Desde el día 1, Demichelis mostró sus convicciones, con declaraciones honestas, que expusieron su forma de ser y conducir. Ubicado, sobre todo en la lógica comparación con Gallardo, no se mostró lejos de su línea pero tampoco querían ser como él. Y así se hizo camino al andar. Al principio, buscando una identidad como equipo y una formación base, fue andando a los tumbos, con victorias que dejaron dudas (Banfield por Copa Argentina y Argentinos por Liga Profesional) y derrotas que preocuparon (Belgrano en Córdoba y Arsenal en casa).
Esta última, a fin de febrero, fue un partido bisagra. Fue la noche en que terminó de quedar claro que el equipo estaba desbalanceado, que era un peligro atacando pero también defendiendo. Tras horas de reuniones y análisis con su cuerpo técnico, Micho supo que había que cambiar, que así no se podía seguir. Primer virtud: sus reflejos y pragmatismo. “Tengo una idea, pero si no funciona con estos intérpretes, cambio y busco otros”, puede ser un pensamiento resumido. El ex Bayern Münich no pensaba morir con las botas puestas…
Ahí hizo retoques importantes luego de sacar conclusiones. Enzo Pérez estaba demasiado solo en mitad de campo. Ubicar a Nacho Fernández de doble cinco, para hacerle lugar a Paradela en el 11 inicial -por su muy buen arranque de año-, no era lo mejor. El capitán necesitaba ayuda, sobre todo en la contención y ocupaciones de espacios. Solari, por izquierda, no iba más y el doble 9 quedaría archivado sólo para algunos momentos. Primero intentó con De la Cruz, pero Nico, si bien es un motor incansable que participa mucho en la recuperación, es “desordenado” por naturaleza. Le gusta jugar libre, aparecer por acá y por allá, y no parecía encajar para armar sociedad con Enzo, porque además se perdía su esencia, de ir para adelantar, romper líneas y llegar al gol. Enzo necesitaba al lado a alguien más posicional, sin perder juego.
Y ahí encontró a Rodrigo Aliendro, probablemente el mejor jugador de River en estos cuatro meses. El Peti hace todo: ocupa espacios, retrocede, roba, la pisa, piensa, tiene visión, la pasa bien y hasta pisa el área. Un jugador de la vieja guardia adaptado al fútbol moderno. La otra gran decisión fue poner a Barco. El ex Independiente, ubicado más por izquierda aunque con libertades para moverse, colabora también en ambas facetas por su ritmo y velocidad. Sus slaloms, que antes despertaban murmullos por ser previsibles y terminar con malas decisiones, hacen hoy parar a todos en las plateas. Con ellos, el equipo tiene desequilibrio, imprevisibilidad y también sirven para descansar cuando el resto se para. Porque Barco nunca para.
En ambos casos vimos el mérito de Micho: no se casó con nadie ni con nada, puso a los que mejor vio y así armó este River de volantes -complementarios- que apabulla rivales, sobre todo en el Monumental, con pases, rotaciones y triangulaciones que permiten profundidad, llegadas y goles. Un equipo que vive por la pelota. Que la quiere, que la tiene y que cuando no, muestra un enorme voracidad por recuperarla. “Desde la pelota, todo. Y me encanta ver a este River donde todos la quieren, para jugar y divertirse”, cuenta quien cuenta haber descubiertos los conceptos de posesión de cuando tuvo a Louis Van Gaal en el Bayern y luego hizo un master al ver a los equipos de Guardiola.
Hablamos de un técnico que, además de pregonar una idea, supo leer muy bien los contextos y momentos para cambiar y adaptarse, y luego tuvo la personalidad y determinación para meter mano, sin pensar en apellidos ni en esquemas fijos. Hay que pensar que empezaron jugando Mammana y Enzo Díaz como central, Paradela, Solari y Borja, pero hoy están Paulo Diaz, Casco de 4, ese Enzo en su posición natural, entraron Aliendro, Barco y Beltrán, seguramente los tres de mejor rendimiento en su gestión. A todos les dio chances y recuperó a varios, algunos desde el ostracismo, como a González Pírez, y a otros les potenció el nivel como a Aliendro, Barco, De la Cruz, Nacho -a quien esperó tras un comienzo lento- y Beltrán. Incluso a Herrera. Y a los que tuvieron bajones, como Paulo Diaz y Armani, los volvió a levantar con su confianza. Ahora sostiene a Casco, que no está en el nivel que lo hizo top. Lo mismo ha pasado con los sistemas: de un 4-3-3 pasó a un 4-5-1 que a veces muta a un 4-2-2-2. Un equipo versátil.
Todo esto, que se ve, se complementa con un muy buen clima interno de trabajo. Demichelis vino a traer otros aires, sin perder exigencia. Luego de siete años de Gallardo, tan exitosos como estresantes, el ex central vino con otro perfil, más jugadorista, más cercano a los protagonistas. El Muñeco era bravo y, en el último tiempo, no tenía paciencia… El clima ya no era el mismo y el cambio, en ese sentido, vino bien. Ahora hay otra cordialidad y mayor distensión, sin caer en el extremo… Algo que, sobre todo los más veteranos, necesitaban. Y por eso las demostraciones de cariño y respeto, en privado y en público. Y por eso el apoyo, sin chistar, a sus decisiones. No es fácil, por caso, sacar a Enzo. Y Demichelis lo hizo, cuando no lo vio tan bien tras su regreso de la lesión. Sacar a nombres pesados no es fácil. Es más fácil decir que “juegan los que están mejor” que hacerlo. Pasa en otros clubes grandes del país… “Tengo claro que no todos están contentos porque no juegan, pero ser parte de un club tan grande como River no ofrece lugar para todos y hay que tener un umbral muy alto hacia la competitividad interna. ¿Cómo? Siendo buenos compañeros y buenos profesionales”, contó en La Nación.
Micho prioriza lo colectivo y no se casa con nadie. “Como entrenador hay cosas que no voy a transar jamás. El respeto, el esfuerzo, el sacrificio, la puntualidad, la organización, todas esas características con las que me formaron como jugador y persona, y ahora me están formando como técnico”, admitió cuando llegó. Una declaración de principios. En este caso le vino bien rodearse de ex jugadores, como Pinola y Lux, que estuvieron antes, que saben cómo gestionaba Gallardo y conocen el vestuario. Ellos lo van guiando y Micho ejecuta desde sus convicciones. Francescoli habló de la importancia de Pinola, por caso.
“Se ha preparado para este momento: hizo el curso de técnico y tiene, desde hace más de tres años, un ida y vuelta con Martín por haber jugado ambos en Alemania. Y me pareció que estaba bueno porque era una manera que Martín conociera más rápido a nuestro plantel y que se sintiera más cómodo. Fue así de simple”, relató. Hoy ambos, que son muy alemanes y muy argentinos a la vez, se complementan muy bien, junto a Lux y el Flaco Saccone.
Sus prioridades, igual, están y no se negocian, aunque sin exagerar. Hace poco se dijo que tenía prohibida las harinas en el plantel pero no es así. En realidad, no se limitó ni quitó ningún hidrato de carbono compuesto ya que representa una de las fuentes principales de alimento para este tipo de deportes. Lo que sí se hizo fue una segmentación para los que son intolerantes al gluten. Sí es verdad que cada uno de los integrantes del plantel posee una cantidad determinada de ingesta, dependiendo de su necesidad. La intención no es que estén a dieta, sino que se alimenten de la manera correcta y que posean la cantidad de calorías diarias para cada composición corporal y demanda individual. Lo único que está vetados son los fritos, embutidos y las bebidas gaseosas. Se fomenta que siempre haya de arroz, pescado, carnes magras, fideos, verduras y frutas. También leche deslactosada, de almendra o de soja. La idea es que cada uno pueda hacer la adecuación y pueda cumplir con sus necesidades.
Martín Demichelis
Instagram: River Plate
Un entrenador que, como se dijo, no tuvo miedos en tomar un fierro caliente y ha logrado plasmar una idea futbolística en poco tiempo. Es verdad, también, que ha tenido errores que le han servido de lecciones. Hablamos de algunas decisiones de un DT novato que está haciendo sus primeras armas pero rápidamente salió airoso, con retoques y aprendiendo de los errores.
Los principales errores llegaron en la Copa Libertadores, siempre compleja y muy distinta a un torneo largo como el nuestro. Primero no fue ideal el planteo, de igual a igual, en la altura de La Paz, que se sufrió con un 1-3. Luego fue peor aún lo de Brasil, los cambios en Río de Janeiro que desestabilizar al equipo, ya perdiendo 1-3, y se pagó con un doloroso 1-5. Luego en Perú en aquel 1-1 ante el Cristal que pudo terminar en derrota, si no era por el gol de Aliendro y la salvada final de Armani. Las rotaciones ante Atlético Tucumán -empate que pudo ser derrota- y Barracas Central -caída inapelable- se debían hacer…
El balance, sin embargo, es ampliamente positivo, sobre todo pensando que son sus primeros seis meses como entrenador de un equipo mayor y siendo River, su River, en la era post Gallardo. Porque gana, gusta, el estadio se llena, como él soñaba, y especialmente porque pudo aprender y salir muy bien de los malos momentos, como aquella primera fase de copa, en la que recibió 10 goles en tres partidos. Ganó los dos partidos del semestre y lo hizo con autoridad y convicción. Boca casi no le pateó el arco en el clásico y Fluminense sucumbió ante al abrumador juego del equipo. En ambos duelos se vio un equipo muy intenso y agresivo, para jugar pero también para marcar. Mente fría y corazón caliente para generar, convertir y no recibir goles.
Le dio una identidad al equipo, se nota que los jugadores lo quieren tanto como respetan. Posiblemente el tener otro trato con el jugador tal vez aflojó las tensiones que un ciclo tan exigente y largo como el del Muñeco había generado en el final… Con su estilo, con su impronta, sabiendo qué mantener y en qué cambiar, fue inteligente Micho. También se mostró pragmático. No se casó con ningún esquema, con ningún jugador, supo leer situaciones, aprender y retocar para tener hoy el mejor equipo del país. Y la gente se lo reconoce… “Siempre digo que acá ganamos, empatamos y aprendemos. Cada derrota nos hizo tomar notas y nos hizo más fuertes. Este equipo me llena de orgullo”, admitió.
Micho compartió algo del secreto para tomar este fierro caliente y no quemarse. “No tengo redes sociales, me levanto a las 5.30 y me voy para River Camp, vuelvo a la noche, estoy un rato con mi mujer y mis hijos, donde en ese momento no prendo el televisor -a menos que sea por un partido- ni la computadora. Me entero muy poco del exitismo. No ando buscando el qué dicen. Capaz me entero por cantidad de amigos y familiares que están disfrutando de este River y me transmiten su felicidad”, comentó en una conferencia de prensa. Una persona que sabe lo devorador que puede ser el Mundo River, que supo ponerse guantes de amianto para tomar el fierro caliente y que hoy sorprende por su gestión al frente del equipo.
“Muchos me preguntaron ‘¿vos sabés dónde vas? Mirá que la vara está muy alta, mirá que el país… Sí, sabía todo. Pero yo nunca dudé de que estaba capacitado”. Firma: Martín Demichelis. El Tincho de Justiniano Posse.