Todo cambió cuando se abrió Instituto de Matemáticas, Astronomía y Física de la Universidad de Córdoba, donde entregaban becas a sus alumnos para poder estudiar. Miriani allí fue a cumplir un sueño.
Hoy en día, "el universo todavía guarda muchos secretos, como el caso, por ejemplo, de la materia oscura, que sabemos que existe, que podemos determinar su masa. Pero todavía no sabemos cuál es la naturaleza, qué tipo de partículas son", aseguró la científica. Es que, después de tantos años de carrera, Miriani continúa trabajando.
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Día Nacional de la Astronomía: Homenaje a la creación del Observatorio Nacional Argentino
Ser mujer y estudiar ciencia en Argentina
Fue una de las primeras mujeres que se anotaron en la Universidad de Córdoba para estudiar astronomía, en una época donde se enfrentó a estructuras rígidas y prejuicios pero también abrió camino para las mujeres que vinieron después.
“No teníamos la absoluta certeza, no teníamos ni la esperanza de que podríamos pasar… pero pasamos”, recordó. En el primer año de la carrera eran siete u ocho mujeres; al segundo, solo quedaron dos. Las diferencias con sus compañeros se notaban desde el primer día. Mientras muchos habían estudiado en liceos militares o escuelas técnicas, ella llegaba desde una escuela normal.
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En el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo, Chile.
Cuando Miriani tuvo que comenzar las observaciones en observatorio de Bosque Alegre, su orientador José Luis Sérsic insistió para que la dejaran asistir porque el director del observatorio se opuso en un primer momento, ya que era la única mujer en un grupo de hombres, y en las sierras iban a pasar una semana juntos.
La investigadora terminó su licenciatura embarazada. “Terminé la carrera y nació Ana”, contó sobre su primera hija. Apenas tres meses después ya debía volver al observatorio. Y entonces se abrió otro frente: ¿cómo cuidar de una beba en un mundo donde el trabajo científico no se detenía y los cuidados recaían exclusivamente en la madre?
“En aquella época los hombres no eran como ahora. Hoy los padres cuidan, dan de comer, cambian pañales… Antes no. La madre hacía todo”, explicó. A veces contaba con la ayuda de su propia madre, pero muchas veces no. Entonces, decidió llevar a su hija a la montaña.
No había guarderías, ni apoyo institucional, ni un sistema que comprendiera que la maternidad y la ciencia podían convivir, Pastoriza reflexionó sobre esto y cuestionó la falta de estructura y apoyo para aquellas mujeres que quieren dedicarse a sus estudios. “Si vos parás un año, necesitás dos más para recuperarte… porque en ciencia las cosas avanzan muy rápido”, contó por eso, aunque muchas colegas interrumpían sus carreras durante la maternidad, ella decidió resistir. “El asunto es compartir por igual la educación de los hijos y no sacrificarse la madre, en función de un objetivo”, cerró.
Su carrera en Argentina se vio truncada en 1976, cuando no le renovaron su cargo como Jefa de Trabajos Prácticos en el Observatorio Astronómico de Córdoba, debido a la "Ley de Prescindibilidad" creada por la dictadura. Como consecuencia no podía ser contratada por ninguna universidad de Argentina e, incluso, fue incluida en la lista de personas “presuntamente peligrosas” redactada por la junta militar.
Entonces tomaría una decisión que cambió su vida para siempre: en 1978 abandona el país y aceptó un cargo en el Instituto de Física de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul en Brasil, país donde se estableció hasta la actualidad.
Una galaxia con su nombre
Durante su licenciatura, participó de un proyecto de registro de imágenes de galaxias del hemisferio sur. El objetivo era buscar objetos con una particularidad en la región nuclear, los llamados hot spots, que ya se habían detectado en galaxias del hemisferio norte. Un astrónomo, William Wilson Morgan, había observado que ciertas galaxias espirales presentaban estas zonas brillantes en sus núcleos. Al analizar los datos del sur, el equipo descubrió algo sorprendente: cerca del 30% de las galaxias espirales también mostraban esa misma característica.
Estas galaxias no solo eran espirales, sino que además tenían una estructura central en forma de barra, y justamente en ellas aparecían los hot spots. Intrigada por el fenómeno, Pastoriza decidió dedicar su tesis doctoral a comprender su naturaleza junto a su orientador José Luis Sérsic.
Trabajó con espectros, el análisis de la luz que emiten las distintas regiones de una galaxia, y comparó las zonas centrales con los brazos espirales, donde se sabe que nacen nuevas estrellas. El hallazgo fue contundente: las características eran las mismas. Es decir, los hot spots eran regiones de formación estelar.
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El descubrimiento resultó revolucionario para su tiempo. Hasta entonces, se creía que los núcleos de las galaxias no generaban estrellas nuevas, que allí solo existían las más viejas, nacidas en las primeras etapas del universo. Ella demostró lo contrario: incluso los centros galácticos podían albergar vida estelar en pleno proceso de nacimiento.
Poco después, un grupo de astrónomos franceses propuso una explicación teórica al fenómeno. A través de simulaciones numéricas, mostraron que la barra central actuaba como una especie de aspiradora cósmica: atraía el gas del plano de la galaxia hacia el núcleo, donde formaba un anillo de gas. Cuando ese anillo se volvía lo suficientemente denso, se fragmentaba y daba lugar a nuevas estrellas. Esas galaxias comenzaron a llamarse ”Sersic-pastoriza”.
La búsqueda del origen
Su curiosidad, sin embargo, no se detuvo. En los últimos años participó en un trabajo que buscó rastrear las huellas químicas más elementales de la vida en el universo. El estudio, enviado a publicación el año pasado, analizó las emisiones de las llamadas nubes oscuras, regiones del espacio donde se forman estrellas y donde el polvo y el gas son tan densos que la luz casi no escapa.
En esas nubes, los investigadores detectaron emisiones provenientes de moléculas con estructuras de anillos de carbono en forma hexagonal. Estos anillos, al unirse entre sí mediante átomos de hidrógeno, forman largas cadenas conocidas como hidrocarburos aromáticos policíclicos. Los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) son de gran interés astroquímico y astrobiológico debido a su potencial para formar moléculas prebióticas, componentes cruciales para el origen de la vida en la Tierra.
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El 24 de octubre de 2018, la Universidad Nacional de Córdoba le otorgó el título de Doctora Honoris Causa por sus aportes al campo de la astronomía.
Fotos: Mauro Rico / Secretaría de Cultura de la Nación.
En estas moléculas, muy comunes en el espacio, el equipo de investigación encontró que en una de las líneas de emisión, una estructura mostraba una particularidad química diferente.
Analizando observaciones en más de 120 galaxias, descubrieron que algunas presentaban esa variación y otras no. Al buscar el origen, hallaron que esos anillos de carbono, además de hidrógeno, contenían también nitrógeno. Esa combinación convierte a la molécula en algo más complejo, un paso más cerca de las estructuras biológicas.
“Al tener un nitrógeno vos ya tenés un elemento que entra en la cadena preformadora de la vida”, explicó. Esa molécula, detectada tanto en núcleos activos de galaxias como en regiones donde nacen estrellas, representa un puente entre la química del cosmos y las primeras piezas del ADN.
¿Los humanos estamos solos en el universo?
En los últimos meses, el cometa 3I ATLAS llamó la atención de científicos internacionales y el astrónomo Avi Loeb cobró notoriedad al formular que este objeto interestelar es en realidad una sonda o nave espacial extraterrestre que viene de visita a nuestro sistema solar.
Pastoriza desestimó esta teoría y aclaró que es "un cometa interestelar que viene fuera de nuestro sistema planetario, por la velocidad que tiene y la órbita que tiene se puede determinar de dónde viene”, por lo que estos objetos pueden ser restos de la formación de otros sistemas planetarios.
¿Pero existe vida allá afuera? “La lógica te diría que sí, existen billones de estrellas con la misma característica que el sol”, afirmó Pastoriza, por lo que “es muy probable que alguna va a tener un tipo de desarrollo”.
“La composición química que tienen es similar a la nuestra, no es nada diferente, entonces es muy probable que también pueda existir vida”, sentenció. Sin embargo, se tienen que dar las condiciones particulares y necesarias para que exista la vida. Tampoco descarta que “puede haber planetas donde existió la vida y ya desapareció”.