La leyenda continúa: el nuevo hito de LeBron que engrandece su legado

El Rey vive de desafíos y en esta temporada superó otro, improbable, tras una primera parte de campaña mala de los Lakers. Desde este martes enfrentará a Denver Nuggets, buscando su final N° 11 en 16 años.

El 12 de junio del 2011 fue, seguramente, el peor día de la carrera deportiva de LeBron James. Y, a la vez, el click que necesitaba para modificar el rumbo de lo que hasta ahí eran ocho temporadas brillantes en lo individual, pero sin poder lograr el objetivo máximo. Tres semifinales de conferencia, una final del Este y una de la NBA no habían alcanzado y el Rey, hasta ahí sin corona, había decidido ponerle fin a su época en Cleveland, su casa. Hubo quemas de camiseta de hinchas enojados y una narrativa en su contra. “No puede llevar a los Cavs al título, se va a Miami porque ahí tendrá a Wade y Bosh. Toma el camino más fácil”, le criticaron cuando anunció su partida en 2010.

La experiencia en el Heat no pudo iniciar peor. En la primera temporada, llegó justamente a la definición pero aquella serie terminó significando una gran lección para LeBron y el equipo. Un verdadero baño de humildad. Los Mavs, con una sola estrella, Dirk Nowitzki, vencieron en la final a un equipo que tenía tres, logrando una de las más grandes sorpresas que se recuerden. Para colmo, además de perder una segunda final, la imagen que se viralizó fue la de LeBron -junto a Wade y Bosh- burlándose de Nowitzki en la previa, alegando que exageraba una supuesta enfermedad. El alemán jugaría toda la serie y terminaría con el anillo en su dedo, mientras James cerraría la eliminatoria con un partido pálido (21 puntos, 6 rebotes y 4 asistencias) y promedios indignos (17.8 puntos y 4 pérdidas) para una figura de su calibre. Un golpe a su ego pero, a la vez, una lección. Para él y sus compañeros.

LeBron la aceptó y volvió más fuerte. Y al año siguiente, en 2012, llegó su ansiado primer título, venciendo a Oklahoma City en la final. Ya en 2013, con otra confianza y madurez, repitió ante los Spurs, en una final que tal vez debió perder, si no era por aquel triple agónico de Ray Allen en el Juego 6... La derrota en la siguiente definición, cuando San Antonio se tomó revancha, no fue tan dura porque, a esa altura, James era el nuevo protagonista de un dominio de la NBA que se extendería en los años siguientes, ya con los Cavs, en aquel regreso a Cleveland que sanó las heridas con su gente.

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LeBron pasó de recibir palos de todo tipo a sentarse en la mesa de los cuatro grandes.

LeBron pasó de recibir palos de todo tipo a sentarse en la mesa de los cuatro grandes.

El Rey llegó a ocho finales seguidas, logrando un título más, el del 2016, el más sabroso para él. Y el más épico, claro. Primero por haberle dado el esperado festejo a su gente, una ciudad que no tenía un campeón en el deporte profesional desde 1964. Segundo por la forma en qué lo hizo -primer equipo en dar vuelta una final que perdía 3 a 1- y tercero, por el rival, aquellos Warriors que habían batido el récord de triunfos de los Bulls de Jordan y ya estaban en el debate por ser el mejor equipo de la historia.

Así, casi de repente, en apenas cinco años, LeBron pasó de recibir palos de todo tipo a sentarse en la mesa de los cuatro grandes, con Jordan, Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar.

La decisión tomada en 2019 de jugar en los Lakers y en Los Angeles le agregó un nuevo desafío a su carrera. Y otro capítulo mediático, claro. La tradicional franquicia llevaba diez años sin títulos y LeBron, tras una temporada inicial sin clasificar a playoffs, volvió por sus fueros y se lo dio, en aquella recordada burbuja de Orlando, durante la pandemia, nada menos que igualando a los Celtics en la cima de los equipos más ganadores con 17.

Parecía hecho el Rey, a los 35 años, ganando el anillo con un tercer equipo, y ya pudiendo debatir por el cetro máximo, el GOAT, con MJ. Pero James siempre va por más. Así fue que se mantuvo en una envidiable forma física buscando algo más, engrandeciendo su legado con números impactantes para la edad. Pero, en realidad, no parecía haber chances concretas de volver a pelear un título. La salida en primera ronda de playoffs en 2021 y la no clasificación a la postemporada en 2022 ratificaron que los Lakers no tenían lo suficiente para acompañar a LeBron en otra gesta histórica.

Y así quedó claro en la primera mitad de esta temporada, cuando el equipo arrancó con récord de 2-10 y estuvo 25-31 para febrero, ocupando un ridículo puesto N° 13 en el Oeste. Parecía muerto. Y sus chances de playoffs. James pidió cambios, la gerencia reaccionó a tiempo y metió 27 en total, casi sobre el límite de los traspasos. Una locura. Se fue Russell Westbrook, la figura que llegó en un experimento que, se intuía, no serviría. Y, en su canje a tres bandas, que incluyó ocho jugadores y cinco picks de draft, llegó D’Angelo Russell. El conjunto reaccionó con los cambios y terminó la fase regular con racha de 18-9. Así llegó a playoffs. Con lo justo pero llegó. Y un equipo con LeBron y Anthony Davis, en ascenso y con una fuerte tradición detrás, es peligroso.

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James siempre va por más.

James siempre va por más.

Memphis puede dar fe. El nuevo equipo sensación, N° 2 de la fase regular con el volador Ja Morant como bandera, era favorito pero no pudo bancar la presión que sí soportaron LeBron y compañía. Una serie que tuvo el condimento de una bravuconada que terminó perjudicando al equipo más inexperto y beneficiando al más veterano. Dillon Brown, el bocón de los Grizzlies, dijo que no respetaba a LeBron, que estaba viejo… Peor error, imposible. Si el Rey necesitaba más motivación, la obtuvo de su rival. Los Lakers terminaron ganando la serie con un último partido épico, por 40 puntos. Justo la cantidad que Brooks había mencionado. Karma.

Luego llegó el campeón, el equipo de la última década, el de Steph Curry y su tridente histórico. Pero los Lakers ya estaban en dinámica positiva, con otra energía y confianza. Y jugaron mejor ante un rival con mucha calidad pero muy irregular, que no se bancó la agresividad física y concentración de los LeBron boys. El Rey volvió a crecerse en los momentos más calientes, como en el Juego 6, cuando los angelinos necesitaban cerrar la serie para no volver a San Francisco. Fueron 30 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias, casi un triple doble. Un nuevo hito, transformando esta campaña de los Lakers en una de las historias deportivas más improbables de los últimos tiempos, si pensamos cómo estaba el equipo a mitad de campaña. Y, claro, haciendo aún más grande a LeBron, si es posible a esta altura.

Claro, LeBron no estuvo solo. Bien Darvin Ham, el coach que estuvo en la cuerda floja. Ni hablar de Anthony Davis, la nueva estrella del equipo. Porque, sabemos, LeBron es decisivo, pero la diferencia la hace este pivote versátil capaz de hacer cualquier cosa, especialmente dominar desde la defensa. En el Juego 6 sumó más rebotes (20) que puntos (17). D’Angelo Russell hizo lo que se esperaba cuando llegó, meter puntos (19), ser una nueva arma para sacarle presión a la dupla. Tremendo estuvo el pibe Austin Reaves (23-6-5), con su pinta de escribano. Y también volvió a destacarse Lonnie Walker IV (13), el héroe del Juego 4, con 15 en el último cuarto. También aportó el japonés Hachimura y el resto no se quedó atrás. Un trabajo de equipo.

Claro, sin LeBron no hay nada. El Rey ya suma 12 finales de conferencia, 10 finales en total y en solo cuatro años no ha jugado playoffs. Tan grande es que es más probable que juegue una final NBA (50% de chances) que meta un tiro de campo (49.5).

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Ahora tocan los Nuggets de Nikola Jokic.

Ahora tocan los Nuggets de Nikola Jokic.

Ahora tocan los Nuggets de Nikola Jokic, la estrella contracultural que domina desde su calidad técnica, desde su visión de juega, esa estrella distinta va en contra de las estrellas estadounidenses. En estos playoffs promedia 30.7 puntos, 55% de campo, 12.8 rebotes y 9.7 asistencias. Casi un triple doble. El duelo con Anthony Davis será para alquilar balcones. O plateas de primera fila, que ante Golden State se vendieron en 30.000 dólares y estuvieron repletas de estrellas, como Jack Nicholson, las hermanas Karsashians, Bad Bunny con su novia Kendal Jenner, Lewis Hamilton y Elon Musk, entre otras.

El serbio está mejor rodeado que nunca. Aquel equipo donde supo estar nuestro Facu Campazzo, pero ahora más maduro, más completo, con el regreso en alto nivel de Jamaal Murray (25.9 puntos, 6.5 asistencias y 6.2 rebotes), la explosión de Michael Porter Jr (14.5 y 7.5 recobres), la potencia de Aaron Gordon (13.1 y 6.1) y el aporte del resto. Viene de eliminar con claridad al Phoenix de Durant y Kevin Booker, por 4-2, y vuelve a la final del Oeste tras tres temporadas. Tendrá ventaja de localía y, en las casas de apuestas, será favorito.

¿Pero quién se atreve a apostar en contra del Rey? Porque a los 38 años, la leyenda de LeBron continúa…