El avance tecnológico se transformó en uno de los campos de disputa más intensos entre China y Estados Unidos. Mientras ambos luchan por el liderazgo en inteligencia artificial, el gigante asiático redobla su apuesta con una estrategia particular: desarrollar una IA integrada en el mundo físico, con aplicaciones concretas y alcance urbano e industrial. Esta nueva dirección podría modificar el equilibrio global del sector.
Lejos de limitarse a los modelos de lenguaje que dominan la escena occidental, como ChatGPT o Gemini, China busca diferenciarse apostando a una inteligencia artificial que no sólo piensa, sino que actúa en entornos reales. Desde autos autónomos hasta robots industriales, pasando por sistemas de control urbano, la IA china está cada vez más presente en espacios físicos y cotidianos.
Esta visión, muy alineada con los objetivos políticos y económicos del país, está impulsada desde el Estado y ya se traduce en desarrollos tangibles. En ciudades, fábricas y calles, la inteligencia artificial personificada cobra forma y se ubica como una de las grandes apuestas del plan “Made in China 2025”.
La IA personificada de China
China pudo encontrar una ventaja competitiva en lo que se denomina “IA personificada”: un tipo de inteligencia artificial que no sólo procesa datos, sino que interactúa directamente con el entorno a través de sensores, actuadores y elementos físicos. Esta rama de la IA se materializa en robots que caminan, se mueven, toman decisiones y reaccionan en tiempo real, aplicándose a sectores como la robótica, el transporte y la planificación urbana.
Uno de los desarrollos más representativos es Huisi Kaiwu, una plataforma presentada recientemente en Pekín. Diseñada para soportar distintos tipos de “cuerpos”, esta tecnología permite que robots humanoides y autos autónomos aprendan y evolucionen en función de lo que perciben. El sistema también es adaptable a dispositivos wearables, ampliando el espectro de aplicación de esta inteligencia artificial encarnada.
En el ámbito del transporte, China impulsa su “Estrategia de autos Inteligentes”, que contempla una conexión integral entre personas, vehículos, carreteras y sistemas en la nube. Esta infraestructura permitirá que los autos no sólo se comuniquen entre sí, sino también con el entorno vial, incluyendo sensores en cruces y semáforos. El objetivo es maximizar la seguridad y reducir accidentes, aunque el costo de mantener este ecosistema es considerable.
Los desarrollos también incluyen vehículos de movilidad personal, como sillas de ruedas con conducción autónoma. En paralelo, las “ciudades inteligentes” adoptan estos sistemas con fines de control y eficiencia. Desde 2016, China probó plataformas de IA para regular el tráfico y monitorear el comportamiento ciudadano. Hoy, esa experiencia se replica en múltiples urbes, que incorporan “cerebros urbanos” capaces de gestionar flujos, detectar patrones y mejorar la toma de decisiones administrativas.
Pese a eso, esta evolución no está exenta de controversia. La integración de IA en los espacios públicos, en muchos casos con fines de vigilancia, plantea preguntas sobre privacidad y libertad individual. La visión del Partido Comunista Chino es contar con una inteligencia artificial al servicio del orden, capaz de adaptarse y aprender bajo sus propios valores ideológicos.