Qué es la "Puerta del Infierno", un agujero que arde a 400° grados y lleva décadas abierto

El fenómeno yace en el desierto de Karakum, en Turkmenistán, y representa un riesgo contaminante para el planeta.

Hace más de 50 años, nació un agujero en el desierto de Karakum denominado la "Puerta del Infierno" que genera gran preocupación por las complejas cuestiones ambientales y científicas que plantea.

El cráter o pozo de Darvaza se originó en 1971 de manera accidental cuando se hacían obras de prospección de gas: investigadores se encontraron con una cueva subterránea llena de gas natural y para evitar que este se escapara, decidieron prenderlo fuego.

Las especulaciones de los ingenieros soviéticos era que iba a apagarse en unos días, sin embargo, eso nunca ocurrió y el pozo lleva ardiendo más de medio siglo. El pozo tiene 70 metros de ancho y 20 de profundidad, y en su interior, la temperatura asciende de los 400° centígrados hasta los 1000°, por eso, es conocido como “La Puerta del Infierno”.

Pese a que emite constantemente metano, un potente gas de efecto invernadero, lo cual plantea preocupaciones ambientales, la combustión del gas convierte gran parte del metano en dióxido de carbono y vapor de agua, lo que, paradójicamente, reduce su potencial de calentamiento global.

Embed - Te mostramos la "Puerta al Infierno" de Turkmenistán | National Geographic en Español

La postura científica para poder cerrar la Puerta del Infierno

Si bien hasta el momento no hubo ningún problema grave en la zona, el Gobierno de Turkmenistan considera que es momento de cerrarlo.

En 2022, el presidente Gurbanguly Berdymukhamedov tomó la decisión de tapar el ingreso por dos motivos que considera alarmantes: su efecto en el cambio contaminante y el posible vaciamiento de las reservas de gas. "La clave está en saber qué hay bajo el cráter Darvaza", señaló Guillermo Rein, científico especializado en incendios del Imperial College de Londres, que sugiere recurrir a expertos de la industria petrolera para localizar la fisura subterránea que emite el gas.

A pesar de los continuos esfuerzos del Gobierno en atraer a científicos extranjeros para que descifren cómo apagar el fuego, dos años después la situación sigue igual, a la espera de encontrar una solución concreta.

Más allá de la decisión que quieren tomar, el país asiático depende de la explotación de combustibles fósiles, por lo que dicha fuga podría generar una pérdida enorme de metano que queda suspendido simplemente en la atmósfera y resultaría una amenaza para las reservas propias.

Además, el gas liberado podría afectar la salud de los habitantes cercanos a la zona, quienes se encuentran en constante exposición.