Como es la fuente particular que está en Puerto Madero, no todos conocen y tiene una curiosa historia

Se convirtio en un símbolo de la libertad de expresión y un punto de visita obligado para quienes buscan descubrir el lado más fascinante y rebelde de la historia argentina.

  • Ubicada en el sur de Puerto Madero, la Fuente de las Nereidas es una de las esculturas más impactantes de Buenos Aires, tallada en mármol de Carrara y dedicada al nacimiento de Venus.
  • La obra de Lola Mora generó polémica a comienzos del siglo XX por sus desnudos, lo que impidió su instalación en Plaza de Mayo y motivó su traslado a una zona periférica.
  • Con el tiempo, se consolidó como un símbolo de libertad artística y de la ruptura de estereotipos impulsada por su autora.
  • Hoy es Bien de Interés Histórico Nacional y una pieza clave del patrimonio cultural argentino.

Ubicada casi al final de la Costanera Sur, en el límite con Puerto Madero, la Fuente de las Nereidas se presenta como una de las esculturas más impactantes de la Ciudad de Buenos Aires. Tallada en mármol blanco de Carrara, la obra retrata el nacimiento de Venus emergiendo de una valva, acompañada por nereidas y tritones en una composición de gran dinamismo. Su emplazamiento, alejado del ritmo cotidiano del centro porteño, le otorga un carácter íntimo y contemplativo, ideal para apreciar el paisaje del Río de la Plata en un entorno sereno.

Esta pieza emblemática también arrastra una historia marcada por la controversia. A comienzos del siglo XX, la obra de la escultora tucumana Lola Mora generó un fuerte rechazo por parte de los sectores más conservadores, que consideraron escandalosa la representación de desnudos integrales. La polémica alcanzó tal magnitud que el proyecto original, pensado para instalarse frente a la Catedral en Plaza de Mayo, quedó descartado y la fuente terminó ubicada en una zona periférica de la ciudad, entonces poco transitada y alejada del poder político y religioso.

Fuente de las Nereidas
La obra de Lola Mora generó polémica a comienzos del siglo XX por sus desnudos, lo que impidió su instalación en Plaza de Mayo y motivó su traslado a una zona periférica.

La obra de Lola Mora generó polémica a comienzos del siglo XX por sus desnudos, lo que impidió su instalación en Plaza de Mayo y motivó su traslado a una zona periférica.

Con el paso del tiempo, la Fuente de las Nereidas se consolidó como un símbolo de resistencia artística y libertad de expresión. La figura de Lola Mora cobra un valor central en esta historia: una mujer que desafió los mandatos sociales de su época, trabajó personalmente el mármol y rompió estereotipos al ejercer su oficio en un ámbito dominado por hombres. En la actualidad, la obra no solo se destaca por su excelencia estética y su impronta barroca, sino también por su carga histórica, que la convierte en una visita obligada para quienes buscan conocer el costado más audaz y transgresor del patrimonio argentino.

Así es la fuente de Las Nereidas, la escultura particular que está en Puerto Madero

Ubicada en el extremo sur de Puerto Madero, a pocos metros del ingreso a la Reserva Ecológica, la Fuente de las Nereidas se presenta como una de las obras escultóricas más impactantes de Buenos Aires. Concebida íntegramente en mármol blanco de Carrara, la pieza despliega una composición dinámica que invita a recorrerla en círculo para descubrir cada detalle. Su luminosidad contrasta con el Río de la Plata, el verde del entorno y la arquitectura contemporánea que la rodea, generando una escena de gran fuerza visual.

La obra se inspira en la mitología clásica y representa el nacimiento de Venus, diosa del amor. En el centro del conjunto, la figura principal emerge sostenida por dos nereidas que la elevan sobre una gran valva marina. A su alrededor, tritones montados en caballos marinos irrumpen desde el agua, aportando movimiento y energía a la escena. Esta disposición refuerza el dramatismo propio del lenguaje barroco que define a toda la composición.

Fuente de las Nereidas
Ubicada en el sur de Puerto Madero, la Fuente de las Nereidas es una de las esculturas más impactantes de Buenos Aires, tallada en mármol de Carrara y dedicada al nacimiento de Venus.

Ubicada en el sur de Puerto Madero, la Fuente de las Nereidas es una de las esculturas más impactantes de Buenos Aires, tallada en mármol de Carrara y dedicada al nacimiento de Venus.

Detrás de su belleza formal se esconde un pasado atravesado por la polémica. En el momento de su inauguración, el 21 de mayo de 1903, la obra provocó un fuerte rechazo en sectores conservadores de la sociedad porteña debido a la presencia de desnudos completos. El proyecto original contemplaba su emplazamiento en la Plaza de Mayo, frente a la Catedral, pero las críticas obligaron a modificar esa decisión. Para la moral dominante de la época, la exhibición de cuerpos desnudos resultaba inaceptable en el corazón político y religioso de la ciudad.

La autora de esta escultura monumental fue Lola Mora, una artista tucumana que desafió las normas sociales y artísticas de su tiempo. Reconocida como una de las primeras escultoras mujeres de relevancia nacional, trabajó el mármol de manera directa y personal, algo poco habitual incluso entre sus colegas varones. Durante el proceso de montaje, utilizaba pantalones para poder moverse con soltura en los andamios, un gesto que despertó críticas y miradas escandalizadas entre quienes observaban la obra en construcción.

El traslado definitivo de la fuente a la Costanera Sur respondió, en realidad, a una forma de marginación. Luego de permanecer durante años en el Paseo de Julio, actual Avenida Alem, las objeciones persistentes derivaron en su desplazamiento en 1918 hacia una zona considerada periférica. Con el crecimiento urbano, ese sector terminó integrándose plenamente a la ciudad, y la escultura pasó a ocupar un lugar central dentro de uno de los paseos más concurridos por residentes y visitantes.

En la actualidad, la Fuente de las Nereidas cuenta con la declaración de Bien de Interés Histórico Nacional y es valorada como una pieza clave del patrimonio cultural argentino. La mirada contemporánea reconoce en ella un símbolo de libertad creativa y del talento visionario de una artista adelantada a su tiempo. Su protección mediante una estructura vidriada permite conservarla en buen estado, al mismo tiempo que mantiene vigente su presencia como testimonio de una historia marcada por el conflicto entre el arte y las normas morales de su época.