Con el daño mayor hecho, Javier Milei ensaya la sintonía fina del ajuste

El Gobierno atravesó una semana marcada por el conflicto con Aerolíneas Argentinas, la caída de la imagen presidencial y los datos de pobreza que difundió el Indec. En ese contexto, el jefe de Estado buscó retomar la iniciativa con un relanzamiento de la Libertad Avanza a nivel nacional.

“¿Y si sale bien?” La frase, ensayada en medio de la fulgurante elección del liderazgo más estrambótico de la historia política argentina, hoy ya no puede ser dicha sin una mueca irónica. Javier Milei ya no es el personaje extraño que, motosierra en mano, prometía el ajuste más grande de la historia y que la casta sería quien lo pague. Una primera evidencia del desencanto la marca el hecho de qué hay esfuerzo social pero no hay ajuste para ese sector.

El ficticio superávit que defiende el oficialismo está hecho de demorar el pago de obligaciones que, más temprano que tarde, volverán sobre los hombros de todos los argentinos. Por otra parte, muchos de los puestos que fueron eliminados en el Estado, comienzan a ser cubiertos por militantes libertarios.

Casi 10 meses después de su asunción puede asegurarse que el credo libertario incluye una premisa de hierro: la austeridad siempre es para los otros.

Por eso, el motivo más profundo por el que la promesa de ajuste no se ha cumplido es porque el plan Milei no es parejo para toda la sociedad. Lo que el gobierno llama, de modo grandilocuente, el mayor ajuste de la historia mundial es en realidad, la mayor transferencia de los sectores populares a los concentrados de la historia argentina.

Los números que informó el Indec esta semana son impactantes. El informe registra que la pobreza alcanzó en el primer semestre de este año al 52,9% de la población en los principales aglomerados urbanos del país, empeorando en 11 puntos el último registro. Unas 24 millones de personas son pobres en nuestro país. Dentro de esa cifra, se registra un 18,1% de indigentes. Si se piensa en los niños y adolescentes, la situación empeora: un 66 % de esa franja etaria vive en hogares pobres.

Pobreza en Argentina
La indigencia aumentó 4,9 % en los hogares y 6,2 % en las personas, según el INDEC.

La indigencia aumentó 4,9 % en los hogares y 6,2 % en las personas, según el INDEC.

Decíamos que los números son impactantes. ¿El gobierno reaccionó haciendo un análisis profundo de la situación, algún ensayo de autocrítica o una incitación al debate? No, de hecho sucedió todo lo contrario. El presidente Javier Milei se mostraba, casi al mismo momento en el que se conocían los números, con una sonriente Susana Giménez en el balcón de la Rosada.

Los demás voceros no pasaron de justificarse con chicanas e invocaciones a la “pesada herencia”, buscando que pase el impacto. En medio de esta verdadera catástrofe social planificada -no hay forma de definir de otra manera el hecho de que uno de los países más ricos de la tierra muestre este grado de desigualdad- el Gobierno busca maniobrar con los aspectos más finos de su programa. El embate contra Aerolíneas Argentinas es una prueba de eso.

La administración Milei sabe que hoy no tiene los votos para avanzar en su reprivatización de la empresa porque tampoco tiene un plan concreto para avanzar en eso. Entonces, se mueve a tientas, tirando globos de ensayo. Propone que los gobernadores se hagan cargo de las rutas menos rentables, amenaza con entregar la la aerolínea de bandera a sus trabajadores… En bloques que han sido amigables con el libertario, como Encuentro Federal, hoy la convicción es que no se le entregará un cheque en blanco para esto.

Los meses han pasado y decisiones como el veto contra los jubilados o la crisis universitaria, más allá de la inmensa recesión general, han hecho mella en la sociedad pero también en el apoyo parlamentario. Por eso, el momento de la sintonía fina en términos políticos muestra un escenario más confuso o matizado.

Por un lado, el Gobierno va perdiendo apoyo popular y por eso se relanzó con el acto en Parque Lezama, buscando volver a los orígenes. Al menos en términos geográficos. El acto, que contó con todos los condimentos de lo que puede atribuirse a la política tradicional -micros, punteros, columnas organizadas con banderas, vallas- sirvió a Milei para volver a mostrar apoyo masivo. Allí criticó a los encuestadores por la baja de su imagen en las mediciones, volvió a cargar contra los “periodistas ensobrados” y hasta fustigó a los votantes de otras expresiones políticas.

Milei es un hombre de obsesiones y reiteraciones. Ante la masa en el Parque Lezama, volvió a mencionar el fantasmático 17 mil por ciento de inflación, el potencial 95 % de pobreza, defendió el discutible déficit cero y aseguró haber evitado la peor crisis en la historia de nuestro país. Pero además, lo hizo en el comienzo de una semana que promete manifestaciones multitudinarias para oponerse a las políticas libertarias.

Javier Milei Parque Lezama

Es un mensaje al Congreso, justo cuando algunos de sus primeros socios parlamentarios comienzan a abandonar el apoyo a -partir de las promesas incumplidas- y aparecen otros. Los cincos diputados radicales y los de Innovación Federal que lograron sostener el veto contra los jubilados son una muestra de eso.

¿Y si sale bien? Hace rato que esa frase dejó de ser una invitación a la esperanza más insólita para convertirse en una mueca de una nueva decepción política.

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