“Scaloni no está a la altura de la Selección. Si lo máximo que dirigió fue a unos chicos en Mallorca”.
Scaloni, el mejor técnico del Mundial: gestión de grupo, convicciones y cambios quirúrgicos
Manejó bien la crisis del debut, no se casó con ningún nombre propio, les hizo lugar a los tres de mejor ritmo actual y tuvo lucidez, reflejos y carácter para hacer modificaciones.
“¿Y a qué club dirigió? No tiene experiencia… Es un papelón de la AFA”.
“No es serio que le den el cargo, otros llevan años haciendo méritos y tienen probadas capacidades, a diferencia suya…”.
“Fue parte de los conflictos del cuerpo técnico de Sampaoli con los jugadores, no esperen mucho más…”.
Algunas frases así, parecidas, incluso más duras, se escucharon desde la prensa cuando Chiqui Tapia decidió darle la chance a Lionel Scaloni, en forma de interinato, luego de ganar el Torneo de L’Acudia, en España, durante los primeros días de agosto del 2018. Apenas había pasado poco más de un mes de la temprana eliminación en el Mundial de Rusia y las heridas todavía estaban abiertas.
El fracaso, por los resultados y en especial por las formas y filtraciones, era sonoro y los periodistas de mayor peso pedían ir por alguno de los mejores. Si podía ser Marcelo Gallardo, mejor. Pero, claro, sin el Muñeco disponible, por una decisión personal, Tapia prefirió confiar en su "pollo". Los jugadores habían hablado bien de Scaloni, quien se había convertido en el nexo con Sampaoli. Y el mandamás de la AFA sabía de su carácter, ética de trabajo y sus conocimientos. Para él no era un ayudante más, un exjugador más. Le tenía fe.
Los cuestionamientos no se detuvieron rápidamente. Al contrario. Perduraron meses. Incluso años. Hasta que Scaloni empezó a demostrar con hechos. Algunos, al principio, fueron vistos de forma escéptica, como cuando comenzó a convocar a jugadores que no estaban en el radar de casi nadie, como fueron los casos de Rodrigo De Paul, el Cuti Romero, Emiliano Martínez, Gio Lo Celso, Guido Rodríguez, Nahuel Molina, Nicolás González, Joaquín y Angel Correa, Papu Gómez, Roberto Pereyra, Lucas Ocampo, Pezzella, Palacios, Rulli, Musso, Foyth, Manu Lanzini, Nicolás Domínguez y Walter Kannemann, entre otros tantos que fueron convocados.
Pero, más que nombres, era una actitud. Y una determinación: provocar rápidamente un recambio, desde mediados de 2019, para llegar con mayor rodaje y un equipo nuevo a este Mundial. Así, de a poco, manteniendo algunos líderes de Rusia, Scaloni insistió en la prueba de los nuevos. Con algunos se quedó a lo largo del camino, con otros menos, pero a todos les dio la chance en un proceso que tuvo, al menos, 80 nombres en casi 4 años. Hubo hallazgos muy valiosos que hoy festejamos, como el Dibu, Cuti, Molina, De Paul, Alexis, el Papu, Enzo, Julián, Lisandro Martínez… Obvio que ellos se hicieron camino al andar, sobresalieron en sus equipos y merecieron una convocatoria, pero también que Scaloni los puso. Y que, a la vez, nunca dejó de ver a todos, sin importar el nombre, el equipo o la liga donde jugara. No privilegió nada más que el nivel y posibilidad de trasladar ese talento al seleccionado nacional. Parece simple, no lo es.
En el camino, además, gestionó como entrenador y conductor de grupo. Socialmente formó un plantel con gustos afines y construyó un clima de trabajo ameno y sin tensiones. Pero también sin privilegios. A la vez les demostró conocimiento a los jugadores, algo clave. La base de la confianza y el respeto. Fue dando pasos cortos y por las piedras para construir una identidad, un equipo que fuera más fuerte -con la ayuda de la comunión interna- que la suma de la individualidades. Así comenzaron a llegar los resultados que tuvieron su pico máximo -y no por casualidad- en la conquista del esquivo título, nada menos que el de la Copa América en Brasil, ante el local, y en el Maracaná, con gol de uno de los más resistidos, Fideo Di María. Con él pasó lo mismo que con Messi y otros. Se sacaron una mochila, la gente empezó a demostrarles cariño y de un círculo vicioso se pasó a una virtuoso que hoy disfrutamos. Y nos podemos ilusionar otra vez.
Mucho tuvo que ver Scaloni, a quien descubrimos en este camino porque, claro, era verdad que tenía poca experiencia. “Andando se acomodan los melones”, decía mi abuela. Así fue con esta Selección, pero ojo: a muchos melones los acomodó Scaloni. Con ayuda de los jugadores, está claro, pero él fue el líder silencioso, con las palabras y las acciones justas, con personalidad pero un perfil justo, nunca alto. Con algunas virtudes de las que vimos en Gallardo, por caso, en su exitosísimo ciclo en River. Justo al DT que querían los formadores de opinión y gran parte de la opinión pública. Nada es casualidad. Tampoco que el equipo haya estado invicto durante 36 partidos, al cabo de tres años y medio, haciendo una Eliminatoria impecable, y generando una identificación con el hincha que hace mucho no pasaba.
Pero, claro, la prueba máxima era el Mundial. Nada es igual. Ni en presión ni en organización, ni en nada, en realidad. Y Scaloni, con su diversificado cuerpo técnico, que incluye distintas personalidades y mucha experiencia en Aimar, Samuel y Ayala, se ha destacado hasta poder ser considerado, tranquilamente, el mejor entrenador, hasta acá, de la Copa del Mundo. Primero por cómo gestionó el golpazo durísimo del debut, segundo por la visión y personalidad para jugarse por pibes sin tanta experiencia en desmedro de referentes del ciclo, por la lucidez y los reflejos meter mano en el equipo y potenciarlo durante los partidos. Un aporte inestimable del técnico para esta reconstrucción mundialista de la Scaloneta.
Lo que pasó en el primer partido pudo ser una piña de nocaut. Tranquilamente. Que tu equipo, construido a pulso durante tres años y medio, caiga con semejante expectativa y un invicto de 36 partidos, resultó un mazazo. Pero Scaloni lo gestionó muy bien en la intimidad, con las charlas y las palabras justas. Incluso, tal vez, pudo ser lo mejor que le pasó al equipo, que se sacó la mochila que le generaba el invicto y pudo bajar la espuma de exitismo que lo rodeaba.
Cómo se levantó el equipo de la mala se vio en la cancha: equipo tuvo carácter para enfrentar un partido con presión extrema como el de México. Es verdad que jugó mal el PT, pero tuvo la convicción para ir a buscar sin miedos hasta acorralar al rival. Messi hizo su -gran- parte, destrabando ese manojo de nervios que era el equipo, pero también el entrenador, en decisiones que detallaremos a continuación…
A Cuti lo había sacado en el segundo tiempo ante Arabia porque no lo veía como el mariscal de antes y su reemplazante había sido Lisandro Martínez, más rápido y en mejor ritmo. Acierto de Lionel que repitió ante México. Hasta que Cuti volvió para los últimos 25 minutos para armar la línea de cinco y cerrarle los caminos a México. Algo similar pasó con el ingreso de Acuña, más punzante que Tagliafico. "Huevo" había llegado tocado al torneo y por eso el otro lateral izquierdo había arrancado con Arabia. Pero Argentina careció de profundidad por las bandas y volvió Acuña. El ex 3 de Independiente volvió a su rol de ingresar en los segundos tiempos para dar aire y piernas frescas. También metió a Montiel ante México, al no verlo tan profundo a Molina, mejor ofensivamente que Gonzalo. Pero ya con Polonia, sabiendo que necesitaría desborde, volvió al ex Boca. Siempre metiendo mano y con la mayoría de los retoques saliendo bien.
En la mitad también metió mano. Ante Arabia notó lento, sin ritmo, a Paredes, quien venía jugando poco en el último tiempo y lo puso a Enzo. Una sorpresa sobre todo por la posición. El ex River nunca había jugado de 5 pero Scaloni sabe que tiene la personalidad y jerarquía. A Fernández, pese a que hace seis meses jugaba en el torneo argentino, no le pesó. Se paró 10 metros más adelante, hizo jugar a todos. Eso le dio la pauta a Scaloni que podía repetir el cambio y Fernández entró tan bien o mejor ante México, además de hacer un gol de antología. El nuevo Verón, formateado por Gallardo y hoy potenciado por Scaloni, quien vio lo que hizo el pibe en Benfica; llegó y se adaptó en días, siendo figura del equipo y dejando claro que puede ser un volante de 100 millones de dólares.
Contra México, el DT había elegido a Guido Rodríguez -por Paredes- para ayudar a los centrales pero tuvo la lucidez de darse cuenta que, estando tan atrás, al equipo le costaba fluir. Diez minutos antes del gol de Messi, entró Enzo por él. Y se repitió la fórmula. Se paró más adelante, el equipo sumó pases, combinaciones y llevó a México hasta su propia área. Por eso nadie pudo salirle a Leo en el remate que terminó contra un palo... A esa altura, el temeroso equipo del Tata estaba siendo acorralado. Por la actitud y, a la vez, los cambios de Scaloni, siempre arriesgando, sin miedos ni dudas.
Otra clave para volver a tener el mediocampo dominante que fue ícono de este ciclo fue poner a Alexis Mac Allister, otro de los jugadores de gran presente en Europa. Mientras algunos dudaban si era lo mejor dejar Boca para irse al ignoto Brighton inglés, el Colo se adaptó rápido y se convirtió en pieza esencial. Incluso jugando de 5, siempre con el pie y la visión del 10, esa posición que ocupó en Argentinos Juniors. Argentina, entonces, con Enzo, Alexis y De Paul volvió a tener un medio de sociedades, pases, combinaciones y mayor movilidad y ocupación de lugares. Uno apuntala y distribuye, desde el primer pase, los otros se mueven siempre, encuentran espacios y se convierten en socios de los que están algo más arriba, Messi, Di María y Julián/Lautaro.
El ingreso de Alexis le ha dado mayor tenencia y, en especial, profundidad a Argentina, sin descuidar lo defensivo. Scaloni también sostuvo a De Paul luego de dos primeros partidos donde se lo vio errático, lejos del volante pistón y todoterreno del ciclo. Pero ya en el tercero el novio de Tini mostró una versión mejorada, sobre todo en el segundo, y en el duelo ante los australiano ya estuvo en el Top 3 del equipo.
Todo nace de la convicción de Scaloni, quien tiene otras dos características detectables: no se casa con nadie y es escéptico a la hora de determinar esquemas o estrategias, mostrando una versatilidad llamativa. Buceando en lo primero, contra Polonia era necesario Cuti para ir contra Robert Lewandowski y a Molina para ser más profundo. Y los devolvió al equipo. Mantuvo a Enzo de 5, quien ganó sus cinco duelos, sólo erró 8 de 94 pases y armó sociedad con Alexis, quien volvió a destacarse por recuperaciones (11), precisión y gol.
Tal vez lo más arriesgado fue poner a Julián, sobre todo por la decisión de sacar a Lautaro, segundo goleador del ciclo. Otro acierto: tiró diagonales, mostró movilidad, presionó rivales y metió un golazo. Para octavos lo sostuvo, claro, moviéndose en todo el frente de ataque como le gusta. Y el del City, que ha sorprendido hasta al propio Guardiola, fue un némesis para la defensa y hasta para el arquero de Australia. Hasta el punto de robar la pelota del 2-0. Una jugada con su sello que se cansó de hacer en River. Presionar y forzar errores, algo que Lautaro no puede hacer por sus características.
Este, el de Julián, ha sido el tercer cambio de esta reconstrucción que ha tenido la Scaloneta. En un torneo así, corto, a fin de año, con cuerpos cansados y sin todos en el mejor ritmo por discontinuidades en sus equipos, Scaloni sabía que necesitaría variantes para potenciar a su Selección. Argentina tiene talento individual. Bastante. Pero otros tienen más. Entonces era imperioso potenciar el funcionamiento del equipo, para que el todo hiciera lucir más a las partes. Y lo está logrando, yendo de menos a más, justo cuando más importante. Es el equipo de siempre, similar, pero potencia por los nuevos socios, que suman a los fundadores de este ciclo que nos devolvió la ilusión.
Scaloni ha tenido la lucidez y determinación para hacer cambios que ayudaron a cerrar juegos. Como contra México, cuando metió a Cuti para reforzar la defensa y a Palacios, el medio. Como ante Polonia, cuando puso a Paredes para hacer dupla con Enzo. Leandro estuvo fino en los pases, Fernández se soltó y Argentina monopolizó la pelota hasta terminar bailando a los polacos. “No quieren más”, le avisó Messi a Scaloni desde adentro... Y así fue. Resultó una paliza futbolística y táctica ante un adversario que quiso cerrarse en el medio y estar replegado atrás, pero fue siempre desbordado por las bandas o por los pases argentinos. Hasta el punto de lograr 27 toques en el segundo gol, un récord argentino en Mundiales.
También pasó ante los australianos, cuando el DT armó una línea de cinco con el partido 1-0 y la historia de Polonia se repitió. Ocupó bien las bandas, reforzó el centro con tres centrales, liberó más a Enzo y el equipo tuvo transiciones rápidas, con un Messi imparable, para crear más situaciones. En el debe quedó un Lautaro que sigue sin confianza y no pudo definir. Y tal vez la inclusión de Papu, que no pudo vestirse de Di María. Gómez, se sabe, pisa más para adentro y le quita espacios a los otros volantes, a diferencia de Di María, que va por la banda y abre la cancha. Si no juega Di María, encontrar un reemplazante será importante. O, por qué no, volver a intentar con 3 centrales y dos laterales en la mitad, como juega Países Bajos.
Scaloni, un coach versátil, es capaz de todo. Ya logró que Argentina se levantara de un golpe durísimo y se reconstruyera futbolísticamente con decisiones nada fáciles de tomar. No de casualidad es la Scaloneta… El Leónidas de Pujato lo ha hecho posible.
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