciencias Sociales y obtuvo el título de doctora en esa disciplina. En paralelo, realizó una tecnicatura superior en Psicología Social. Su trabajo estaba vinculado con la producción del hábitat popular en barrios vulnerados. La tarea, explicó, implicaba trabajar junto a las comunidades para mejorar los espacios en los que viven y acompañar la creación de nuevos territorios.
“Trabajamos especialmente sobre la mejora del espacio público con plazas, canchas. Hemos trabajado durante muchos años con la construcción de un club social, cultural y deportivo, en Los Vázquez, un asentamiento popular muy vulnerable ubicado a unos 10 kilómetros de San Miguel de Tucumán”, contó en diálogo con C5N.
El trabajo territorial se desarrollaba de manera interdisciplinaria junto a trabajadores sociales, arquitectos, biólogas, geógrafos y antropólogos. Para Décima, su tarea estaba lejos de ser una actividad aislada de la realidad cotidiana: se trataba de intervenir sobre problemas concretos que afectan a comunidades enteras.
"Este gobierno crea desempleo"
En la carta abierta que publicó después de quedarse sin trabajo, la científica recordó que fueron más de ocho años dedicados a estudiar, formarse y superar evaluaciones para construir una trayectoria profesional.
En otro pasaje, vinculó su propia situación con la de quienes no tuvieron la posibilidad de acceder a una formación universitaria y científica. “Si esto me pasa a mí con tanto currículum, ¿qué queda para quienes no tuvieron la misma posibilidad de invertir tiempo y plata en estudiar y capacitarse? Y de nuevo la misma respuesta: la calle. Porque este gobierno no crea puestos de trabajo, crea desempleo", cuestionó.
En su carta, además, definió la situación como un “cientificidio” y reivindicó el sentido social de su trabajo. “A este gobierno no le importa la ciencia, mucho menos la que yo hago”, escribió, en referencia a las críticas oficiales hacia determinadas áreas de investigación.
Décima explicó que su trabajo aborda la vida cotidiana de comunidades vulneradas y busca aportar soluciones a problemas habitacionales y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes. “Lo que hago, siempre junto a los vecinos y vecinas de esas comunidades, sirve para encontrar soluciones a sus problemas habitacionales”, sostuvo.
Su historia personal también aparece como parte de esa reflexión. Contó que de niña nunca imaginó convertirse en científica porque ni siquiera sabía que esa posibilidad existía. Sus padres no tenían estudios universitarios y recordó que en Villa Urquiza, el barrio de la capital tucumana donde creció, era habitual que algunos de sus compañeros no terminaran el secundario.
“Cuando me gané la beca, también gané más seguridad. Cuando gané la beca, sentí que también gané dignidad, para mí y para mi familia”, expresó.
El ajuste en la ciencia y el impacto en los barrios populares
Durante la entrevista, Décima sostuvo que la pérdida de su puesto debe analizarse como parte de una política más amplia de desfinanciamiento del Estado. A su entender, el ajuste sobre el sistema científico se conecta con el retroceso de otras políticas públicas, entre ellas las destinadas a los barrios populares.
Como ejemplo, relató que el jueves, un día antes de quedarse sin trabajo, había participado de una asamblea en una zona en la que trabaja desde hace años. Allí, los vecinos buscaban respuestas frente al avance del narcotráfico y el consumo problemático.
Se trata de un barrio incluido en el Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP), donde, según describió, persisten graves déficits de infraestructura, falta de pavimento e iluminación, dificultades en el acceso al agua y problemas vinculados con la regularización dominial.
“En todos los barrios donde el Estado se corre entran los transas y vuelven a cooptar el espacio público”, advirtió. Para la investigadora, las comunidades populares son algunas de las principales víctimas de las consecuencias del ajuste y del retroceso de las políticas de integración.
Décima remarcó que, pese a las dificultades, los vecinos continúan organizándose para buscar soluciones colectivas. Esa experiencia, dijo, también la impulsa a continuar reclamando por su puesto de trabajo y por el de sus compañeros.
“Yo hoy estoy sin trabajo. No tengo nada fijo. Sigo buscando y está dificilísimo, pero tengo que seguir luchando por lo que me corresponde a mí, y también por mis compañeros”, afirmó.
La investigadora también cuestionó las condiciones laborales dentro del sistema científico. Según explicó, los ingresos de los becarios se encuentran congelados y no alcanzan para cubrir el costo de vida. Estimó que un becario doctoral cobra alrededor de 1.200.000 pesos y uno posdoctoral cerca de 1.300.000.
“A mí no me alcanzaba para llegar a fin de mes. Desde hace meses empecé a buscar otra entrada económica porque no nos alcanzaba para cubrir los gastos de nuestra vida cotidiana y mucho menos para dedicarnos a la investigación”, relató.
También señaló que quienes permanecen con sus becas enfrentan el deterioro de sus derechos laborales y mencionó la pérdida de la cobertura de salud. “Es una pérdida total y absoluta de nuestros derechos laborales. No nos podemos resignar ni entregarle a este gobierno todo lo que hemos logrado”, sostuvo.
Décima consideró que el discurso oficial contra científicos, docentes y trabajadores públicos forma parte de una estrategia para construir un enemigo y justificar el ajuste. “El presidente nos llamó terroristas. Esto no es casual, se trata de construir un enemigo con un relato, un discurso, y después sobre eso hacerlo piel para justificar el ajuste y los despidos”, afirmó.
Para la científica, el desarrollo del sistema de investigación es estratégico para cualquier país. “Las superpotencias destinan millones y millones al desarrollo de su país. No tiene sentido que en este país se adopte por no hacerlo”, planteó.
Antes de finalizar su carta abierta, Décima le dejó un mensaje al Presidente: “Usted podrá dejarnos sin trabajo, pero nunca sin dignidad”. Y agregó un pedido: “Sepa que siempre está a tiempo de pegar el volantazo, y darle a este pueblo la vida que se merece”.
Los 379 becarios del Conicet reclaman una ley para recuperar sus puestos de trabajo
Ante los despidos, los becarios del Conicet reclaman por el tratamiento y la aprobación de un proyecto de ley presentado en la Cámara de Diputados que busca garantizar la continuidad laboral mientras esperan los resultados de la convocatoria 2025 para ingresar a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico (CICyT).
La iniciativa, impulsada por diputados del Frente de Izquierda y de Trabajadores-Unidad (FIT-U), propone prorrogar las Becas Internas Posdoctorales desde el 1° de agosto hasta la publicación definitiva de los resultados del concurso.
El proyecto establece que los investigadores alcanzados mantengan durante ese período el cobro del estipendio, la cobertura integral de salud para ellos y sus grupos familiares, sus lugares de trabajo y la continuidad de sus investigaciones. Además, contempla que quienes finalmente sean seleccionados para ingresar a la carrera mantengan la prórroga hasta su incorporación efectiva, sin interrupción de ingresos ni prestaciones. También busca garantizar que se respeten los cupos establecidos para la convocatoria CICyT 2025 y acelerar las altas de quienes ya fueron aprobados en concursos anteriores.
La carta completa de la becaria del Conicet a Javier Milei
Yo no soy lo que este gobierno quiere hacer de mí. Me rehúso a aceptar imperturbable el ostracismo al que pretende arrojarme. Acostumbrada a tener que adornar de tecnicismos mi lenguaje para contentar a cierto sistema académico, hoy me despojo de la pretensión y escribo a corazón abierto: no pienso dejar que este gobierno me falte el respeto, y antes de que me corran diré mis verdades.
Hoy, viernes 31 de julio, es mi último día como Becaria Posdoctoral del CONICET. Esta noche, cuando el reloj marque las oo, seré una desempleada más, otro nombre que se suma a la interminable lista de personas que día tras día se quedan en la calle en este glorioso país.
¿Cómo estás? Me preguntan, y mi respuesta busca siempre las mismas tres palabras: siento mucha angustia, tristeza y bronca. Este carnaval de sensaciones emerge como un volcán en erupción, en un contexto que de por sí ya es complicado. Mi angustia no solo se debe a quedarme sin el sustento diario, sin el dinero que necesito para sobrellevar la vida cotidiana. Mi angustia tiene que ver también con otras cosas, pues rápidamente se convierte en tristeza. Y de repente me encuentro llorando sola en mi casa, sentada frente a la computadora, tratando de escribir un nuevo artículo, pero las palabras no fluyen. Y no es que no sepa qué escribir, tengo mucho sobre lo que trabajar y comunicar. Sucede que, mientras me seco las lágrimas y golpeo el escritorio con el puño derecho lleno de impotencia, de repente me invade un insoportable sentimiento de bronca. Angustia, tristeza y bronca me da saber que por decisión de este gobierno me quedo sin carrera, me quedo sin proyecto de vida, me quedo sin una parte de mi identidad. Fueron más de ocho años invertidos en estudios y perfeccionamiento constante, superando un sin fin de evaluaciones, para que hoy, por decisión política, yo no sepa qué hacer con mi vida.
Claro que reconozco y me hago cargo de mis privilegios de clase. ¿Por qué no habría yo de quedarme sin trabajo? ¿Qué me hace tan especial e in-merecedora del inminente despido? Pues claro que nada. Aquí en todo caso vale más preguntarse, si esto me pasa a mí con tanto curriculum adornado, que queda para quienes no tuvieron la misma posibilidad de invertir tiempo y plata en estudiar y capacitarse. Y de nuevo la misma respuesta: la calle. Porque este gobierno no crea puestos de trabajo, crea desempleo. Tanto que nos mandan a todos a trabajar de uber, en cualquier momento no vamos a tener a quien llevar, porque todos estaremos ofreciendo el servicio o porque no tendremos cómo pagarlo.
El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) atraviesa una situación crítica que cada día se profundiza más sobre quienes trabajamos en el organismo.
Hoy en Argentina 379 personas altamente calificadas nos quedamos en la calle. Esta situación refleja una crisis sin precedentes en el sector. El sistema científico argentino perdió casi 8 puestos de trabajo por día desde diciembre de 2023. La situación crítica excede a un simple proceso de desfinanciamiento como otros ocurridos a lo largo de su historia: se trata de un CIENTIFICIDIO.
Hay muchos compañeros, compañeras y colegas que siempre supieron que querían hacer esto con su vida. Con mucho esfuerzo se prepararon y lo consiguieron. Ese no fue mi caso. De chica jamás imagine ser científica. No era mi sueño. Creo que porque no sabía que podía. Mis papas no tienen estudios de grado y en Villa Urquiza, mi barrio en la capital tucumana, era habitual que mis amiguitos no terminaran el secundario. Pero yo si tuve todas las posibilidades que a ellos les faltaron, para acceder a la educación que, con el paso del tiempo, me permitiera elegir qué carrera seguir y qué proyecto de vida construir. Y he ahí mis privilegios: posibilidades, elegir, construir. Y así fue como, después de muchos años de trabajar de panfletera (si se me permite el término), secretaria, administrativa, encargada, redactora, periodista, tallerista, audiovisualista, técnica territorial, me animé a postularme a una beca doctoral Conicet. Quien iba a decir, allá por el 2017, en pleno gobierno de Macri, que yo podía ganar ese concurso. Pues lo hice, y a partir de ahí comencé a creérmela un poco más. Cuando me gané la beca, también gané más seguridad. Cuando gané la beca, sentí que también gané dignidad, para mí y para mi familia. Ellos mucho no entendían de qué se trataba, pero entre lágrimas me felicitaban, porque sabían que era algo muy importante. La anécdota divertida es que mi mamá confundía Conicet con Unicef, porque al pronunciarlo sonaban bastante parecido, y así todos en el barrio creían que su hija trabajaría en esa organización.
Mi mamá trabajó mucho por mis tres hermanos y por mí. Debió someterse a los lugares minúsculos y despreciables que el sistema patriarcal le dejó habitar por ser mujer. Trabajó mucho desde chica, y de grande siguió trabajando al cuidado de su familia y de su hogar. Mi papá, un héroe veterano de Malvinas, le dedicó su vida a esa guerra infame, por aquel entonces combatiendo en las islas, y después por siempre en los recuerdos tortuosos que lo acompañan hasta hoy. Por eso, cada título mío es también de ellos. Por eso las lágrimas de mi mamá en la defensa de mi tesis doctoral. Por eso mi orgullo es de ellos, porque yo pude hacer lo que ellos no pudieron. Y por eso para mí quedarme hoy en la calle significa, en algún punto, fallarles. Significa perder parte del triunfo conquistado en familia. Significa perder parte de mi identidad. Significa un poco perderme.
Y cuando pensé que me perdía, me encontré con otros y me encontré en otros. En todo este proceso de quedarme en la calle y salir a buscar trabajo siempre estuve acompañada de mis compañeros y compañeras de instituto, de mis amigos y amigas, de mi familia. Pero, además, encontré compañeros de lucha. Hace meses que en Buenos Aires le vienen poniendo el cuerpo, y que en Tucumán y otros puntos del país acompañamos a la distancia como podemos. Hace meses que cientos de becarios e investigadores sostenemos una lucha activa en defensa de nuestros derechos laborales y en defensa del sistema científico. Porque el CONICET no es de un presidente de turno, es de sus trabajadores.
A este gobierno no le importa la ciencia, mucho menos la que yo hago. "Ciencia innecesaria", dicen. Yo prefiero llamarla ciencia humana. Mi trabajo aborda la vida cotidiana de las comunidades vulneradas, desfavorecidas, víctimas de la desigualdad, la fragmentación, la exclusión y la estigmatización. Mi trabajo, siempre junto a los vecinos y vecinas de esas comunidades, sirve para encontrar soluciones a sus problemas habitacionales y contribuir a mejorar las condiciones de vida. Mi trabajo apunta a que todos y todas podamos vivir dignamente, especialmente quienes más lo necesitan. Pero a este gobierno no le importa mi ciencia, como tampoco le importa la de mis colegas que buscan curar enfermedades o producir mejores alimentos. No le importa la ciencia porque, en el fondo, no le importa la vida ni el pueblo. Qué ciencia le puede importar, si todos los miércoles golpean salvajemente a los jubilados, qué ciencia le puede importar si suspendieron las obras públicas en todos los barrios populares donde los transas y la droga están haciendo estragos con la vida de los niños, los jóvenes y sus familias. Qué ciencia le puede importar si están masacrando la universidad pública. Qué ciencia le puede importar si las familias no están llegando a fin de mes, no comen carne hace meses, no pueden comprar medicamentos, no pueden mandar a los niños a la escuela.
Hoy siento angustia, bronca y tristeza ante semejante desprecio. "Se creen los dueños de un país que detestan", decía el actor y humorista Diego Capusotto allá por el 2019. Hoy, siete años más tarde, ese pensamiento todavía sigue vigente. Pero este pueblo es grande, un gigante dormido que descansa sobre la memoria de nuestras luchas populares que todavía nos sostienen pie. Un gigante, espero, a punto de despertar.
Presidente, usted podrá dejarnos sin trabajo, pero nunca sin dignidad. Sepa que siempre está a tiempo de pegar el volantazo, y darle a este pueblo la vida que se merece. Le pido por favor, recapacite. Mientras, allá voy yo, al igual que mis compañeros y compañeras, a buscar oportunidades laborales, ojalá cercanas a lo que sabemos hacer por formación y convicción, sin dejar de lado la lucha por nuestros derechos laborales, por un mejor sistema científico, por un mejor país.
Atentamente, Debora, una becaria del CONICET.
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