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"Comer bien, caminar más y...": un experto en longevidad reveló las tres claves para vivir más años

No se trata solo de sumar hábitos saludables, sino de reducir el impacto de la vida moderna. Alimentación sencilla, movimiento diario y relaciones reales marcan la diferencia.

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  • Vivir más y hacerlo con calidad no depende de soluciones milagro ni de hábitos imposibles de mantener en el tiempo. En un contexto en el que la salud se ha llenado de atajos, suplementos y promesas rápidas, cada vez más expertos coinciden en que el verdadero impacto está en lo básico: aquello que funciona, pero que a menudo incomoda porque exige constancia y un cambio real de estilo de vida.

    El periodista, escritor e investigador Dan Buettner lleva más de dos décadas estudiando las denominadas zonas azules, regiones del mundo donde la esperanza de vida es especialmente elevada y la proporción de personas centenarias supera la media. Entre ellas se encuentran lugares como Cerdeña, Okinawa, Icaria, Loma Linda o la península de Nicoya, comunidades que comparten una serie de rasgos comunes que ayudan a explicar su longevidad.

    Según explica el propio Buettner en uno de los últimos vídeos compartidos en su perfil de Instagram, estas zonas no destacan únicamente por lo que comen sus habitantes, sino también por aquello que han conseguido evitar. Se trata, en su mayoría, de pequeños pueblos o entornos donde la vida diaria está configurada para caminar de forma natural y donde la modernización ha llegado de manera más lenta y controlada.

    Cuáles son los tres pilares para vivir más según un experto en longevidad

    En estos lugares, la comida ultraprocesada apenas tiene presencia y la dieta se basa en productos sencillos, de proximidad y poco transformados. Tampoco existe una dependencia constante del coche, lo que favorece que el movimiento forme parte del día a día sin necesidad de entrenamientos específicos. Caminar no es una actividad extra, sino una consecuencia lógica de cómo están organizados estos entornos.

    Otro de los factores clave que señala el investigador es la conexión social. Al no estar completamente absorbidas por la tecnología y las redes sociales, las relaciones cara a cara siguen ocupando un lugar central en la vida cotidiana. Conversar, compartir tiempo y mantener vínculos estrechos forma parte de la rutina, algo que tiene un impacto directo tanto en la salud mental como en la física.

    Para Buettner, la longevidad no consiste solo en sumar hábitos saludables, sino en reducir la exposición a algunos de los elementos más característicos de la vida moderna. Menos ultraprocesados, menos sedentarismo, más caminatas y relaciones reales parecen marcar la diferencia a largo plazo.

    El mensaje final es tan simple como poco espectacular: priorizar una alimentación natural, moverse más a lo largo del día, dormir lo suficiente, gestionar el estrés y cuidar los vínculos personales. Todo lo que se aleje de estas bases puede añadir complejidad innecesaria y, paradójicamente, jugar en contra de la salud. Porque, en longevidad, más no siempre es mejor.

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