Veía mal, creía que era el efecto de un vuelo de larga distancia, pero un diagnóstico inesperado la dejó sin palabras

Lo que siguió fue un proceso de estudios y consultas médicas que terminó con un diagnóstico de no creer, capaz de cambiar por completo el rumbo de su historia.

  • Los primeros síntomas aparecieron tras un vuelo largo, cuando Abi comenzó a ver doble al bajar del avión.
  • Con el tiempo sumó problemas de coordinación, dificultad para tragar y desvío de un ojo.
  • Una resonancia en 2019 detectó un tumor cerebral agresivo (glioma grado 3) no operable. Recibió quimioterapia y radioterapia, y el tumor se redujo notablemente en 2020.
  • Actualmente trabaja, recuperó parte de la movilidad y sigue bajo controles médicos periódicos.

Creer que un malestar pasajero tiene una causa simple es algo común, sobre todo después de un viaje largo o de una jornada agotadora. A veces, el cuerpo da señales que parecen fáciles de explicar y se las atribuye al cansancio, al estrés o a una situación puntual. Sin embargo, en algunos casos, esos síntomas esconden algo mucho más profundo que solo se revela cuando ya no pueden ignorarse.

Eso fue lo que le ocurrió a Abi Bradley, que comenzó a notar problemas en la visión tras un vuelo de larga distancia. Al principio, todo indicaba que se trataba de una molestia temporal, típica de los cambios de presión o del desgaste propio de un viaje extenso. Pero con el correr de los días, la situación no solo no mejoró, sino que empezó a generar una preocupación creciente que la llevó a consultar a especialistas.

Cuál fue el diagnóstico de la mujer que veía doble y creía que era por un vuelo de larga distancia

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Cómo limpiar los anteojos

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A comienzos de septiembre, una mujer de 32 años llamada Abi Bradley decidió contar públicamente su historia en una entrevista con una agencia de noticias de su país.

La joven, nacida en Birmingham, explicó que los primeros síntomas aparecieron años atrás, durante un viaje a Estados Unidos. Apenas descendió del avión y mientras esperaba su equipaje en la cinta transportadora, comenzó a notar que veía doble, algo que hasta ese momento nunca le había ocurrido. Abi relató que intentó parpadear varias veces para ver si el problema desaparecía, pero la visión seguía alterada. En ese momento le comentó a su pareja que algo no estaba bien, aunque no tenía náuseas ni otros malestares.

En un principio creyó que todo se debía al cansancio o a los cambios de presión del vuelo. Sin embargo, con el correr de los días surgieron síntomas más preocupantes: empezó a perder coordinación del lado derecho del cuerpo y notó que no podía realizar movimientos simples, como maquillarse.

Ante ese cuadro, acudió a un centro de urgencias en Massachusetts, donde le realizaron una tomografía que no mostró anomalías. Los médicos le aconsejaron que se hiciera estudios más profundos al regresar al Reino Unido. Pero durante el viaje de vuelta y en los meses siguientes, los problemas continuaron y se sumaron otros: dificultad para tragar, desviación del ojo izquierdo y torpeza en la mano.

Finalmente, en julio de 2019, en el Queen Elizabeth Hospital de Birmingham, una resonancia magnética reveló la causa: un tumor en la parte posterior izquierda del cráneo, con extensión hacia la zona alta de la médula, de un tamaño similar al de una pelota de golf. El diagnóstico fue contundente: se trataba de un glioma de grado 3, un tumor agresivo y de rápido crecimiento que no podía operarse por su ubicación.

Abi comenzó un tratamiento con quimioterapia y radioterapia que le provocó la pérdida total del cabello y diversos efectos secundarios. En 2020, los controles mostraron una reducción significativa del tumor, que pasó a tener el tamaño de una uva. Con el tiempo fue recuperando movilidad, primero en el brazo derecho y luego en la pierna izquierda. Hoy trabaja como secretaria en un colegio y continúa con controles periódicos mediante resonancias para vigilar la evolución de su cuadro.