- Se trata de un pueblo serrano con apenas 50 habitantes permanentes
- Ubicación estratégica entre destinos turísticos conocidos
- Entorno natural con bosques, aire puro y tranquilidad
- Río de aguas cristalinas con playas y pozones
- Actividades al aire libre como trekking y caminatas
Este destino de Córdoba tiene apenas 50 habitantes y es perfecto para visitar: en el corazón del Valle de Calamuchita se esconde un pequeño pueblo serrano que se volvió uno de los destinos más buscados por quienes quieren desconectarse del ritmo urbano. ¿Cómo se llama?
Ubicado sobre el camino que une Villa General Belgrano con La Cumbrecita, este lugar aparece como una pausa en el mapa. Su entorno combina bosques de pinos, álamos y robles con aire serrano y una calma difícil de encontrar en otros puntos más concurridos de la provincia.
Llegar implica también cambiar el ritmo. Desde la ciudad de Córdoba, el viaje es de aproximadamente 80 kilómetros y combina rutas principales con caminos serranos. El trayecto, que puede durar entre una hora y media y dos horas, ya forma parte de la experiencia.
Así es el pueblo de Córdoba con apenas 50 habitantes
El nombre Intiyaco proviene del quechua y significa “aguas del sol”, una definición que cobra sentido al ver cómo la luz se refleja en el río Los Reartes, uno de los grandes atractivos del punto turístico. Sus aguas cristalinas forman playas naturales, pozones profundos y sectores ideales tanto para nadar como para simplemente relajarse.
Lo que vuelve especial a este destino no es solo su belleza, sino su ritmo. Acá no hay grandes centros comerciales ni estructuras turísticas masivas. En cambio, hay senderos, sonido de agua corriendo y una sensación constante de desconexión.
El río es protagonista absoluto. Lugares como el Mimbre Viejo o la Curva del Río ofrecen paisajes únicos y zonas donde el agua alcanza profundidades sorprendentes. En verano, se transforman en espacios perfectos para disfrutar del día, siempre con precaución.
A pesar de su tamaño, el escenario también ofrece actividades para quienes buscan algo más que descanso. Se pueden hacer caminatas, trekking con vistas panorámicas, pesca deportiva e incluso experiencias de buceo en sectores habilitados. Todo en un entorno natural que se mantiene prácticamente intacto. La propuesta gastronómica acompaña el espíritu del lugar. Pequeños espacios como merenderos y casas de té ofrecen productos regionales, dulces caseros y platos simples que completan la experiencia.