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El infantil error de Demichelis que le costó la confianza del plantel de River

¿Qué pasó y cómo reaccionaron los referentes? "Esto no tiene remedio, una de las partes debe irse", asegura una fuente. Otra es más positiva. La desesperación por explicar, convencer y sumar apoyo de un DT que demostró inexperiencia, más allá de aciertos futbolísticos.

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  • Hay cosas que, en el fútbol, no se hacen. Y, por ende, se pagan. A veces caro. Hablar con periodistas, mandando al frente -y culpando- a tus jugadores y más todavía si son referentes y héroes -de Madrid y tantas cosas más-, luego de una derrota pesada, es algo prohibido en el manual del fútbol. Y más en el argentino.

    Eso es, lamentablemente, lo que hizo Martín Demichelis. Una novatada. Innecesaria. Un modus operandi que aconsejó Ricardo Dasso, el jefe de prensa -y amigo- que eligió al llegar al club y que viene siendo criticado puertas adentro, y al que el entrenador siguió, desnudando su desesperación por explicar todo. Es de técnico -y periodista- rookie creer que si hablás con un grupo de periodistas, en un aeropuerto, y das sentencias duras, contra gente importante, eso va a quedar en un off. Es una debilidad del entrenador, está claro. O una carencia que busca tapar.

    Desde un primer momento se vio esa necesidad de Micho de agradar, de buscar respaldo y reconocimiento. Una característica que quedó expuesta tras el triunfo agónico ante Boca. Un sorprendente raid mediático hizo el head coach -cuando todavía no había ganado nada-, explicando cómo estaba haciendo olvidar a Gallardo. Con detalles increíbles, de táctica, estrategia y psicología. Algunas anécdotas cayeron simpáticas y levantaron su capacidad, pero el que conoce del fútbol argentino supo que un exceso...

    Fue la primera vez pero no la única en la que Demichelis habló. Y mucho. Demasiado. Al Kaiser de Justiniano Possele le aplaudieron inicialmente esa verborragia, la de un tipo transparente, con ganas de contar, explicar, ilustrar a la gente, pero de repente algunos excesos empezaron a inundar las redes, casi en formatos de memes, como cuando dijo que Rondón estaba mal porque le había costado hacer el DNI y que tenía dificultades diarias para entrar a Nordelta porque era extranjero. Como justificando la falta de adaptación de venezolano al fútbol argentino. Se entendió el punto, a lo que se refería, pero los ejemplos parecieron exagerados, como de alguien que vive en un raviol. ¿Era necesario ir a los ejemplos para explicar la falta de rendimiento del delantero?

    Hubo más, pero como muestra vale un botón… Para explicar esas ganas extremas de explicar todo. Algo que terminaba exponiéndolo más. Tal vez por falta de autoestima, quizá la sombra de de Gallardo, tal vez inseguridades propias. Difícil definir los motivos…

    Lo cierto es que Demichelis desaprovechó un contexto favorable que él mismo ayudó a construir. El post Muñeco se intuía como muy difícil, casi imposible, para muchos. Pero él, con más aciertos que errores, construyó un River muy interesante. Primero su perfil cayó bien en el plantel, se ganó a los jugadores. Básicamente por sus buenos tratos, mensaje claro y algunas ideas que trajo.

    Pero, también, porque supo cambiar. El llegó con la idea de jugar 4-3-3 y la cambió al ver que su personal no daba para ello. Aquella mala racha que explotó con la caída en casa con Arsenal lo obligaron a buscar alternativas y él no tuvo dramas en cambiarse las botas.. Su equipo, lejos de delanteros, pasó a ser de volantes. Encontró un 9 de elite en Beltrán, que era el tercer 9 en su consideración, y a un volante que fue el pegamento del equipo, Aliendro, un chico que no tenía tan en los planes. También tuvo, como acierto, poner a Barco por dentro y completó el combo con ese motor incansable que es De la Cruz y esas pinceladas de talento que da Nacho. El River de los volantes desfiló y Demichelis consiguió lo más difícil: lograr un ADN en pocos meses.

    Así fue que, de repente, en pocas semanas, Micho había parido un equipazo, que ocultaba algunos de sus problemas como visitante y arrasaba en casa, aprovechando un campo de juego europeo que le daba otra marcha al equipo y una localía impactante, ya con más de 86.000 personas en cada partido. Así su equipo dominó y gobernó el torneo local, casi sin fallas, aumentando la esperanza de ganar la quinta Libertadores.

    Pero, en el plano internacional, sí se vieron las debilidades del equipo. Le faltó solidez defensiva, recibió muchos goles, varios de pelota parada, y sufrió muchísimo cuando salió lejos del Monumental -tres derrotas y un empate-. Y en muchos de estos malos resultados se vieron errores novatos del entrenador, como ir a La Paz a jugar de igual a igual en la altura, como descomponer al equipo en Río para buscar un utópico empate (sobre todo tras el 3-1) y otro tanto en Lima en la desesperación por ir a buscar un triunfo que no fue caída de casualidad. También, dentro de los cuestionamientos, estuvo ambas derrotas contra Talleres, por decisiones y elecciones de jugadores. Ojo, también corrigió bien, como ante Sporting Cristal en Núñez o en los planteos, elección de jugadores y ejecución del equipo en dos de los partidos más pesados, Boca y Fluminense en casa.

    Hasta ahí podía ser errores de los cuales se podía aprender. Se sabía que Demichelis, sin experiencia dirigiendo a equipos top, se debía hacer al andar. Pero nadie contaba con este error no forzado. Y grave. Porque la eliminación en Porto Alegre, si bien fue un mazazo interno, podía estar en los planes, por el poderío del Inter, sobre todo desde los fichajes de Rochet y Valencia. No era Nacional de Uruguay, está claro. Podía pasar lo de Brasil…

    Sin embargo, Demichelis salió a explicar. Otra vez. En esta ocasión en off. A decir que no había sido tanto su culpa, que uno estaba lento, que el otro no era el de antes, que aquel no le daba garantías, que tal tenía demasiado dolores, que esto y lo otro. Y, a la vez, empezó a adelantar a quiénes pensaba limpiar en diciembre, en un aceleramiento de la transición para sacarse de encima a varias vacas sagradas, como Armani, Milton, Enzo y Maidana, entre otros.

    No podés decir esto de tus soldados, de semejantes ídolos. Ni a tu mujer, siquiera. Demichelis violó un código de vestuario. Y ahora está encerrado, con seis meses difíciles por delante, con el vestuario resquebrajado y con una sola competencia, la local, por delante. ¿Podrá capear el temporal? ¿O puede irse?

    “Esto no tiene solución, alguna de las parte se tiene que ir. El o los referentes”, asegura quien conoce muy bien los pasillos del Monumental y está en el día a día. ¿Será tan así? Ya hubo una charla entre los más pesados y el entrenadores, pero no limó tantas asperezas como podía soñarse. Los jugadores se sienten traicionados por la forma en que operó -y opera- el entrenador, a quien creen que tiene la suficiente experiencia -habiendo sido jugador- para no cometer un error así. Habrá que ver si realmente deciden darle una nueva oportunidad.

    La pelota ahora la tienen todos los protagonistas de esta historia. ¿Podrán superar esta situación?

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