El príncipe Andrés de York, tercer hijo de la fallecida reina Isabel II y una de las figuras más cuestionadas de la realeza británica, comunicó este viernes su decisión de abandonar de forma definitiva todos sus títulos y honores reales.
El hermano del rey Carlos III dejará de ser el Duque de York dado que no logra limpiar su imagen, incluso a pesar de insistir con su inocencia frente a las acusaciones que lo vinculan con Jeffrey Epstein.
El príncipe Andrés de York, tercer hijo de la fallecida reina Isabel II y una de las figuras más cuestionadas de la realeza británica, comunicó este viernes su decisión de abandonar de forma definitiva todos sus títulos y honores reales.
De acuerdo con fuentes del Palacio de Buckingham, la medida fue consensuada y previamente dialogada junto al rey Carlos III y representa el cierre de un largo capítulo de polémicas que afectaron la imagen de la monarquía durante los últimos años.
“Rechazo por completo todas las denuncias”, afirmó en un comunicado difundido tras el anuncio. A sus 65 años, Andrés volvió a negar categóricamente las acusaciones de agresión sexual y sus supuestos vínculos con el empresario estadounidense Jeffrey Epstein, condenado por tráfico sexual de menores.
El paso al costado del duque supone un alivio para el actual monarca. De acuerdo con el diario The Times, Carlos III había evaluado retirarle los títulos de manera obligatoria, lo que habría requerido la intervención del Parlamento británico. La renuncia voluntaria evitó finalmente ese procedimiento (y probablemente más revueltas familiares).
La caída de la opinión pública del príncipe comenzó en 2019, luego de una entrevista televisiva en la que intentó defenderse de las acusaciones vinculadas a Epstein. Lejos de limpiar su imagen, la aparición generó una ola de rechazo y motivó su retiro de la vida pública. Un año más tarde, Isabel II le retiró sus patrocinios militares y lo excluyó de las tareas oficiales.
Pero el golpe más fuerte llegó en enero de 2022, cuando un tribunal estadounidense desestimó su intento de archivar la demanda civil presentada por Virginia Giuffre, quien lo acusó de haberla agredido sexualmente siendo menor.
Pocas semanas después, se supo que el príncipe alcanzó un acuerdo millonario extrajudicial con la denunciante, cuyo monto se mantuvo en secreto. Aunque el caso se cerró, su reputación quedó profundamente dañada y fue prácticamente irremontable tanto para él como para la realeza británica.
Desde entonces, Andrés permaneció alejado de los compromisos institucionales, limitado a apariciones familiares o actos privados con el objetivo de desviar la presión mediática.