El buen vínculo entre Xi y Kim nació en 2018, tras las cumbres del líder norcoreano con Corea del Sur y Estados Unidos. Para no quedar al margen de las negociaciones, Xi invitó a Kim a Beijing, inaugurando una etapa de confianza mutua que sumó más de cinco encuentros presenciales en apenas dos años.
Detrás del viaje a Corea del Norte: la diplomacia de alto nivel de Beijing en acción
El presidente chino Xi Jinping y el líder norcoreano Kim Jong Un se reunieron en Pyongyang, Corea del Norte, en el marco del 65.º aniversario de su tratado de amistad mutua. Esta histórica cumbre bilateral busca revitalizar la cooperación económica y política con un objetivo claro: rebalancear la influencia de Beijing ante el reciente acercamiento militar de Corea del Norte hacia Rusia y consolidar un bloque estratégico frente a Occidente.
La relación entre Corea del Norte y Corea del Sur comenzó a mejorar en 2018.
Fue un giro drástico, ya que entre 2011 y 2018, la relación había sido frígida. Beijing no ocultaba su malestar ante el programa nuclear norcoreano, percibiéndolo como una amenaza a la estabilidad regional que China buscaba proyectar. Sin embargo, aunque la sintonía personal entre ambos es relativamente joven, los dos líderes continúan invocando a Mao Zedong para definir el vínculo de sus naciones: una alianza tan estrecha "como los labios y los dientes".
El peso de la historia
Para entender por qué China y Corea del Norte perciben su seguridad como una cuestión inseparable, hay que mencionar el recuerdo compartido de los crímenes de guerra y la profunda humillación nacional a manos del imperialismo japonés en el siglo XIX y XX, que actúa en ambos como una cuestión identitaria y psicológica.
Es así que, tras el armisticio luego de la Guerra de Corea (1953), ambos países quedaron rodeados por las alianzas de Estados Unidos en Japón y Corea del Sur. Como respuesta a ese cerco, en 1961 decidieron formalizar su "compromiso de sangre" con el Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua, un pacto que este año cumple 65 años.
¿A qué se debe el encuentro con el país más cerrado del planeta?
Beijing viene observando con evidente incomodidad el acelerado acercamiento militar entre Pyongyang y Moscú, marcado por el despliegue de tropas norcoreanas en el frente de Kursk, en Ucrania. Con esta visita, Xi Jinping buscó equilibrar esa balanza, recordándole a Kim un dato vital: el verdadero motor económico a largo plazo sigue siendo China. Para evitar que Rusia acapare la atención de su aliado, Beijing debió recurrir a una diplomacia de alto voltaje simbólico para reafirmar su anclaje estratégico.
Es así que la cumbre se concentró en tres pilares: político, económico y cultural. En la práctica, esto significa la reactivación total del comercio transfronterizo y un fuerte impulso al turismo chino hacia Corea del Norte, proyectando cifras superiores a las de la prepandemia.
El alineamiento político entre ambos quedó sellado con el apoyo incondicional de Kim Jong-un al "principio de una sola China" sobre Taiwán, que garantizó que su respaldo a Beijing se mantendrá "sin importar cómo cambie la situación internacional".
Para Beijing, este respaldo es vital. China percibe amenazas crecientes en su propia área de influencia en el Pacífico, potenciadas por el peso de Estados Unidos en Corea del Sur y en Japón —especialmente considerando el estrecho acercamiento a Taiwán del actual gobierno de Takaichi—. En este escenario, Corea del Norte funciona como un tapón estratégico indispensable.
Además, entró en juego el factor Washington. Xi le transmitió a Kim los pormenores de su reciente cumbre con Donald Trump, ofreciéndose como mediador para abrir un canal con Estados Unidos sin que Pyongyang sufra sanciones internacionales. Sin embargo, la lectura de fondo es más amplia: esta jugada le permite a China erigirse como el árbitro indiscutido de Asia-Pacífico y proyectar su liderazgo definitivo frente al resto de las potencias globales.
Desnuclearización
Resulta paradójico observar que en la reciente cumbre entre Trump y Xi Jinping, ambos coincidieron en el objetivo global de la “desnuclearización”, debido a la guerra en Irán. Sin embargo, apenas un día antes de la llegada de Xi a Pyongyang, la hermana del líder norcoreano, Kim Yo-jong, advirtió públicamente que el arsenal nuclear de su país es una "línea de no retorno”.
El poder atómico de Corea del Norte incomoda a China, pero la realidad dicta que Xi no gastará capital político en presionar a Kim para que se desarme, un escenario que se sabe que es imposible, dado que es la forma de mantenerse fortalecido ante el mundo. En su lugar, el líder chino utilizará su diplomacia con un fin más pragmático: asegurar que cualquier eventual acercamiento entre Trump y Kim pase obligatoriamente por el filtro y la supervisión de Beijing.
¿Quién financia el verdadero crecimiento norcoreano?
Es sorprendente observar la silenciosa modernización económica de Corea del Norte en el último año. Lejos de la imagen de parálisis absoluta, hoy en Pyongyang proliferan los vehículos eléctricos, las redes 4G, los teléfonos inteligentes, el pago con billeteras digitales y la automatización.
A la hora de buscar responsables de ello, si medimos inyección de dinero líquido, efectivo rápido y ganancias extraordinarias de corto plazo, el ganador indiscutido para su crecimiento económico es Rusia. Pero si miramos el sustento estructural, el suministro diario y la supervivencia a largo plazo, el rey absoluto sigue siendo China.
En primer lugar, la Guerra en Ucrania se convirtió en una mina de oro para Corea del Norte, dado que le envía a Rusia millones de proyectiles de artillería, sistemas de lanzamiento de cohetes y cientos de misiles balísticos. A esto se suma el "alquiler" de soldados y técnicos para la guerra, que se estima que son entre 10.000 y 20.000 efectivos. El Kremlin paga unos 2.000 dólares mensuales por soldado, pero se calcula que el 95% de ese salario va directo a las arcas del Estado norcoreano y no a las familias.
Moscú paga esto con divisas extranjeras (euros y dólares en efectivo para esquivar el sistema bancario), petróleo refinado y alimentos. Las cifras de este intercambio son astronómicas. Según informes de inteligencia de Corea del Sur (INSS) revelados en mayo de este año, el flujo paralelo le reportó a Pyongyang un ingreso estimado de entre 7.000 y 14.000 millones de dólares acumulados en los últimos tres años. Para poner la magnitud en perspectiva: el PBI anual de Corea del Norte ronda apenas entre los 25.000 y 32.000 millones de dólares. Es decir, Rusia le inyectó el equivalente a casi la mitad de su economía total.
El soporte vital del día a día de China
A primera vista, el comercio oficial con China parece menor en comparación con Rusia. Sin embargo, China es la base de la economía norcoreana debido a que actúa como proveedor de alimentos: aceite de soja, arroz, plástico, textiles y bienes de consumo. En comparación, Rusia no tiene la capacidad logística ni la infraestructura industrial para abastecer ese consumo civil. Incluso, Beijing absorbe las industrias norcoreanas que no están bajo sanción estricta, como el famoso comercio de pelucas.
Kim Jong-un sabe perfectamente que Rusia es su mejor cliente circunstancial, pero China sigue siendo su único socio indispensable. De ahí que, a pesar de estar recibiendo miles de millones de Moscú, Kim haya recibido con alfombra roja a Xi Jinping en Pionyang hace apenas unos días para asegurar su póliza de seguro a largo plazo.
El nuevo bloque frente a Occidente
Esta cumbre formaliza la estructura del llamado eje revisionista, conformado por China, Rusia, Corea del Norte e Irán. Es así que el encuentro funcionó como una alerta estratégica para amplificar las señales de cooperación contra Estados Unidos y diluir cualquier narrativa de subordinación entre sus miembros. El mensaje global es nítido: exhibir un frente coordinado para contrarrestar la alianza Washington-Tokio-Seúl.
Conclusiones
En el escenario internacional, la política exterior de Beijing jamás obedece a la improvisación ni a la búsqueda de victorias efímeras. Su diplomacia opera bajo una profunda lectura psicológica y estratégica, donde el concepto de "armonía" se traduce en la práctica en un control meticuloso de la estabilidad regional.
Para la cúpula del Partido Comunista Chino, los pilares del orden liberal estadounidense representan una amenaza directa a su propia supervivencia. Frente a esto, China busca reescribir las reglas del juego global para consagrar el respeto absoluto a la soberanía de los Estados, blindando la legitimidad de los regímenes que no encajan en la matriz democrática liberal. Es exactamente en este diseño donde Corea del Norte encastra a la perfección.
En definitiva, la alfombra roja en Pyongyang trasciende la coyuntura y las urgencias armamentísticas de Rusia. Es el mensaje calculado de una potencia que no solo resiste la presión de Occidente, sino que ya está financiando y construyendo la arquitectura de un orden global alternativo.
Noticias relacionadas
últimas noticias
Robo boquetero frustrado en Baradero: 12 personas detenidas
Hace 28 minutosEl mensaje de Claudio María Domínguez para frenar la pelota: "La verdadera urgencia es disfrutar la vida".
Hace 35 minutosEl día que Serena Williams usó la camiseta de Camerún en Roland Garros 2002
Hace 46 minutosOla de frío de Buenos Aires: hay alerta amarilla por temperaturas extremas
Hace 48 minutosTras el éxito de Envidiosa, Débora Nishimoto se prepara para desembarcar en la serie de Wanda Nara
Hace 50 minutos