Chile se convirtió en el segundo país de Latinoamérica en aprobar la reducción de la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. El Parlamento votó a favor de la iniciativa que deberá ser promulgada por el presidente Gabriel Boric.
Chile se convirtió en el segundo país de Latinoamérica en aprobar la reducción de la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. El Parlamento votó a favor de la iniciativa que deberá ser promulgada por el presidente Gabriel Boric.
La reducción horaria se hará de manera progresiva, de a una hora por año, hasta restar las 5 horas en el quinto año de vigencia. De esta manera, Chile se equiparará a Ecuador en la región, y a otros 38 países que integran la OCDE y tienen jornadas laborales idénticas.
El texto de la nueva normativa chilena permitirá además acordar entre empleadores y empleados la distribución de jornadas laborales en un régimen de 4x3, es decir, cuatro días de trabajo y tres días de descanso.
La legislación también permite establecer franjas horarias para la corresponsabilidad parental, que en los hechos se traducirá como la posibilidad de convenir horarios de ingreso y egreso diferidos para que las madres y los padres de menores de 12 años puedan compartir las labores de cuidado.
Si bien las horas extraordinarias continúan vigentes, la ley habilita la creación de hasta cinco nuevos días feriados para compensar esas horas de trabajo adicional. Y por último, pero muy importante, se incorporó un artículo que dispone que los sueldos no podrán ser reducidos luego de la implementación de las 40 horas.
¿Y qué pasa en otros países de la región? Por ejemplo, en Argentina, Costa Rica y Perú las jornadas tienen un máximo de 48 horas semanales, en Brasil, 44 y hay algunos otros países que están comenzando a explorar la posibilidad de reducirla, como en Colombia, donde existen un proyecto para reducir la jornada de 48 a 42 horas semanales hacia 2026, o México, donde existe una propuesta para reducirla de 48 a 36 horas.
¿Trabajar menos horas nos hace más eficientes? Una investigación realizada por la OCDE concluyó que las jornadas laborales reducidas aumentan la productividad y la relación es inversamente proporcional para jornadas más largas. Pero esa productividad, no depende de las horas en cuestión, sino de cómo se aprovechan.