La escuela que funciona como semillero de la danza y forma alumnos del Barrio 31

La Fundación Julio Bocca nació hace más de 20 años con el objetivo de promover la disciplina a nivel nacional e internacional. Cuenta con más de 350 estudiantes de Argentina y América Latina y uno de sus programas destacados incluye la articulación con barrios vulnerables.

Cada 29 de abril se celebra el Día Internacional de la Danza en conmemoración al nacimiento de Jean-Georges Noverre, maestro francés considerado el creador del ballet moderno. Además, esta fecha se utiliza para celebrar a la danza como espectáculo, pero principalmente como forma de expresión.

En Argentina funciona uno de los máximos "semilleros" para formar bailarines y bailarinas de altísimo nivel. La Fundación Julio Bocca, cuyo director actual es Carlos Repetto, nació en el año 1998 con el solo objetivo de llevar la danza más allá y así democratizar el acceso académico de excelencia de la danza para todos.

Para ellos, la idea es la de "incentivar, capacitar y promover la formación integral de alumnos de todo el país en función de sus cualidades artísticas intrínsecas y no de su capacidad económica, buscando que alcancen la excelencia".

En ese sentido, la escuela se convirtió en una especie de ente formador, no solo a partir de los distintos programas que ofrecen, sino también de las becas que otorgan con el objetivo de cumplir con su misión social.

Enfocada en la danza y el teatro musical, la fundación otorga becas al 100% a jóvenes de 18 a 30 años de Argentina y América Latina, permitiéndoles participar en un plan de trabajo intensivo que abarca hasta seis clases diarias. En cuanto a lo que tiene que ver con la educación, los programas también incluyen a niños y adolescentes que pueden aspirar a ser bailarines profesionales luego de cursar las distintas carreras que ofrece la institución.

Y en ese sentido de democratizar la danza, uno de los proyectos más enriquecedores tiene que ver con el programa Homologados, que consta de clases virtuales para llegar a más rincones del país y del mundo. Es decir: desde los lugares más remotos del interior del país pueden tener la oportunidad de convertirse en bailarines profesionales y obtener educación de excelencia sin necesidad de residir en Buenos Aires. Cabe destacar que este programa también está vigente para los maestros, quienes también podrán capacitarse con maestros de primer nivel.

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La danza es arte y expresión corporal

La danza es arte y expresión corporal

Según contó Rocío Iglesias, maestra de la fundación y coordinadora del Departamento de Alumnos a C5N, ya son casi 51 los estudios a nivel nacional que trabajan con este programa y 9 en el exterior: México, Ecuador, Brasil, Italia y Paraguay.

Con un staff de 40 maestros, la fundación también hace un fuerte trabajo de contención a los más chicos para que se conformen al 100% como profesionales. ¿Qué es lo mejor de estar del otro lado? "Verlos crecer. Porque realmente hay muchos chicos que entran acá sabiendo poco y nada y al año o menos hacen un vuelco y eso es increíble. Nos encanta ver la evolución de los chicos a través de los años porque ya cuando se van de acá ya son artistas", subrayan.

Promover el acceso a la danza: cómo es trabajar en barrios vulnerables

Uno de los programas sociales más destacados dentro de la fundación tiene que ver con la articulación con el Barrio 31, que consiste en brindar las instalaciones para que las escuelas de la zona puedan entrenar en un espacio adecuado y de primer nivel.

Además, según contó Iglesias, los chicos también pasan a formar parte del programa Homologados para que tengan la posibilidad de audicionar y, por qué no, soñar con ser alumnos de la escuela y así formarse a nivel profesional.

"La iniciativa nació gracias a que una profesora del barrio se acercó a nuestra escuela y nos incentivó a crear un lazo para llevar la danza a los chicos y chicas de la zona. Es un programa que hacemos virtual con unas clases de monitoreo que dan los maestros nuestros y a fin de año cerramos con un encuentro de danza para que todos los chicos de distintos puntos del país puedan venir acá y bailar en Buenos Aires y tomar clases también en un teatro", comentó.

Vivir para bailar: las historias de Thiago, Paz y Rosario

Thiago, tiene 15 años y llegó de Trenque Lauquen para incorporarse a la escuela a partir de una de las tantas actividades que se realizan en la fundación.

"Yo empecé a bailar desde muy chico, en realidad, yo bailaba encerrado en mi habitación. Mi mamá, que también bailaba desde muy chiquita, de tanto verme me anotó en una escuela local en donde hice más que nada ritmos latinos, como el reggaetón, la salsa, el merengue y country. Recién en 2018 y 2019 sumé folklore", contó sobre sus inicios.

Sobre su llegada a la fundación, el joven indicó que su papá lo trajo a Buenos Aires para participar de un seminario: "Me vieron, la maestra de clásico habló con el director de la escuela y me invitaron a hacer el año virtual por Zoom. Después de todo ese año, donde tomé clases e hice preparación física, me vine para acá".

Thiago- danza

"Para mí bailar es esconderme de las cosas malas", Thiago.

Con Julio Bocca como referente, Thiago definió qué es la danza para él: "Yo creo que es un lugar en donde puedo, como esconderme, por así decir, de todas esas cosas malas. Por ejemplo, de todo eso que me pasa en la vida... al bailar puedo quedar en blanco y disfrutar de lo que estoy haciendo, a pesar de estar pensando en la coreografía y en las correcciones. Creo que uno cuando se mueve también dice cosas y disfruta. Yo siempre intento disfrutar".

Rosario es de Pergamino y siempre amó bailar. "Terminé el secundario y me vine a Buenos Aires a estudiar, pero el último año del secundario estábamos justo en pandemia y la fundación todavía tenía el programa virtual. Fue toda una movida, pero estaba decidida a venir", contó sobre su llegada a la fundación.

Después de haber sido alumna durante varios años, en medio de su búsqueda laboral llegó la oportunidad que le cambiaría la vida: "Me ofrecieron trabajar en bedelía y justo también me salió la oportunidad de dar clases".

"La danza es todo para mí. La fundación es mi segunda casa desde el momento en el que me mudé a Buenos Aires, es tranquilidad pese a estar trabajando. De hecho sé que importante el lugar que ocupamos, sobre todo entendiendo que muchas veces cuando los chicos vienen a cumplir sus sueños están solos. Somos como una familia", comentó.

También está ligada a la danza desde que es muy pequeña: "Yo me empecé a vincular con la danza desde muy pequeña, con 6 años. Hoy tengo 23, así que hace como 20 más o menos años que estoy bailando, especialmente danza clásica".

DANZA - paz

"Quiero ser una bailarina profesional", contó Paz en diálogo con C5N.

Si bien se formó en otras ramas, como la danza contemporánea, tango y jazz, la oriunda de Rosario agarró sus valijas y decidió formarse de lleno en el estilo clásico. "Le tengo una pasión y un amor que no te puedo explicar, a mí me gustaba mucho el tutu y, bueno, como era una niña, una siempre fantaseaba con el baile y todo lo que viene con eso", contó.

Con sus profesores como referentes, Paz le dedica casi todos los días de su vida a la danza y tiene altas aspiraciones dentro del ambiente: "Yo quiero ser como una bailarina profesional y llegar a quedar en alguna audición a futuro, pero también me encantaría ser docente. Me gustaría poder enseñar y pasar lo que yo viví a mis alumnas o alumnos".

Sobre la danza, la joven dejó un mensaje para todos los que sueñan tener un lugar en el mundo artístico: "Siempre fue como una idealización al llegar como a la bailarina estereotipo, pero hoy yo creo que la danza se puede como de otras maneras entrar, no solo con la danza clásica, sino con otros tipos de danzas, más allá del contemporáneo y el jazz".

Vivir de la danza no es fácil, pero es posible. En un ballet estable, como animadores, en comedias musicales... las salidas laborales son amplias. Hoy por hoy, mientras los artistas están en formación, desde la escuela promueven la comunidad.

"Son muchas horas en un mismo lugar y se genera toda esta dinámica que está buena", contó Rocío Iglesias. "La verdad es que la mayoría de los chicos se quedan muchas horas para ensayar y después comparten otros momentos, lo identifican como un espacio de pertenencia rápidamente", cerró.