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90 años del Obelisco: una obra en tiempo récord, que casi fue demolida y estuvo marcada por una tragedia

Construido en tiempo récord para que fuera inaugurado en el 400º aniversario de la primera fundación de Buenos Aires, el monumento pasó de ser una obra resistida y objeto de burlas de los porteños a convertirse en el mayor emblema de la ciudad.

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  • Este 23 de mayo se cumplen 90 años de la inauguración del Obelisco, gran símbolo y postal insoslayable de Buenos Aires y punto de referencia central de la vida política y cultural del nuestro país. Su inauguración, en 1936, tiene relación con dos hitos absolutamente porteños: la celebración de los 400 años de la primera fundación de la ciudad, por parte de Pedro de Mendoza y sus huestes, y la culminación de la ampliación de la avenida Corrientes, otro ícono urbano, acaso no muy lejos de la talla del propio Obelisco.

    La obra fue diseñada por el arquitecto Alberto Prebisch, una de las figuras más fuertemente asociadas al racionalismo arquitectónico en el país, en el marco de una serie reformas impulsadas en la ciudad durante la llamada “década infame”. Con una altura superior a los 67 metros y una estructura íntegramente de hormigón, el Obelisco fue levantado en poco más de un mes por un consorcio de empresas de origen alemán y con la participación de más de un centenar de obreros, en su mayoría inmigrantes italianos.

    Obelisco 1936

    La velocidad con la que se desarrolló la construcción -apremiada por llegar al aniversario de la fundación- y las precarias condiciones laborales de la época quedaron reflejadas en un episodio trágico ocurrido durante las obras.

    Mientras se realizaban las excavaciones para los cimientos, murió el obrero José Cosentino tras caer en uno de los pozos de trabajo. Las imágenes registradas entonces muestran además a los trabajadores desempeñándose en altura casi sin elementos de protección, en un contexto donde las medidas de seguridad eran prácticamente inexistentes.

    De foco de burlas a emblema de Buenos Aires

    Desde su estatura actual de ícono porteño, es difícil imaginar que el Obelisco fue muy cuestionado en los años posteriores a su inauguración. Muchos decían que no tenía nada que ver con la estética imperante en el Buenos Aires de aquellos años y se convirtió en blanco de las burlas populares por las deficiencias de su revestimiento exterior, ya que muchas placas de piedra comenzaron a desprenderse poco tiempo después de la construcción.

    La cosa llegó a tal punto, que en 1939 el Concejo Deliberante aprobó una ordenanza que proponía demolerlo, argumentando motivos de seguridad, costos y hasta cuestiones estéticas. La iniciativa finalmente no prosperó debido al veto del entonces intendente Mariano de Vedia y Mitre. Sin embargo, las placas fueron retiradas y se lo pintó, tal como luce en la actualidad.

    Captura

    La ubicación elegida para su construcción también posee una dimensión histórica. En ese lugar se encontraba anteriormente la iglesia de San Nicolás de Bari, donde en 1812 habría sido izada por primera vez en la ciudad la bandera creada por Manuel Belgrano.

    El retrato de Horacio Coppola, uno de los grandes de la fotografía argentina

    La construcción del Obelisco quedó además documentada por Horacio Coppola, considerado como uno de los grandes fotógrafos de la Argentina, quien registró el avance de las obras junto a su esposa, la artista alemana Grete Stern. Formados en la legendaria escuela Bauhaus, en Berlín, Coppola y Stern vivieron y trabajaron en Londres y París, antes de instalarse definitivamente en la Argentina, a mediados de los años 30.

    Las fotografías de la construcción del Obelisco formaban parte de un trabajo mucho mayor de Coppola sobre la Buenos Aires de aquella época fascinante, una famosa serie titulada Buenos Aires, 1936.

    Las imágenes y filmaciones realizadas durante aquellos días muestran tanto el ritmo acelerado de los trabajos como las precarias condiciones de seguridad con las que se desempeñaban los obreros en esa época.

    Pero, también, capturaron el espíritu febril de una ciudad en pleno estado de transformación, una Buenos Aires cada vez más moderna y cosmopolita, que recibía oleadas de inmigrantes, en un mundo que, tras la tragedia de la Primera Guerra Mundial, estaba siendo testigo del ascenso del nazismo y la inminencia de un nuevo y sangriento conflicto en Europa.

    Obelisco Horacio Coppola

    Una imagen de Horacio Coppola, de su serie "Buenos Aires, 1936".

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