La variante Ómicron de Covid-19 aumenta la preocupación por los síntomas persistentes

Cada vez más gente reporta consecuencias a largo plazo de la infección por SARS-CoV-2 y la comunidad científica se apresura a encontrar respuestas.

La reciente expansión de la variante Ómicron del SARS-CoV-2 hizo crecer la preocupación por el Long Covid o Covid-19 prolongado, una de las consecuencias de la pandemia que genera más incógnitas por sus impredecibles efectos a largo plazo, independientemente de la vacunación.

Confusión, pérdidas de memoria, pérdida de gusto y olfato, dolor de cuerpo, insomnio y cansancio son algunos de los síntomas que persisten en quienes han tenido la enfermedad. Según algunas estimaciones, más de un tercio de los sobrevivientes de Covid-19 desarrollarán esos efectos prolongados en el tiempo.

Esto genera alarma en el mundo científico y los expertos ya se abocan a encontrar las causas de este problema para encontrar tratamientos antes de que se vuelva aún mayor.

Una de las hipótesis que manejan los especialistas es que el virus continúa en el cuerpo luego de la enfermedad, desencadenando los síntomas del Covid-19 prolongado.

Otra teoría propone que virus latentes en el cuerpo se activan con la presencia del SARS-CoV-2. El podio de las hipótesis con mayor peso entre los científicos es completado por la posibilidad de una respuesta autoinmune del organismo.

Según un informe de la Office for National Statistics (ONS) del Reino Unido, aproximadamente 1,3 millones de personas (el 2% de la población) de dicho país informó "Covid-19 prolongado" al 6 de diciembre del 2021. Las principales características detectadas entre estos pacientes fueron: edad entre 35 y 69 años; mujer; vivir en zonas desfavorecidas; trabajar en la sanidad, la asistencia social o la docencia; padecer una enfermedad preexistente.

Dos estudios publicados recientemente, uno estadounidense y otro israelí, mostraron en sus resultados preliminares que vacunarse antes de infectarse de Covid-19 ayudaría a impedir la enfermedad prolongada o, al menos, reducir su gravedad.

Lo cierto es que aún hay pocas respuestas certeras de parte de la ciencia para esta afección. Los especialistas temen que se convierta en mal duradero y que, como consecuencia de la ola de Ómicron, termine afectando a millones de personas en todo el mundo.

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