- Investigaciones recientes indican que tanto el exceso como la falta de sal pueden generar problemas de salud.
- El sodio cumple funciones vitales en el organismo, pero su consumo debe mantenerse en un rango equilibrado.
- Estudios sugieren que una ingesta moderada entre 3 y 6 gramos diarios reduce los riesgos cardíacos.
- Expertos advierten que eliminar completamente la sal de la dieta también puede afectar la presión arterial y el sistema cardiovascular.
Durante años, los organismos de salud insistieron en reducir el consumo de sal como forma de prevenir la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, investigaciones más recientes plantean que eliminarla casi por completo también puede tener efectos negativos en el organismo.
El sodio, componente principal de la sal, es muy importante para mantener el equilibrio de líquidos, facilitar la contracción muscular y permitir la transmisión nerviosa. Por eso, un consumo extremadamente bajo podría alterar funciones básicas del cuerpo y aumentar ciertos riesgos de salud.
Hoy la ciencia busca establecer un punto de equilibrio: evitar los excesos que aumentan la presión arterial sin llegar a restricciones que afecten la función cardíaca o el metabolismo. En esa búsqueda, los especialistas coinciden en que la clave está en mantener una ingesta moderada y sostenible.
Cuánta sal es demasiada para consumir
La Organización Mundial de la Salud recomienda no superar los 5 gramos de sal diarios, lo que equivale a unos 2 gramos de sodio. Sin embargo, gran parte de la población mundial duplica esa cantidad, principalmente por el consumo de alimentos procesados, panes, embutidos y salsas industriales, donde la sal está “oculta”.
En 2022, un estudio publicado en el American Journal of Lifestyle Medicine señaló que las dietas con entre 3 y 6 gramos de sodio al día se asocian con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares en comparación con las muy bajas o muy altas. Este rango moderado parece ser el más favorable para la mayoría de las personas.
El exceso de sodio hace que el cuerpo retenga líquidos, lo que eleva la presión arterial y puede derivar en problemas cardíacos y accidentes cerebrovasculares. De hecho, la OMS estima que el alto consumo de sal está relacionado con cerca de 1,8 millones de muertes anuales en el mundo.
Pero reducirla demasiado tampoco es aconsejable. Estudios observacionales mostraron que una ingesta muy baja, por debajo de los 3 gramos diarios, puede alterar la función de los vasos sanguíneos y aumentar el riesgo de episodios cardíacos, especialmente en personas con antecedentes de hipertensión o insuficiencia cardíaca.
Los expertos advierten que la sensibilidad a la sal varía según factores como la edad, el peso, la genética y el estilo de vida. En personas jóvenes y sanas, una ligera reducción puede ser beneficiosa, mientras que en quienes ya presentan valores bajos de presión, la falta de sodio podría resultar contraproducente.
Por eso, los nutricionistas recomiendan cocinar con poca sal, evitar los ultraprocesados y priorizar alimentos frescos, pero sin llegar a eliminar completamente el sodio de la dieta. El enfoque que proponen está orientado a la variedad y al equilibrio.