En marzo de 1981, el hotel Washington Hilton fue escenario del intento de asesinato contra el presidente Ronald Reagan. Este antecedente histórico volvió a la relevancia este sábado tras un tiroteo en el mismo edificio, que forzó la evacuación de Donald Trump. El hecho ocurrió durante la Cena de Corresponsales en Washington D.C. y reactivó el debate sobre la seguridad del poder político estadounidense.
Aquel ataque de hace 45 años lo perpetró John Hinckley Jr., quien disparó contra Reagan a la salida de un evento oficial. El mandatario sobrevivió al impacto, pero el suceso dejó heridos de gravedad a un agente del Servicio Secreto, a un policía y al vocero James Brady. La coincidencia geográfica con el evento actual instaló de inmediato una sensación de déjà vu en la opinión pública.
El tiroteo del sábado provocó escenas de pánico y la salida urgente del personal y de los invitados presentes en la gala. El Servicio Secreto coordinó el traslado de Trump a un lugar seguro mientras la policía local aseguró el perímetro del hotel. Las autoridades locales investigan si el agresor buscó de forma específica un ataque contra la cúpula del gobierno.
La investigación contempla la posibilidad de que el atacante tuviera como objetivo a Trump y a otros funcionarios de alto rango. Esta hipótesis elevó la gravedad del caso y lo acercó a los hitos de mayor peso institucional en la historia de la nación. La coincidencia con el ataque de 1981 amplificó el impacto del incidente en los medios internacionales.
El paralelismo entre ambos hechos generó comparaciones inmediatas por la presencia de un presidente en riesgo y disparos en un evento de alto perfil. Aunque los contextos políticos son distintos, la repetición del escenario violento refuerza la carga simbólica del Washington Hilton.