Genio y excéntrico, a los 14 años Bobby Fischer ya era el campeón de ajedrez más joven de la historia de Estados Unidos. Al año siguiente conseguía el título de Gran Maestro y en plena Guerra Fría viajó a Reikiavik (Islandia) para disputar con el ruso Borís Spasky la que se denominó como la Partida del Siglo.
Una partida que fue mucho más que un match de ajedrez, en la que llegó a intervenir la Casa Blanca y el Secretario de Estado Henry Kissinger.
Fischer fue visto como el enviado que podía obtener una victoria resonante contra el mayor enemigo de esos tiempos. Y lo logró.
Pero lo que vino después estuvo lejos de ser el camino de un héroe. Los mismos que lo llevaron a la cima lo olvidaron. Pero Fischer no se olvidó de ellos.
Aislado del mundo, sus presuntos problemas mentales lo convirtieron en una figura errática y evasiva. Pesaba sobre él un pedido de captura internacional y se refugió en Islandia, el escenario del gran momento de su vida. Allí murió, a los 64 años.