Cuidado: la guerra en Medio Oriente puede hacer más frágil a la Argentina

¿Cómo impacta en nuestro país este conflicto bélico? Por tres canales simultáneos con efectos diversos.

Si hoy escuchás “Medio Oriente” y pensás que a la Argentina le queda lejos, estás equivocado: no es un tema geográfico, es un tema de precios y de rutas.

En estos días, el conflicto escaló con ataques de EE.UU e Israel sobre Irán y la respuesta iraní en varios países de la región. El mercado reaccionó como suele reaccionar: subió el precio del petróleo (a hoy supera los USD 80 el barril) y volvió al centro un concepto clave: riesgo de interrupción de oferta.

El punto neurálgico es el Estrecho de Ormuz: un “cuello de botella” por donde pasa una porción enorme del comercio energético mundial. Por allí transitan 25% del comercio mundial de petróleo transportado por mar, ~20% del consumo global de líquidos petroleros y 20% del comercio mundial de Gas Natural licuado. Si ese paso se encarece o se corta, no sólo sube el barril: sube el costo de asegurar, transportar y financiar.

Ahora, ¿cómo entra Argentina en esta película? Por tres canales simultáneos con efectos diversos:

  • Primero hay que entender que el sector energético aportó un superávit de USD 7.815 millones. Esto, en un shock de petróleo al alza, puede mejorar la “caja externa” (más dólares por exportaciones).
  • Pero cuidado con el segundo efecto: si suben fuerte petróleo y derivados, suben combustibles, logística y costos y eso presiona la inflación local. Recordemos que todos los bienes que se comercializan tienen en sus costos el combustible, ya que todo bien para llegar al mercado tuvo que trasladarse.
  • Por último, también la escalada militar trae mayor incertidumbre y eso puede traducirse en más prima de riesgo, más tensión cambiaria y más volatilidad, justo cuando la economía argentina tiene mas bienes importados por ende que las variaciones del tipo de cambio se puede filtrar mas rápidamente a precios.

En conclusión: Argentina puede ganar dólares por energía, pero perder poder de compra si suben combustibles y se tensa el tipo de cambio. En un país con inflación alta, ese equilibrio se vuelve frágil. Por eso Medio Oriente no es un tema externo: es un factor doméstico.

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