Un 27 de agosto de 1920 nació la radiodifusión argentina. Desde la terraza del Teatro Coliseo fue la primera vez que se realizó una transmisión radial completa y programada del mundo. Este jueves la radio cumple 106 años y, a pesar de que intentaron matarla en varias ocasiones, sigue resistiendo.
Transmitir la ópera Parsifal de Richard Wagner para centenares de personas parece una idea simple para los hombres y mujeres de hoy, pero llevarla a cabo en 1920 fue todo un desafío. Los encargados de poner en marcha la locura fueron cuatro radioaficionados: Enrique Telémaco Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica, "Los locos de la Azotea".
Es que había que estar un poco sonado para montar semejante hazaña desde la terraza del Teatro Coliseo en el cambalache del Siglo XX: “Señoras y Señores, la Sociedad Radio Argentina les presenta hoy el Festival de Richard Wagner, con la actuación del tenor Maestri, la soprano argentina Sara César y el barítono Rossi Morelli”.
Se calcula que solo unas 50 personas con receptores a galena pudieron escuchar aquel hito que quedaría para siempre en los libros de historia.
A lo largo de sus 106 años, a la radio le diagnosticaron varias enfermedades terminales: la televisión, la Frecuencia Modulada (FM), la radio digital, la radio con imágenes, los podcasts y el streaming. Tantas veces la mataron, y sin embargo ella siguió resistiendo.
Y continúa sonando fuerte, sobre todo, en aquellos lugares donde lo que ocurre en Buenos Aires importa poco y nada. Y donde las brechas comunicacionales no fueron saldadas. Tal es el caso de Radio Gualeguay LT 38 AM, que hace 53 años conecta a sus más de 60 mil habitantes, los que aún residen en suelo entrerriano y los que emigraron hacia tierras lejanas y siguen conectados con el paisaje sonoro de su ciudad natal.
La radio ante todo es servicio
Creada en septiembre de 1973, Radio Gualeguay sigue siendo al día de hoy, a pesar del avance tecnológico, el medio elegido para la comunicación entre los pueblos.
"Su esencia sigue siendo la misma, aunque se fue modernizando", relató Alejandro Bustos, legendario locutor de la AM a C5N. "El mensajero del éter fue mucho más que un segmento radial: se convirtió en el corazón de un servicio comunitario que unía a los pueblos aledaños a Gualeguay, ciudad cabecera de un departamento con gran población en sus alrededores. Los habitantes se acostumbraron a ese canal de comunicación donde dejaban recados y mensajes, en tiempos en que el teléfono todavía no había llegado y mucho menos la inmediatez del celular, el WhatsApp o las redes sociales", explicó.
Durante las décadas del 70, 80 y hasta los 90, la radio ofrecía tres franjas diarias —a las 6 de la mañana, a las 13 y a las 20 horas— bajo el nombre Mensajeros del éter. Allí los oyentes enviaban mensajes a familiares en la zona rural, donde hay al menos un receptor de radio por casa.
En aquellos años, la gente se acercaba a la oficina administrativa de la radio en el histórico edificio de Chacabuco 38 en el centro de la ciudad, desde donde también podían presenciar la programación en vivo y disfrutar de las orquestas que se presentaban en el auditorio. "Luego de sonar la canción identificatoria del Mensajero del éter, yo leía los mensajes. Tenía apenas 13 años y pasaba entre 70 y 100 mensajes por día", recordó Alejandro.
Los mensajes iban desde avisos de enfermedad o fallecimientos, saludos de cumpleaños y familiares esperando en parajes rurales hasta la noticia de la faena de un cordero para comer en fin de año. El servicio de las 13 horas era el más escuchado y se convirtió en un ritual cotidiano. Con el avance de la tecnología, esa práctica fue perdiendo vigencia, pero Radio Gualeguay se sigue escuchando a 150 kilómetros a la redonda y, gracias al streaming, desde cualquier rincón del planeta.
Otra de las secciones favoritas de la gente que fue reemplazada por la tecnología, recuerda Bustos, era la lectura de las cartas que enviaban los oyentes a la radio. "Cada programa tenía una cajita donde se guardaban las cartas de los oyentes y se leían a medida que avanzaba la programación. Hoy todo eso fue reemplazado por los mensajes que llegan al WhatsApp de la radio", explicó el locutor que, además de la voz característica de una ciudad, fue bendecido por Alejandro Romay cuando era un purrete de 14 años con un vozarrón característico de la gola de Jorge Formento.
¿Qué tienen en común LT 38 AM y Los Locos de la Azotea?
Nada más y nada menos que a uno de los pioneros de la radiodifusión. Enrique Telémaco Susini, médico, artista y radioaficionado nació en Gualeguay en 1891.
Los comienzos de la radio AM más elegida tuvieron una previa como la de los cuatro locos. "Todo arrancó con la llamada difusora popular: un espacio físico, como la casa de un vecino, desde donde se transmitía música y programas que llegaban a las esquinas de la ciudad mediante parlantes", contó Bustos. "El sistema era artesanal: se tendía un cableado de hasta diez cuadras y allí se reunía la gente, convirtiendo cada emisión en un punto de encuentro comunitario. Aquellos propietarios fueron los pioneros que más tarde darían forma a Radio Gualeguay", explicó.
Hoy, parte de ese equipamiento se conserva como testimonio en un museo: una consola, un grabador notero antiguo marca Geloso, reproductores ya fuera de servicio, piezas que recuerdan que lo viejo funciona. La radio de Gualeguay, más allá de las transformaciones tecnológicas, mantiene intacta su esencia: es comunicación, compañía y memoria viva.
Los oyentes de la AM son, en gran parte, personas mayores que crecieron con la radio y familias de zonas rurales que todavía encuentran en ella su principal fuente de información. Pero también se sumó un público renovado: jóvenes que emigraron y que "sintonizan" Radio Gualeguay para seguir conectados con el paisaje sonoro de su tierra y sentirse como en casa.
"Uno es como un familiar de la gente: te preguntan por tus hijos, te sacan por el tono de voz cómo estás. La radio es eso, es familia, nunca estás solo", asegura Alejandro. La emisora transmite en frecuencia AM, retransmitida en FM y, además, se expande a través de plataformas de streaming, lo que le permite llegar tanto a los 150 kilómetros a la redonda como a cualquier rincón del mundo.
- Alejandro, ¿la radio está muerta?
- No, la radio no se va a morir nunca.