Desde botellas de la extinta gaseosa Tab, pasando por galletitas Melba, obleas Tuby y un alfajor de Ricky Martin, hasta turrones y barras de chocolate conservadas desde hace más de 30 años; la colección de Claudio Mañas es una verdadera mina de oro en el mundo del coleccionismo: 17 mil envoltorios y 1.500 golosinas guardadas en la heladera. Una pasión por las figuras, los colores y los personajes que lo convirtieron, también, en dibujante. Estudió diseño gráfico y diseño industrial y hoy trabaja en el armado de cartelería para cadenas de kioscos y marcas de golosinas.
El señor de las golosinas y su increíble colección de 17 mil envoltorios
Claudio Ariel "Chicle" Mañas es coleccionista desde los 10 años, dibujante, diseñador gráfico y trabaja en la confección de cartelería para varias marcas del mundo de los dulces. Un increíble viaje a los kioscos de los años '80.
Claudio desde chico es Chicle, bautizado así por su devoción hacia las golosinas. Oriundo de Lanús, tiene 46 años y trabaja en su estudio ubicado en el corazón del barrio porteño de Once, donde tiene casi toda su colección. "La nostalgia vive conmigo constantemente, pero no me la paso llorando", reflexionó en una charla con C5N.com
Empezó a coleccionar motivado por los colores y los personajes de la televisión que salían en los paquetes de golosinas. La primera golosina fue un regalo de su abuelo: la oblea New Choc. "Colecciono cosas que comí y que viví", explicó mientras desempolvaba un coqueto saco hecho íntegramente por envoltorios de golosinas.
Su infancia en la zona sur del Conurbano la vivió en una casa muy chica y fue ese el motivo por el que decidió coleccionar envoltorios y no otra cosa. "No podía tener juguetes o cosas grandes. Imaginate que en un cajón que entraban 20, 30 envoltorios apilados. Lo vi lindo, como si fuera una figurita, empecé a guardar y guardar, y cuando me quise dar cuenta tenía un montón", relató.
Para Claudio, la esencia del coleccionista es “incurable”, define a sus colegas como “bichos raros” y deja en claro que él se diferencia con el resto en que también saber dedicar su tiempo a su familia y a otras cosas que le interesan en su vida.
Pero la pasión llama y por eso visita los kioscos a diario, analizando y comparando sabores de antes y ahora. Además, se lamenta al ver desterrados a los personajes animados de los envoltorios, producto de la Ley de Alimentación Saludable. "Por eso me gustan más las golosinas de antes, ahora perdió la magia", afirmó mientras mostraba el envoltorio de la edición especial del alfajor Dieguito Maradona.
Lejos de querer perpetuar su colección, Claudio proyectó un porvenir despojado de golosinas y azúcar: "En un futuro no le quiero dedicar más tiempo. Me veo sin nada de esto, con un libro debajo del brazo y toda mi pasión dentro mío, nada más".
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