El 14 de abril de 1912, a las 23.40, el imponente Titanic daba inicio a su hundimiento durante su viaje inaugural. A bordo viajaban casi tres mil pasajeros. Uno de ellos, argentino: Edgar Andrew, oriundo del Valle de Calamuchita de Córdoba.
El 14 de abril de 1912, a las 23.40, el imponente Titanic daba inicio a su hundimiento durante su viaje inaugural. A bordo viajaban casi tres mil pasajeros. Uno de ellos, argentino: Edgar Andrew, oriundo del Valle de Calamuchita de Córdoba.
110 años después del naufragio más famoso del siglo XX, Marianne Dick, sobrina nieta de Edgar, recordó a su pariente en diálogo con C5N.
"A los 16 años lo mandaron a estudiar a Inglaterra, pero a él le gustaban las actividades del campo", contó Marianne.
Su familia temía que se dispersara y no se enfocara en sus estudios, por lo que su hermano mayor, decidido a seguirlo de cerca, lo invitó a su casamiento en Estados Unidos. Ese convite fue el comienzo de la tragedia para Edgar, en ese entonces un joven de 17 años.
El adolescente tenía pasaje en el barco Oceanic, que zarparía el 17 de abril. Pero una huelga de carboneros obligó a la empresa White Star Line a cancelar las salidas del resto de las embarcaciones para poder proveer de combustible al Titanic.
Ante esa dilación, Andrew cambió su pasaje y se embarcó en el transatlántico más lujoso jamás construido hasta el momento, lo que sellaría su destino.
Molesto por tener que viajar, escribió a su prometida, Josey Cowan: "No me encuentro nada orgulloso, pues en estos momentos desearía que el Titanic estuviera sumergido en el fondo del océano". El mensaje terminó siendo una oscura premonición.
La leyenda y el paso de los años dieron a la muerte de Edgar ribetes heroicos que su familia toma con cautela ya que no están sólidamente documentados. Una versión indica que cedió su lugar en el bote salvavidas y otra historia asegura que le dio su salvavidas a una mujer norteamericana. Pero sus familiares no pudieron comprobarlo fehacientemente.
Luego, tras casi un siglo de silencio, Edgar volvió a hablar y dar testimonio de su vida. En 2000, una expedición a los restos del naufragio encontró una valija en perfecto estado de conservación, que contenía cartas, postales y ropa. Resultó ser del joven cordobés.