La Conmebol se pronunció oficialmente por primera vez desde que estalló la crisis en la FIFA a raíz del proyecto FIFA Forward Enterprise (FFE). A través de un comunicado titulado "Primero está el fútbol", la confederación presidida por Alejandro Domínguez informó que inició un proceso de consultas con sus asociaciones miembro y convocó a una reunión de su Consejo para evaluar la propuesta con "responsabilidad y rigor". El ente sudamericano solicitó a la entidad madre del fútbol mundial información adicional y aclaraciones sobre el alcance, la estructura y la gobernanza de esta iniciativa comercial.
El polémico plan impulsado por Gianni Infantino consiste en una reestructuración comercial profunda que trasladaría la gestión de negocios y eventos, incluyendo la Copa del Mundo, a una empresa subsidiaria controlada por la FIFA. La propuesta contempla la venta de entre un 20% y un 30% de esta nueva entidad a inversores privados. Entre los principales interesados destaca el empresario Joshua Kushner, vinculado a la familia de Donald Trump, lo que ha sumado controversia al proyecto valorado en unos 20.000 millones de dólares.
"Entendemos que el desarrollo del fútbol requiere decisiones de carácter comercial y financiero. Sin embargo, dichas decisiones deben estar siempre al servicio del fútbol y nunca por encima de su esencia", expresó la confederación liderada por Alejandro Domínguez en el comunicado. Además, añadió: "La CONMEBOL continuará actuando con prudencia, responsabilidad y espíritu de colaboración, contribuyendo al fortalecimiento del fútbol mundial exclusivamente a través de los canales institucionales y de los principios de buena gobernanza"
La postura de Conmebol surge en medio de una "guerra a cielo abierto" entre la FIFA y otras confederaciones. La UEFA ya expresó un rechazo rotundo, llegando incluso a amenazar con un boicot a las competencias organizadas por la casa madre del fútbol mundial. A este bloque opositor se sumaron la Concacaf y la Confederación Asiática (AFC), quienes exigen que la FIFA utilice sus propias reservas financieras para el desarrollo del deporte en lugar de privatizar su patrimonio.
Desde la FIFA defienden el modelo asegurando que permitiría a cada federación miembro acceder a 20 millones de dólares de financiación durante los próximos cuatro años. Infantino sostiene que invertir hoy traerá resultados mañana y que la FIFA siempre conservará la participación mayoritaria en la nueva entidad. No obstante, la Conmebol fue enfática al advertir que, si bien el desarrollo requiere decisiones financieras, estas deben estar siempre al servicio de la esencia del fútbol y nunca por encima de ella.
El futuro del proyecto de Infantino es incierto, ya que requiere una mayoría simple de al menos 106 votos de las 211 federaciones miembro. Actualmente, el bloque integrado por la UEFA, Concacaf y la AFC reúne a 136 federaciones, superando ampliamente el umbral necesario para frenar la iniciativa. En este escenario, la posición que adopten finalmente las 10 asociaciones de la Conmebol será determinante para definir si la FIFA avanza hacia la privatización o mantiene su esquema tradicional de gestión.