El plástico de burbujas, que se suele usar para proteger objetos frágiles en envíos, puede convertirse en un recurso muy útil en el mundo de la jardinería. Aunque muchos lo tiran o lo usan para aliviar el estrés explotando sus cápsulas de aire, expertos en cultivo recomiendan guardarlo y darle un nuevo propósito: proteger las plantas frente a los cambios bruscos del clima.
Este material transparente y liviano cuenta con propiedades aislantes que lo hacen útil tanto en huertas como en invernaderos. Jardineros de todo el mundo lo aprovechan para preservar la humedad del suelo, resguardar especies delicadas de las heladas y crear entornos más estables durante las estaciones frías o muy calurosas.
Versátil, económico y fácil de manipular, el plástico con burbujas no solo reduce el impacto del clima en condiciones adversas, sino que también ofrece beneficios a largo plazo en el cuidado de cultivos caseros. Su uso representa una opción sostenible y eficaz que cada vez gana más adeptos en la jardinería doméstica.
Por qué los plásticos con burbujas son perfectos para las plantas
Una de las principales ventajas del plástico de burbujas en jardinería es su capacidad para actuar como aislante térmico. Las pequeñas cápsulas de aire funcionan como una barrera que conserva el calor durante las noches frías y reduce el impacto de las bajas temperaturas. Este efecto resulta especialmente útil en épocas de invierno o regiones con climas severos, donde ayuda a estabilizar la temperatura en torno a las plantas.
Según la Real Sociedad de Horticultura del Reino Unido, los invernaderos pueden ser revestidos con este material para lograr un aislamiento eficaz. Esta práctica, común en países como Alemania o Inglaterra, permite optimizar las condiciones internas sin depender tanto de la calefacción, lo que también representa un importante ahorro energético.
La empresa Planta Greenhouses, con sede en Canadá y presencia en varios países, también destaca sus beneficios: su bajo costo, la posibilidad de reutilizarlo, la facilidad para cortarlo y fijarlo con cinta o clips, y su capacidad para dejar pasar la luz solar. Esta transparencia permite el ingreso de rayos suficientes para favorecer el crecimiento vegetal, sin riesgo de quemaduras en especies sensibles a la exposición directa.
Más allá de los invernaderos, su uso se extiende a huertas caseras. Al cubrir las plantas, se reduce la evaporación del agua, lo que resulta muy útil durante olas de calor o períodos secos. También actúa como escudo ante tormentas, granizo, vientos fuertes y lluvias intensas. Además, es ideal para envolver ramas jóvenes o tallos delgados que podrían quebrarse con facilidad.
Aunque existen variantes específicas para uso hortícola, con burbujas más grandes y recubrimientos que bloquean los rayos UV, incluso el plástico común de embalaje puede cumplir esta función protectora.