No fue un domingo más para la vida de ambos. Con el transcurso del tiempo, que a veces afecta a la memoria y esquiva detalles, los dos recordarán este momento en la noche de Florencio Varela. Uno, en el Día de las Infancias, tuvo el mejor de los regalos: fue a ver a su equipo, Defensa y Justicia. El otro, Ezequiel Unsain, soñó con un triunfo histórico ante Boca y en el momento de mayor desazón recibió el cariño genuino de un niño.
El árbitro Silvio Trucco pitó el final del encuentro. De un lado, la delegación xeneize festejó el triunfo agónico con un gol de Luis Vázquez en el minuto 47 del segundo tiempo. Esa alegría -que incluyó un gran desahogo- se contrastó con el sentimiento que invadió a los futbolistas del Halcón de Varela. Uno de los más afectados por la derrota fue Unsain, capitán del equipo.
El arquero entrerriano de Defensa y Justicia se arrodilló en el campo de juego y se tomó la cabeza. No paraba de lamentarse por el tanto que metió Boca en tiempo adicional. ¡Si hasta le dio golpes al suelo! Un dolor deportivo porque su equipo se quedó sin nada, cuando mereció quedarse con -al menos- un punto. Y en el medio de esa sensación de vacío, se llenó de la energía más potente, el amor.
De repente, un chico invadió el campo de juego y corrió directamente hacia el corazón del área grande. Allí estaba Unsain lamentándose por la caída. No entraba en razón. Y allí estaba ese chiquilín, que se arrodilló enfrente suyo para darle un abrazo y hacerle una caricia afectuosa en la espalda. Fue una contención necesaria para que el arquero bajara las revoluciones y que, a pesar de una derrota, sea consciente de que cuenta con lo más importante, el premio más maravilloso para un futbolista: el cariño y la admiración de un fiel seguidor.
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