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A 50 años del asesinato de Ringo Bonavena: la oscura trama de mafia y prostitución detrás de su muerte

El 22 de mayo de 1976, el boxeador argentino apareció muerto en un prostíbulo de Nevada, tras recibir un disparo en el corazón. Para la Justicia fue un homicidio involuntario. Cinco décadas después, la historia sigue cargada de dudas y sospechas.

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  • La noche del 22 de mayo de 1976 encontró a Oscar “Ringo” Bonavena a más de 10 mil de kilómetros de Parque Patricios y demasiado lejos de sus años de gloria. El hombre que había llenado el Luna Park, que había peleado contra Muhammad Ali y que se había convertido en uno de los personajes más populares de la Argentina, estaba ganando y perdiendo dinero en una mesa de un casino en Nevada. Afuera, el desierto era una extensión negra e infinita. Adentro sonaba el ruido de las maquinas tragamonedas, música alegre y conversaciones que nacían y morían entre copas y humo de cigarrillo.

    El juego se interrumpió cuando sonó un teléfono. Nunca se supo quién estaba del otro lado de la línea ni qué palabras exactas escuchó Bonavena. Lo que sí quedó registrado fue la reacción. Ringo se levantó de golpe, abandonó el casino y salió apurado hacia el estacionamiento. Se subió a su auto y manejó rumbo al Mustang Ranch, el prostíbulo más famoso de Estados Unidos. El lugar pertenecía a Joe Conforte, un hombre que había construido un imperio alrededor de la prostitución y que se movía entre empresarios, políticos, policías y personajes demasiado acostumbrados a operar en zonas grises. A llegar al lugar una bala atravesó el corazón del argentino.

    Ringo

    Según la versión oficial, Ringo había llegado armado al Mustang Ranch e intentó entrar a pesar de tener prohibido el acceso. Desde una torre de vigilancia, el exboxeador Willard Ross Brymer, guardaespaldas y hombre de confianza de Conforte, abrió fuego con un fusil Remington calibre .30-06. Seis disparos salieron del arma. Uno impactó en pecho del boxeador. La muerte fue instantánea.

    El hecho quedó cubierto para siempre bajo un manto de contradicciones, sospechas y dudas. Brymer primero declaró que no había disparado. Después reconoció haberlo hecho, pero sostuvo que el tiro había sido accidental. Más tarde cambió otra vez su testimonio: afirmó que había visto a Bonavena sacar un arma y que disparó para defenderse.

    Willard Ross Brymer

    La familia Bonavena nunca creyó esa versión. Algunos de sus hermanos sostuvieron durante años que Ringo fue asesinado mientras dormía. Otros familiares afirmaron que el crimen había ocurrido dentro de una propiedad vinculada a Conforte y que la escena fue alterada posteriormente. También aparecieron dudas sobre el arma que, según la investigación, llevaba Bonavena. Para los familiares, el revólver había sido plantado. El argumento era simple: el arma apareció en el tobillo derecho y Ringo era zurdo.

    Para muchos, Ringo fue asesinado por diferencias con Conforte. Se abarajaron distintos motivos: desde una supuesta relación del boxeador con Sally Burgess, esposa del proxeneta, o la intención del boxeador de romper contrato con quien era su promotor. Lo cierto es que el dueño del Mustang Ranch nunca fue acusado por la muerte. No fue procesado ni debió dar demasiadas explicaciones al respecto.

    El rey de Parque Patricios

    Mucho antes del Mustang Ranch, de Joe Conforte y de aquella madrugada de Nevada que terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más oscuros de la historia del deporte argentino, Oscar Natalio Bonavena era apenas un chico de Buenos Aires criado entre las calles de Parque Patricios. Había nacido el 25 de septiembre de 1942 en una familia trabajadora y creció en un barrio donde el carácter se construía tanto en la casa como en la vereda. En aquella Buenos Aires todavía atravesada por fábricas, clubes de barrio y potreros improvisados, los chicos aprendían rápido a defenderse y a hacerse un lugar.

    Bonavena parecía haber nacido para eso. Desde muy joven mostró un temperamento que lo acompañaría durante toda su vida: una mezcla difícil de domesticar entre carisma, rebeldía y necesidad permanente de llamar la atención. Su primera experiencia en el boxeo comenzó en San Lorenzo, aunque duró poco. Lo expulsaron después de orinaren la pileta desde lo alto de un trampolín.

    Después llegó a Huracán, el club de sus amores. Ahí comenzó a desarrollarse como boxeador. Su carrera amateur comenzó a crecer hasta darle la posibilidad de representar a la Argentina en los Juegos Panamericanos de San Pablo de 1963. El torneo podía transformarse en una plataforma para despegar internacionalmente, pero Bonavena volvió a demostrar que su historia parecía avanzar siempre por caminos poco convencionales. Durante una pelea frente al estadounidense Lee Carr, y luego de recibir un duro castigo, terminó mordiéndole una tetilla a su rival. El episodio derivó en una sanción por parte de la Federación Argentina de Box, que decidió suspenderle la licencia profesional.

    Ringo Bonavena

    Sin la posibilidad de continuar compitiendo en el país, Bonavena decidió viajar a Estados Unidos para seguir peleando y entrenándose. Nueva York apareció entonces como un territorio desconocido y desafiante, pero también como el escenario ideal para alguien que aspiraba a llegar a la primera línea del boxeo mundial.

    Los resultados comenzaron a darle la razón rápidamente. Durante 1964 disputó ocho combates y los ganó a todos, siete de ellos por nocaut. Su potencia empezaba a llamar la atención y también comenzaba a construirse el personaje público. En aquellos años algunos estadounidenses lo confundían con Ringo Starr, el baterista de los Beatles, cuya popularidad explotaba alrededor del mundo. El apodo terminó pegándose para siempre y Oscar Bonavena pasó a convertirse definitivamente en Ringo.

    Sin embargo, su primer gran crecimiento deportivo llegaría después de regresar a la Argentina. Tras perder el invicto frente a Zora Folley, volvió al país con la intención de reconstruirse y buscar oportunidades importantes. Lo que encontró fue algo mucho mayor: el comienzo de una relación casi irracional con el público argentino.

    La pelea ante Gregorio Peralta en 1965 marcó un punto de quiebre. El Luna Park desbordó de gente y rompió récords de asistencia. Cerca de treinta mil personas fueron a verlo, cifra superior a la capacidad permitida en el estadio. Bonavena ganó aquella noche y obtuvo el título argentino de los pesados y empezó a convertirse en un fenómeno popular.

    Su crecimiento deportivo siguió acompañado por una construcción mediática que parecía surgir de manera natural. Su espontaneidad y carisma lo llevaron a grabar discos, actuar en películas, participar en programas de televisión y subirse a los escenarios. Poco a poco se fue transformando en uno de los personajes más reconocidos del país.

    Embed - Pepe Biondi y Ringo Bonavena

    A la par las peleas importantes siguieron llegando. Volvió a pelear en Estados Unidos, enfrentó a rivales cada vez más exigentes y comenzó a medirse con los mejores pesados del mundo. En septiembre de 1966 tuvo su primera gran prueba frente a Joe Frazier, uno de los nombres más importantes de la categoría. Aunque perdió aquella pelea, Bonavena logró algo que casi nadie conseguía: derribó dos veces al estadounidense durante el segundo round y dejó una imagen que recorrió el ambiente del boxeo.

    Con el paso de los años llegaron nuevas victorias y nuevas derrotas, hasta desembocar en el episodio que terminaría elevándolo definitivamente a la categoría de ídolo popular: la pelea contra Muhammad Ali.

    Bonavena entendía el negocio del espectáculo casi con el mismo instinto con el que entendía una pelea. Antes de enfrentar a Ali decidió entrar en un terreno que dominaba perfectamente: la provocación. Lo llamó "gallina" por haberse negado a luchar en la guerra de Vietnam, se burló de él públicamente y utilizó cada conferencia de prensa como si fuera un round previo al combate. Ali, que también construía su personaje desde la palabra, aceptó el juego y convirtió la previa en un acontecimiento gigantesco.

    Embed - Oscar Bonavena vs Muhammad Ali - épico cara a cara (subtitulado)

    La pelea disputada el 7 de diciembre de 1970 alcanzó niveles de audiencia históricos en la Argentina superando los 70 puntos de rating. En el noveno round Bonavena conectó un poderoso gancho de izquierda que hizo tambalear a Muhammad Ali y lo obligó a tocar la lona con una rodilla. Sin embargo, el árbitro no lo consideró una caída oficial y no realizó la cuenta de protección, a pesar de que el estadounidense quedó visiblemente mareado.

    Ringo perdió la pelea después de caer tres veces en el último asalto. Finalizado el combate, arriba del ring y frente a las cámaras, le pidió disculpas por los insultos. "Te dije gallina solo para ponerte nervioso. De peleador a peleador, sos un campeón", le dijo en ese cruce cara a cara. Ali le agradeció el gesto y aseguró que había sido el rival más duro de su carrera.

    Embed - Diálogo entre Ali y Bonavena post combate

    A partir de entonces Ringo había llegado al punto máximo de popularidad. Sin embargo, mientras su fama crecía, su carrera deportiva comenzaba lentamente a apagarse. En 1975 se despedía para siempre del publico argentino en una pelea contra Reinaldo Gorosito. Dejando a sus dos hijos al cuidado de su exesposa Dora Raffa, volvió a Estados Unidos con la idea de tener revancha con Ali. Para eso filmó contrato con el representante Joe Montano, quien más tarde decidió transferirlo a Joe Conforte.

    Joe Conforte: el hombre que legalizó la prostitución en Estados Unidos

    Si Bonavena parecía un personaje salido de una esquina de Buenos Aires, Joe Conforte parecía construido por las calles oscuras de la inmigración italiana en Estados Unidos. Mientras Ringo se había hecho a sí mismo a fuerza de trompadas, carisma y exposición pública, Conforte aprendió desde muy joven otra forma de supervivencia: entender dónde estaba el dinero y cómo apropiarse de él.

    Había nacido el 10 de diciembre de 1925 en Augusta, Sicilia, con el nombre de Giuseppe Christophe Conforte. Fue el menor de cuatro hermanos y su infancia estuvo atravesada por la inestabilidad. Su madre murió cuando tenía apenas cinco años y su familia emigró a Estados Unidos cuando todavía era un chico. En diciembre de 1937 llegó a Ellis Island a bordo del vapor Rex, como uno de los tantos inmigrantes europeos que desembarcaban con la ilusión de encontrar una vida mejor al otro lado del océano.

    Los funcionarios de inmigración estadounidenses le cambiaron el nombre. Giuseppe pasó a ser Joseph. La familia se instaló en Boston, donde su padre Agostino tenía un pequeño negocio de frutas y verduras. El joven Joe ayudaba en el local, aprendiendo algo que más tarde convertiría en una filosofía de vida: vender no consistía solamente en ofrecer algo; consistía en entender qué estaba dispuesto a comprar el otro. Agostino también traficaba alcohol de contrabando y el chico creció observando cómo podían convivir perfectamente los negocios legales y los ilegales bajo un mismo techo.

    Joe Conforte

    Joe Conforte

    A los quince años se escapó de su casa y se instaló en Nueva York. Poco tiempo después se mudó a Los Ángeles, donde comenzó a trabajar administrando puestos de frutas y verduras. El recorrido parecía el de un inmigrante más buscando estabilidad económica, pero Joe tenía otras ambiciones. No estaba interesado solo en ganarse la vida: quería construir algo más grande.

    Durante la Segunda Guerra Mundial ingresó al Ejército estadounidense y formó parte de la policía militar. Cuando salió, ya con el grado de sargento, volvió a la vida civil con una idea cada vez más clara de cómo quería hacer dinero.

    A principios de los años cincuenta comenzó a administrar burdeles clandestinos en California. Eran negocios pequeños, ilegales y constantemente perseguidos por las autoridades. Sin embargo, Conforte descubrió algo que otros todavía no veían con claridad: la prostitución era un negocio enorme, pero funcionaba escondida, desordenada y manejada por demasiados intermediarios.

    Joe pensaba distinto. Creía que el verdadero negocio estaba en sacarla de las sombras. En 1955 se trasladó a Nevada y comenzó a desarrollar una estructura mucho más grande. Ahí conoció a Sally Burgess, una mujer que con el tiempo se convertiría en su esposa, su socia y probablemente en la persona más importante de su carrera empresarial. Juntos empezaron a expandir sus operaciones mientras acumulaban denuncias, conflictos con la policía y causas judiciales.

    Joe Conforte y Sally

    Joe Conforte y Sally

    La relación entre Conforte y la ley parecía una pelea permanente. En 1960 fue condenado por extorsión y enviado a prisión. Años más tarde también se declaró culpable de evasión fiscal. Pero las condenas parecían funcionar apenas como interrupciones temporales en su recorrido. Joe salía y volvía a empezar. O volvía más grande.

    El verdadero punto de inflexión llegó a fines de los años sesenta, cuando Joe y Sally tomaron el control del Mustang Ranch, un burdel ubicado en el condado de Storey, en Nevada. Lo que inicialmente parecía un negocio más empezó a convertirse en algo completamente distinto. Conforte comprendió que no quería seguir siendo un operador clandestino. Quería legitimidad.

    Su gran movimiento llegó en 1971. Después de una fuerte presión política y empresarial impulsada por él mismo, Nevada aprobó una legislación que permitía a los condados regular y otorgar licencias a los burdeles. El Mustang Ranch se convirtió así en el primer prostíbulo legalmente autorizado de Estados Unidos.

    Conforte pasó de ser un proxeneta perseguido por la Justicia a una celebridad. Las entrevistas comenzaron a multiplicarse. Apareció en diarios y programas de televisión defendiendo públicamente su negocio con una mezcla de cinismo y pragmatismo.

    "Si haces algo que te avergüenza debés mantenerlo en secreto. Pero yo no creo estar haciendo nada de lo que me avergüence. Lo que hago es presar un servicio público", dijo en un reportaje realizado por el periodista estadounidense Mike Watkiss. "Soy el responsable de legalizar la prostitución en Estados Unidos. La saqué de los lugares más sórdidos y sucios para llevarla a un lugar limpio y seguro", agregó.

    Mustang Ranch

    Mustang Ranch

    Mientras grupos conservadores y organizaciones feministas lo atacaban, él se presentaba como un empresario moderno que había regularizado una actividad que existía desde siempre. "Estamos en un ambiente mejor. Nos tratan mejor. No tienes que preocuparte por huir de la policía que te revisa una vez a la semana. Es mucho más beneficioso para nosotros", reconocía una de las trabajadoras de su burdel.

    Pero detrás del discurso público seguían acumulándose las denuncias. A mediados de los años setenta comenzaron a surgir informes que vinculaban a Conforte con el crimen organizado y con estructuras mafiosas que operaban en Nevada. Distintas investigaciones hablaban de extorsión, lavado de dinero y conexiones políticas capaces de abrir puertas o cerrar expedientes.

    En marzo de 1976 un gran jurado del condado de Washoe publicó un informe donde exponía buena parte de esas relaciones. Conforte respondió con furia, atacando la legitimidad de la investigación y denunciando una persecución. Por ese entonces ya había comenzado a representar a Bonavena.

    El último round: la muerte de Ringo Bonavena

    Para 1976, la carrera de Oscar Bonavena ya había comenzado a transitar una etapa diferente. Seguía siendo una figura de enorme popularidad, pero las grandes oportunidades empezaban a quedar cada vez más lejos. Su vínculo con Joe Conforte había nacido con la promesa de devolverlo a la elite del boxeo mundial, aunque esa ilusión pronto comenzó a convertirse en un problema.

    En febrero de ese año, el pugilista disputó el que sería su último combate profesional y venció al estadounidense Billy Joiner. Sin embargo, las peleas de peso que esperaba nunca llegaron. Mientras aguardaba una oportunidad que no aparecía, Ringo pasaba gran parte de sus días moviéndose en el entorno del Mustang Ranch, donde terminó ocupando una especie de rol social: recibía invitados, compartía tiempo con empresarios y se relacionaba con clientes influyentes. Personas cercanas aseguraban que estaba decepcionado con el acuerdo, ya que soñaba con una revancha frente a Ali y terminó involucrado en combates menores, dentro de un ambiente que él mismo definió como un “circo”.

    Con el paso de las semanas, el boxeador comenzó a desenvolverse dentro del Mustang Ranch con una confianza que empezó a incomodar a Conforte. Algunos testigos incluso sostuvieron que hablaba del lugar “como si fuera suyo”. Las diferencias entre ambos se volvieron cada vez más frecuentes y la relación comenzó a deteriorarse hasta el punto de que el argentino evaluó poner fin al contrato.

    Con el tiempo aparecieron nuevas tensiones. Una de las versiones más difundidas señaló que Bonavena y Sally habían desarrollado una relación demasiado cercana para el gusto de Joe. Nunca surgieron pruebas que confirmaran un vínculo sentimental, pero el rumor sobrevivió durante décadas. Sally se había convertido en una figura de apoyo y contención para el boxeador. Aun así, distintas reconstrucciones sostienen que Conforte sentía celos o sospechaba que Bonavena intentaba acercarse a ella por un interés mayor: todas las propiedades del empresario estaban registradas a nombre de su esposa por cuestiones legales.

    Ringo y Sally

    Ringo y Sally Conforte

    También apareció Daisy, una trabajadora del Mustang Ranch, con quien Ringo se habría casado para facilitar cuestiones migratorias. El problema era que la mujer había mantenido una relación con Willard Ross Brymer, quien ya arrastraba una mala relación con el boxeador argentino tras ser duramente golpeado en un sparring.

    A ese escenario se sumaron una serie de episodios llamativos. A Bonavena le incendiaron una casa rodante y también le quemaron el pasaporte. Para algunos se trató de mensajes mafiosos o advertencias dirigidas al ex campeón argentino. Para otros, apenas eran situaciones propias de un ambiente acostumbrado a moverse entre presiones e intimidaciones.

    La madrugada del 22 de mayo de 1976 llegó el desenlace. Según la versión oficial, Bonavena recibió un llamado mientras se encontraba en un casino, salió de manera repentina y condujo hasta el Mustang Ranch. La investigación policial sostuvo que llegó armado e intentó ingresar pese a tener prohibida la entrada por sus diferencias con Conforte. Desde una torre de vigilancia, Brymer abrió fuego con un fusil Remington calibre .30-06 y lo mató con un disparo directo al corazón.

    Ringo y Sally

    Las dudas aparecieron casi de inmediato. Brymer modificó su relato en varias oportunidades. Finalmente fue condenado por homicidio involuntario, aunque recuperó la libertad poco tiempo después. La familia de Ringo nunca aceptó el fallo. En medio de todas esas hipótesis hubo un nombre que quedó casi al margen de la investigación: Joe Conforte. Nunca fue acusado ni procesado por la muerte del boxeador.

    Una semana después, el cuerpo de Bonavena regresó a Buenos Aires y fue velado en el Luna Park. Cerca de 150 mil personas pasaron a despedirlo. El chico de Parque Patricios que había peleado con Frazier y Ali terminaba convertido definitivamente en un ídolo popular.

    Conforte siguió otro camino. Durante los años siguientes acumuló condenas por evasión fiscal, fraude y sobornos. Escapó a Brasil, negoció con la Justicia estadounidense y pasó décadas moviéndose entre investigaciones y maniobras empresariales. Se cree que murió en 2019 a los 93, aunque ni siquiera alrededor de su final hay certezas absolutas.

    Embed - Farewell to Oscar Ringo Bonavena, Argentina Heavyweight Champion, 1976

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