Ezequiel Irustia jugaba al fútbol y trabajaba como administrativo en una empresa. Un día cualquiera fue a visitar a su abuelo por su cumpleaños y su vida nunca más volvió a ser la misma.
Un día salió de su casa y volvió sin sus piernas: la historia de Ezequiel Irustia
El capitán de la selección de paravoley contó cómo es que un accidente automovilístico no solo le cambió la vida, sino también la forma de verla.
"Antes de subir la General Paz pasamos a cargar combustible. Me pusieron uno que no era y a unos metros de la subida, el auto se detiene. Yo hago lo que hay que hacer, que es sacar el kit con balizas y una persona alcoholizada me embistió desde atrás", narró en diálogo con C5N.
El joven perdió sus dos piernas prácticamente en el acto, aunque a una de ellas pudo salvarle la rodilla, algo que él define como algo importantísimo para su vida diaria.
"Una vez que me chocan, afortunadamente la ambulancia llegó muy rápido. Una vez que llegué al hospital me amputaron las piernas. Si bien después del accidente estaba al caer, ahí se terminó de realizar la intervención. Estuve cuatro días en terapia, me trasladaron a una clínica en Palermo y ahí me hicieron varios toilettes quirúrgicos porque como había sido un accidente en la vía pública podía tener infecciones, además tenía fractura de fémur", manifestó.
Sin embargo, esta nueva etapa en su vida no lo venció: "Apenas me desperté y me vi, pensé que era un propósito de Dios y que tenía que enfrentarlo. Yo siempre digo que tengo dos caminos, o me quedo o sigo. Quedarme a mitad de camino iba a ser engorroso para mí y mi familia. Y cuando digo a mitad de camino, me refiero a estar depresivo. Que puede pasar, no está mal".
Dentro de ese camino, Ezequiel reconoció haber encontrado "una fe que no sabía que tenía", lo que lo ayudó a ver su discapacidad como algo más. "Me costaba verme, me decía a mí mismo: 'Mirá cómo terminé. Fui a ver a mi abuelo y a los dos días volví a mi casa en silla de ruedas. Hay días que son mejores, otros peores, pero decidí poner todo lo que tenía para recuperarme".
Después de haber pasado por un período de adaptación a la silla de ruedas, que implicó hasta la modificación de su propia casa y de sus propios hábitos, llegaron las prótesis. Las que lo harían poner de pie. "Ponerme de pie me devolvió la alegría", contó.
El paravoley, el deporte que le devolvió las ganas de vivir
Ezequiel llegó al paravoley casi como por obra del destino. O mejor dicho, de un desafío que le propuso una enfermera: "Como me vio bien, me dijo que probara el deporte y yo le dije que sí, pero que si me traía una hamburguesa porque hacía varios días que estaba comiendo comida de hospital y ya estaba un poco cansado, je".
"El vóley, y más el adaptado es rehabilitación. Es enseñarte a vivir", dijo. El shock más grande se lo llevó cuando llegó al Club Oeste de Caballito, donde vio a 12 jugadores más que eran amputados como él: "Eso fue fuerte porque me hizo caer, como con un baldazo de agua fría, en que era esa mi realidad".
Sin embargo, la calidad humana de sus compañeros fue lo que lo impulsó a sumarse a querer entrenar todos los días. Y así creció dentro del paravoley, una disciplina que forma parte de su vida: "Volví a tener sueños después de haber creído que todo estaba perdido. Es un deporte que no me larga y parece que no me va a largar por mucho tiempo".
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