Fue conocido como "el asesino de taxistas" y aterrorizó Mataderos: la increíble historia del asesino en serie argentino

Hoy, a la distancia, sigue generando interés no solo por la crudeza de los hechos, sino también por lo que revela sobre una época y sobre los límites de una ciudad.

  • Ricardo Luis Melogno fue uno de los casos más recordados de la crónica policial de los años 80 por sus ataques a taxistas.
  • Su método consistía en subir como pasajero y atacar a los choferes para robarles la recaudación. Se le atribuyen al menos tres asesinatos y varios ataques violentos en zonas poco transitadas.
  • Los hechos generaron miedo en el gremio, protestas y una fuerte repercusión mediática.
  • Fue identificado, detenido y condenado a prisión perpetua, y su caso impulsó mejoras en la seguridad del transporte.

En el conurbano bonaerense, una serie de crímenes sacudió durante años a uno de los barrios más tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires y dejó una marca imborrable en la memoria colectiva. Mataderos, conocido por su identidad barrial y su vida cotidiana tranquila, se convirtió de pronto en escenario de una historia oscura que nadie lograba terminar de explicar. En ese contexto, comenzó a circular un apodo inquietante que resumía el miedo de toda una época: “el asesino de taxistas”.

Los ataques seguían un patrón que desconcertó tanto a los vecinos como a los investigadores, y durante mucho tiempo la sensación de impunidad se mezcló con la incertidumbre y la paranoia. Cada nuevo hecho reforzaba la idea de que había alguien actuando con una lógica propia, casi invisible, que parecía moverse con total libertad por la ciudad. La prensa de entonces empezó a reconstruir un rompecabezas que crecía con cada pieza, mientras el caso se transformaba en uno de los más comentados y temidos.

Cuál es la historia de Ricardo Luis Melogno, el asesino serial que apuntaba a los taxistas

Asesino de taxistas 3

El nombre de Ricardo Luis Melogno quedó grabado en la historia policial argentina de los años 80 como sinónimo de una seguidilla de hechos violentos que sembraron miedo entre quienes trabajaban al volante. Sus ataques, repetidos y con un mismo sello, generaron un clima de alarma que trascendió rápidamente el ámbito del delito común.

Su modo de operar era tan sencillo como despiadado: subía a los taxis como cualquier pasajero y, ya en marcha, sorprendía a los conductores para robarles la recaudación. Esa mecánica convirtió cada viaje, especialmente de noche, en una situación cargada de riesgo e incertidumbre.

Se le adjudican al menos tres asesinatos y varios ataques más que, aunque no siempre terminaron en muerte, dejaron víctimas con heridas graves. El esquema se repetía: solicitaba traslados hacia zonas poco concurridas y allí atacaba con armas o con extrema violencia.

La seguidilla de episodios en poco tiempo desató una fuerte reacción del sector y de la opinión pública. Hubo protestas, reclamos de mayor protección y una cobertura mediática constante que reflejaba el temor con el que muchos choferes salían a trabajar.

La causa avanzó a partir de los relatos de quienes lograron sobrevivir, del aporte de testigos y del trabajo policial. Finalmente, Melogno fue identificado, detenido y condenado a prisión perpetua. El caso no solo impactó por su crudeza, sino también porque abrió el debate sobre la seguridad en el transporte y aceleró la implementación de medidas de protección para los trabajadores.