Atentado contra Cristina Kirchner: la Justicia ordenó secuestrar el celular de Milman

Días atrás, el diputado y mano derecha de Patricia Bullrich fue señalado por Brenda Uliarte como quien estaba detrás del financiamiento del grupo Revolución Federal para organizar un hostigamiento contra la vicepresidenta.

La Cámara Federal de Casación Penal confirmó este miércoles la orden del secuestro de teléfono celular del diputado de Juntos por el Cambio, Gerardo Milman, en la causa en la que se investiga el intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Kirchner.

La decisión, alcanzada con los votos de los jueces Alejandro Slokar y Ángela Ledesma, despeja el camino para analizar la información contenida en uno de los teléfonos celulares que había sido entregado a la justicia por el propio legislador en la misma oportunidad en la que se opuso a que sea analizado.

De todas maneras, pese a los esfuerzos del diputado para que no se lo investigue, hasta el momento Milman solo entregó un celular que fue comprado después del atentado contra la vicepresidenta. Incluso, el modelo del celular ni siquiera estaba a la venta cuando ocurrió el intento de magnicidio.

"Milman está intentando por todos lados que la justicia le dé la razón. La Cámara Federal ordenó en su momento el secuestro del celular, él recurrió a esa resolución, pero hoy Casación rechazó su planteo", contó la periodista especializada en judiciales, Vanesa Petrillo.

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"Él se ampara en sus fueros para no ser investigado, pero los fueros no impiden que la investigación avance. Milman no está colaborando con la justicia. Está ocultando pruebas", agregó la periodista.

Milman quedó involucrado en el atentado cuando un testigo se presentó en la Justicia para declarar haber escuchado al diputado decir "cuando la maten, voy a estar camino a la Costa" dos días antes del intento de asesinato.

A raíz de esa situación, la justicia ordenó el secuestro de los teléfonos de las secretarias de Milman que antes de entregarlos acudieron a un perito informático para que borre toda la información de los dispositivos.

Días atrás, Brenda Uliarte, detenida por atentado, declaró haber escuchado que Milman le "pagaba a varias personas" a cambio de participar en manifestaciones con el fin de "generar disturbios y violencia" en cercanías de la casa de la exmandataria, y vinculó al atacante Fernando Sabag Montiel con el legislador y con la agrupación Revolución Federal.

La carta de Brenda Uliarte que involucra a Milman

Uliarte presentó un escrito impreso de cuatro páginas que su abogada, Sabrina Mansilla, subió al expediente radicado ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 6 que tiene a su cargo el juicio oral y público por el intento de magnicidio ocurrido el 1º de septiembre del 2022.

"Yo no sé por qué Nando (su novio detenido Fernando Sabag Montiel) hizo esto, pero sí sé que él no es capaz de organizar y hacer todo esto solo, claramente alguien está atrás. Yo nunca vi a Milman pero decían que le pagaba a varias personas para que participaran en manifestaciones y con ello generar disturbios y violencia alrededor de la residencia de Cristina Kirchner", sostuvo la joven, procesada como coautora del intento de magnicidio.

"A ver, yo no digo que financiaron el atentado pero sí financiaban para agitar y armar quilombo. Y Carrizo (Nicolás, también detenido, jefe de Uliarte y Sabag Montiel en la venta de copos de nieve azucarada) sabe todo eso, pero él va a cubrir a Nando, porque no quiere tener quilombos con los de arriba, saben que hay pesos pesados", afirmó la imputada en el escrito que fue firmado por ella ayer y que está certificado por un jefe de turno del servicio penitenciario federal de Ezeiza.

"También en una oportunidad yo lo escuché hablando con una chica, de nombre Carolina (Gómez Mónaco, secretaria de Milman), y cuando le pregunté quién era, me dijo que era la secretaria de un amigo, y que ella le daba una mano, que no le rompa las bolas con los celos, en el mes y medio que estuvimos juntos me la nombró dos o tres veces", relató Uliarte a modo de ampliación de su declaración indagatoria, sin la obligación de decir la verdad.